9
El rugido del rotor llenaba la cabina, mezclándose con el zumbido del viento que se colaba por las rendijas.
En cuanto el helicóptero se estabilizó, Ethan examinó de nuevo a Emma, tumbada sobre una camilla, asegurándose de que no tuviese ninguna herida que pusiese en riesgo su vida y la cubrió con una manta.
Jack permanecía firme, con Emma aún inconsciente ante él y su respiración irregular.
Miró de nuevo por la ventanilla. No se podía permitir relajarse, cada fibra de su cuerpo seguía alerta, escaneando el horizonte, buscando cualquier indicio de que los milicianos pudieran haberlos seguido.
A su alrededor, el equipo estaba concentrado, ajustando armas y comunicándose en voz baja. Nadie hablaba más de lo necesario, pero el peso de la tensión era casi tangible. Siempre era así.
Tragó saliva y volvió a mirar a Emma. Era lo único que le importaba. No podía permitir que nada ni nadie la pusieran en peligro otra vez.
Poco a poco, Emma empezó a mover los dedos de la mano, un gesto leve, casi imperceptible, pero Jack lo notó de inmediato y bajó la cabeza para observarla sin hacer ruido.
Emma parpadeó con lentitud y finalmente abrió los ojos.
Jack fue consciente de ello y se incorporó de inmediato.
—Ethan —llamó a su compañero, el médico, mientras Emma parecía recobrar el conocimiento.
Ethan se acercó con calma, situando su rostro ante ella, aunque aún llevaban el casco y la braga para cubrir su rostro. Ethan se bajó la braga y miró a Emma que le devolvía una mirada asustada y confundida.
—Tranquila —intentó calmarla al ver que ella miraba nerviosa de un lado a otro. Extrajo una pequeña linterna y apuntó a los ojos para ver si sus pupilas reaccionaban—. Emma Carter, ¿me escucha?
—Sí —murmuró ella con dificultad.
Ethan colocó sus dedos sobre la muñeca y luego sobre el cuello, midiendo el pulso, luego controló la respiración.
—Pulso regular… bien. Ahora abre los ojos lentamente —dijo al ver que ella volvía a cerrarlos. Los abrió lentamente y su mirada siguió la luz—. ¿Ves la luz que te señalo?
—Sí —susurró entornando los ojos.
—Perfecto. ¿Dolor en alguna parte? Dime cualquier cosa, incluso mínima.
Ella tardó unos segundos en responder.
—El estómago… y los brazos… un poco —contestó con voz temblorosa.
—Entendido. Mantén la calma —continuó con voz suave ante la supervisión continua de Jack—. ¿Escuchas bien mis instrucciones?
—Sí —afirmó ella con un hilo de voz.
Jack se inclinó un poco hacia ella y habló con voz grave y firme, pues ella parecía asustada, como si no supiese dónde se encontraba.
—Somos soldados estadounidenses —le explicó—.
Estás a salvo. Ya no pueden hacerte daño.
—Ella parpadeó varias veces y, de repente, una lágrima resbaló por su mejilla al comprender la situación.
La presión de todo lo que había vivido se desbordó en un sollozo ahogado—.
Shhh… tranquila, estás a salvo —continuó Jack apretando suavemente su mano que descansaba sobre la camilla.
Ethan anotaba datos mientras hablaba, revisaba los ojos, el oído y la respiración.
—Emma, sigue mi dedo con la mirada… muy bien. Ahora aprieta mi mano —dijo Ethan dándole la otra mano—, solo un poco.
—Sí —dijo ella intentando obedecer mientras otro sollozo se le escapaba.
—Bien —confirmó Ethan a Jack, informándole de la situación de la muchacha—.
Pulso firme, respiración estable, conciencia parcial —confirmó Ethan sentándose de nuevo en su asiento sin perder de vista a Emma—.
Todo dentro de los parámetros normales para alguien que ha pasado por lo que tú has pasado —le confirmó a ella de forma tranquilizadora—. Eres una mujer fuerte.
Emma giró su cuello y miró a Jack que no soltaba su mano.
—Gracias —susurró con voz temblorosa. Jack negó con la cabeza—. Mi… mi compañero… Tom… —lloró esta vez más fuerte, quebrando la respiración de todos los soldados al comprender lo que ocurría. Su compañero había sido ejecutado por aquella milicia siria.
Jack asintió sin soltar su mano.
—El gobierno ha recuperado su cuerpo —intentó infundirle al menos un poco de alivio.
Emma lloró con fuerza mientras se cubría los ojos con la mano y dejaba que todos los nervios saliesen a flote.
Ethan se acercó de nuevo al ver que comenzaba a sufrir un ataque de ansiedad.
—Toma —dijo colocando una pequeña pastilla sobre su boca—. Debes ponerla bajo la lengua y dejar que se disuelva. Eso te calmará.
Ella la tomó entre sus dedos e hizo lo que le pedían mientras Ethan le daba unas caricias en el hombro.
El helicóptero giró ligeramente, ajustando su rumbo hacia la base de Al-Tanf.
Avanzaban hacia la zona segura. Cada segundo que pasaba los alejaba del infierno que dejaban atrás.
Jack sabía que lo más difícil aún no había comenzado.
