8 #2
Su cuerpo se aflojó de nuevo, cayendo hacia un lado, inconsciente.
Jack la sostuvo, asegurándose de que no cayera, mientras los disparos comenzaron a reverberar a lo lejos. El crujir de la madera, los ecos metálicos de balas impactando en paredes cercanas. La operación, que hasta entonces había sido sigilosa, empezaba a desmoronarse.
—Se complica —informó Daniel a través del canal silencioso con la respiración contenida pero urgente—. Fuego cruzado en la primera planta. No sabemos cuántos, pero se nos complica todo.
Alex, junto al equipo, tomó la radio y pulsó el botón con rapidez mientras se agachaba para que las balas no le interceptasen, rebotando por encima de la pared que le servía de escudo.
—Carga comprometida. Extracción inmediata al mando —exigió Daniel mientras se agachaba más, encogiéndose ante el fuego cruzado.
Alex se agachó a su lado sin dejar de disparar en la primera planta.
—Son demasiados —le dijo a su compañero, el cual ya extraía su fusil y tomaba posición para realizar la cobertura que daba a las escaleras por donde debían bajar el paquete.
—Ya está dada la orden —dijo antes de apretar el gatillo. Por varios pasillos no dejaban de llegar milicianos dispuestos a evitar que su misión se cumpliese.
Se agachó de nuevo cuando todos escucharon por radio las órdenes del centro de mando, sin margen de dudas.
—Recibido, equipo. Confirmada carga comprometida.
Helicóptero de extracción en camino. Mantened posiciones defensivas.
Prioridad: proteger al objetivo. Jack, asegure la retirada con Emma.
Cobertura máxima. Todos los demás, fuego selectivo y coordinación por sectores.
Confirmad cuando estéis en ruta hacia el punto de extracción.
El tono no dejaba lugar a discusiones. Cada palabra pesaba como plomo sobre el oído de los hombres, pero a la vez les daba una meta: sobrevivir, cubrir al compañero y completar la misión.
—Entendido —contestó Jack apretando los dientes mientras Ethan se ponía en pie y se dirigía junto a su compañero para cubrir las escaleras y facilitar la extracción—. Movemos al objetivo, orden de fuego en todo momento, nadie queda atrás.
—Afirmativo —replicó Mark desde la puerta mientras ajustaba la posición de su fusil y cubría el ángulo más expuesto—. Extracción asegurada, nos movemos en cuanto puedan acercar el helicóptero.
—Copiado —dijo Alex mientras mantenía la radio en la oreja y las manos firmes sobre el fusil—. Todo en marcha.
La certeza de que el mando ya estaba coordinando su llegada les dio un respiro tenso, aunque fuera mínimo. Sabían que cada segundo contaba y que el mundo entero se reducía al metal frío de sus armas, a las sombras que avanzaban y a la figura frágil que permanecía tumbada e inconsciente en el suelo.
Jack se inclinó ligeramente sobre Emma, observando cada línea de su rostro, cada sombra marcada por el dolor y el cansancio.
El alivio de verla viva se mezclaba con la rabia contenida y la certeza de que nadie, en aquel instante, podría haber asumido lo que él estaba haciendo.
Nadie la cuidaría con la misma intensidad ni arriesgaría tanto por ella como él. Nadie la salvaría como él lo haría.
Pero mientras la sostenía, su mente lo traicionó con un recuerdo de doce años antes que lo golpeó con la fuerza de la nostalgia.
—Jack… por favor… —susurraba ella en el porche de su casa, sollozando, mientras lo tomaba del brazo—. No me dejes. Intentémoslo. Podemos hacerlo.
Él respiró hondo, con la mirada fija en algún punto imaginario del jardín delantero, tratando de contener el dolor que le arrancaba su propia voz.
—No… no podemos, Emma —dijo con voz firme, pero rota por dentro—. Yo… mis misiones, lo que hago… no puedo darte una vida conmigo. No puedo dejar que esperes algo que quizá nunca volveré a poder darte.
—¡Pero…! —Ella sollozó más fuerte, desesperada—. ¿Por qué? Te quiero, Jack… solo intenta…
Él negó con la cabeza suavemente, con una mezcla de dolor y amor contenido.
—No —dijo tajante—. No podemos, Emma.
—¿Por qué…? —sollozó ella, aferrándose a su chaqueta—. Solo… intentémoslo.
—¡Porque esto no es vida! —gritó al final—. Yo no soy alguien con quien se construya nada y no voy a arrastrarte conmigo.
—No me importa —susurró ella entre lágrimas—. Puedo esperar.
Jack apretó la mandíbula. Su voz salió seca, cortante, como un disparo contenido.
—No voy a volver. Acostúmbrate a esa idea.
No dijo nada más. No la abrazó. No dio ninguna explicación más.
Ella cerró los ojos y las lágrimas resbalaron por su rostro. Él, en silencio, acarició su mejilla con una mano imaginaria, sabiendo que aquel adiós era la decisión más dolorosa que jamás tomaría.
Durante todos esos años jamás había dejado de pensar en ella, en su sonrisa, en la forma en que sus ojos se iluminaban. En cada misión, en cada decisión, Emma había estado allí, aunque él nunca pudiera mostrárselo.