Emma estaba viva, pero quebrada totalmente y, aunque sabía que se recuperaría del trauma que suponía un secuestro, lo cierto era que había sido una situación muy difícil, una situación límite.
Jack miró a sus compañeros mientras escuchaba a Emma llorar.
Todos parecían comprender lo que debía sentir en aquel momento.
Aquellos bárbaros habían matado a su compañero, Tom, seguramente delante de ella, y la habían torturado durante los últimos días.
La rabia le subió desde el estómago como un fuego sordo, mezclada con una culpa que no le pertenecía, pero que cargaba igual.
Pensó en todo lo que no pudo evitar, en cada segundo que Emma había pasado allí mientras él seguía respirando.
Y, aun así, se obligó a mantenerse entero.
Apretó la mandíbula, recorriendo con la mirada a los hombres que lo rodeaban.
El chasquido del auricular rompió el momento.
—Águila Uno a equipo en cabina —sonó la voz del piloto—. Tránsito limpio. Tiempo estimado a base: veintisiete minutos. Mantengan a la carga asegurada. Turbulencia leve en diez minutos.
Jack asintió por reflejo, aunque sabía que no podían verlo.
—Recibido, Águila Uno —respondió—. Carga estabilizada. Mantendremos protocolo médico en curso.
Cortó la transmisión y, sin apartarse de Emma, llevó dos dedos al botón del comunicador táctico. Su voz salió baja, controlada, la de un hombre que vuelve a ser soldado porque no puede permitirse ser otra cosa.
—Mando, aquí Líder Alfa.
—Adelante, Alfa —contestó su coronel desde el puesto de mando.
—Paquete asegurado y en custodia —informó Jack—. Objetivo vivo. Consciente intermitentemente. Sin daños críticos aparentes, presenta signos compatibles con cautiverio prolongado. Equipo íntegro. En ruta a base. Solicito preparación de recepción médica y confinamiento seguro.
Hubo una breve pausa al otro lado.
—Copiado, Alfa —respondió el coronel—. Buen trabajo. Equipo médico en alerta. Mantengan vigilancia y reporten cualquier cambio. Bienvenidos a casa.
—Recibido —dijo Jack—. Gracias. Alfa fuera.
Bajó la mano lentamente y volvió a centrar toda su atención en Emma, tomando de nuevo su mano. Sus sollozos se habían convertido en un llanto silencioso, agotado, como si por fin su cuerpo se permitiera caer. Jack se inclinó un poco más hacia ella y apoyó su mano en el borde de la camilla.
Podía escuchar cómo ella lloraba con los ojos cerrados y pronunciaba sin cesar el nombre de su compañero.
Tragó saliva y se bajó la braga que protegía su rostro de los ojos hasta el cuello.
—Emma, Emma… —pronunció suavemente apretando más su mano.
Emma abrió los ojos. Parecía que le costaba enfocar y parpadeaba continuamente, como si la luz del interior del helicóptero fuese demasiado intensa para una mente aún atrapada en la oscuridad de los últimos días.
Su mirada vagó sin rumbo hasta que, poco a poco, se detuvo en él.
Durante unos segundos se quedó mirando a Jack con el ceño levemente fruncido, sin entender nada.
—Emma… —dijo él en voz baja, pronunciando su nombre como si temiera que se fuese a romper—.
Tranquila. —Alzó la mano con cuidado y acarició su cabello oscuro y desparramado sobre la almohada, despacio, con una suavidad que contrastaba con la brutalidad de todo lo que la había rodeado aquellos últimos días.
Fue un gesto pequeño, casi íntimo, pensado solo para ella, para anclarla a ese momento.
Emma lo miró sin comprender, respirando de forma irregular.
Luego giró la cabeza, observando el interior del helicóptero, los hombres armados, el ruido constante del motor y la luz roja intermitente.
Todo parecía demasiado irreal. Sus dedos se tensaron sobre la manta que la cubría, como si necesitara algo sólido a lo que aferrarse.
Finalmente volvió la mirada hacia él. Sus ojos, aún empañados en lágrimas, se clavaron en los de él con una mezcla de duda y necesidad.
—¿Jack? —susurró casi sin voz, como si decirlo en alto pudiera hacerlo desaparecer.
Él asintió sin apartar los ojos de ella.
—Sí. Soy yo.
Emma cerró los ojos un instante y una lágrima se deslizó por su sien hasta perderse entre el cabello. Su respiración se quebró y al volver a abrirlos lo miró con una fragilidad que le atravesó el pecho.
—¿Qué… qué está ocurriendo?
Emma aún permanecía desubicada.
—Hemos ido a buscarte, te mantenían secuestrada.
Ella tragó saliva, sin apartar los ojos de él.
—Pero… ¿tú? ¿Qué… qué haces aquí?
Jack observó de reojo cómo varios de sus compañeros seguían atentos aquella conversación, intrigados, aunque disimulando.
—He venido a rescatarte… hemos —rectificó rápidamente.
Ethan y Daniel se miraron fijamente sin comprender y señalaron hacia Mark con la cabeza para que escuchase la conversación.
Ella soltó su mano y la llevó temblorosa hasta su mejilla, acariciándola.