Y ahora, doce años después, el destino los había vuelto a unir.
Pero no como él había soñado en sus noches más secretas.
No en aquel instituto ni en las calles de Nueva York, sino aquí, en el caos, entre el fuego y el miedo, donde el amor y la supervivencia se entrelazaban de una manera que ninguno de los dos había previsto.
Sus pensamientos se interrumpieron por la voz fría y clara del mando en la radio.
—Equipo, atención. Tienen cinco minutos para coordinar con el helicóptero.
Confirmad posiciones, cubrimientos y punto de extracción.
Prioridad máxima: objetivo seguro. Jack, asegura la retaguardia mientras Emma se mantiene estable.
Todos los demás, fuego de cobertura y preparación para movimiento inmediato. Repetición: cinco minutos.
Jack apretó los dientes, asintiendo a través del auricular. El pasado podía esperar. Ahora, la misión reclamaba su mente y su corazón a partes iguales.
Dejó escapar un suspiro contenido y ajustó la braga táctica que cubría parcialmente el rostro de Emma.
Con un movimiento firme, la levantó del suelo y la apoyó sobre su hombro derecho, sujetándola con fuerza, pero con cuidado para que no se lastimara más.
Su peso no era ligero, pero la adrenalina lo mantenía sólido y concentrado.
—Mark, Daniel —dijo manteniendo la voz baja, pero autoritaria—. Formación diamante. Mark delante, Daniel cubre retaguardia conmigo. Ethan, ajusta la cobertura en las escaleras, mantente listo para apoyo.
Ethan asintió, observando cada paso, mientras Alex mantenía la radio abierta y revisaba los canales de coordinación con el helicóptero.
—Águila Uno, aquí Bravo —dijo Jack sin perder el ritmo—. Carga asegurada. Solicitamos extracción inmediata. Punto secundario comprometido. Estado de LZ.
La voz del piloto respondió clara y firme:
—Bravo, recibido. Patrón bajo. Fuego ligero desde el sur. LZ secundaria no viable. Propuesta: patio trasero, ochenta metros al oeste. Tiempo estimado de llegada: tres minutos.
—Confirmado —replicó Jack—. Necesitamos fuego de supresión en aproximación. Entrada caliente.
Un estruendo resonó desde la primera planta y el polvo cayó del techo. Jack avanzó un par de pasos más, ajustando la posición de Emma sobre su hombro.
—Humo rojo, solo cuando diga —ordenó Jack mientras miraba a su compañero—. Movimiento en dos. Nadie se separa. Si alguien cae, lo arrastramos. No paramos.
Ethan sujetó la puerta, cubriendo el flanco mientras Jack avanzaba con Emma. Cada paso era medido, firme, mientras el equipo de la planta baja seguía disparando sin cesar.
—Águila Uno —informó Jack a través de la radio—. Bravo en movimiento hacia LZ primaria. Cuenta atrás iniciada.
—Os esperamos —contestó el piloto—. Tres minutos.
Jack respiró hondo. Cada disparo, cada sombra, cada segundo lo acercaban más a la meta. Sobre su hombro, Emma estaba inconsciente, frágil, pero viva. Y él sabía que haría lo que fuera necesario para sacarla de allí… costara lo que costara.
Con la noche como aliada y los disparos retumbando por todo el edificio, Jack avanzó, llevando a la mujer más importante de su vida hacia la única salida que importaba: la libertad.
El rugido lejano del helicóptero se escuchaba antes incluso de verlo. El piloto confirmó por radio con voz firme.
—Bravo, patrón visual. Edificio localizado. Preparados para extracción. Fuego de supresión listo. Tiempo estimado de llegada: treinta segundos.
Jack ajustó la braga de Emma sobre su rostro y la apretó contra su hombro, respirando hondo, sintiendo cada músculo tenso.
—Movimiento en marcha —dijo—. Ethan, Daniel, cobertura trasera. Mark, adelante. Vamos.
No hubo pausa. Los disparos rebotaban por los pasillos, las balas silbaban rozando paredes, pero el equipo se movía como una unidad perfecta, sincronizada, ensayada en mil escenarios.
Jack no dejaba de correr. Emma sobre su hombro era un peso que lo hacía más consciente de cada paso y de cada escalón. Bajaron la escalera a toda velocidad, con Mark cubriendo la vanguardia y Daniel disparando a cada sombra que se movía.
—Puerta derecha —susurró Jack mientras giraban, ajustando la trayectoria para llegar al patio trasero—. Cuidado con los ángulos.
El corazón le latía como un tambor. Cada paso lo acercaba al punto de extracción, cada disparo lo empujaba a acelerar. Alex y Ethan mantenían fuego de supresión desde atrás, conteniendo a los milicianos mientras la tensión se podía cortar en el aire.
Giraron en el siguiente pasillo. Jack adelantó un instante la mirada y vio que Mark abría la puerta, controlando los flancos. Sin vacilar, Jack avanzó con Emma sobre el hombro, saltando los restos de escombros y esquivando los últimos disparos que se colaban desde las ventanas rotas.