A ti y a mí nos unió el volcán Capítulo 26
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Capítulo 26

El Paso, isla de La Palma

Famara 🎤

Cuando hace tres meses, mientras recogía el bar, tomamos la decisión de venir a La Palma a retransmitir la erupción del Cumbre Vieja, jamás imaginé todo lo que iba a vivir.

El dolor lacerante en el corazón y las alegrías más sencillas.

Aquella valentía me ha permitido madurar y valorarlo todo de forma diferente.

Yo, que me creía ya una mujer con un gran bagaje a la espalda.

Nunca pensé que sería la persona elegida para realizar esta conexión tan importante por su simbolismo; y, sin embargo, aquí estoy, después de dar un montón de datos que resumen la situación.

—Pasamos la conexión en directo al Cabildo de La Palma, donde el director del PEVOLCA tiene importantes noticias que contarnos.

De nuevo se ha decretado la obligación de llevar mascarillas por la COVID, aunque ese pedacito de tela negra no impide que todos los telespectadores vean la emoción en sus ojos:

—La erupción ha terminado —sentencia con voz temblorosa.

Continúa la conexión, pero nos es imposible seguirla.

No puedo evitar ponerme a llorar, aunque ya todos lo supiéramos.

Estoy en la calle y se escuchan los aplausos y silbidos en las casas.

Algunos vecinos salen con cacharros a las ventanas.

Catha suelta la cámara y nos abrazamos dando saltos.

Por fin. Por fin ese diablo maldito nos ha dejado en paz.

Me recompongo como puedo para la reconexión cuando terminan las declaraciones.

Explico que, aunque como han anunciado, ha terminado este proceso, no lo ha hecho la situación de emergencia y que, especialmente, es muy preocupante la emisión de gases en zonas como Puerto Naos y La Bombilla.

Ahora es momento de trabajar en los realojos y en la recuperación de la isla tras este Tajogaite, que ha tenido la erupción más larga y más destructiva de las documentadas en la historia de La Palma.

Termina el programa de noticias y recogemos el material lo más rápido que podemos. Catha está deseando juntarse con los suyos, y yo necesito llegar a la casa donde se aloja Jonas, el padre de Nau.

Hemos pasado todos allí la noche. Cenamos tranquilos, en familia: doña Remedios, Jonas, Airam, Nau y yo.

No faltaron el conejo en salmorejo ni las viejas guisadas con papitas arrugadas y riquísimo mojo picón.

Para cuando sacaron el Príncipe Alberto y el bienmesabe, a mí ya no me cabía un gramo de nada más.

Hoy se unen los tíos de Nau, los dueños del piso en el que viven en Santa Cruz.

Deben estar llegando ahora de Tenerife. Esta mañana, al salir a trabajar, dejé a todos en pleno zafarrancho de limpieza, preparando la casa para la llegada de los invitados.

Me sentí bastante mal por tener que abandonarlos en plena faena.

Al llegar, ya está todo listo. Jonas debe llevar metido en la cocina desde que me fui, porque tiene todo lleno de bandejas con comida con una pinta espectacular.

Subo a cambiarme y encuentro a Nau recién duchado. Con su pelo ondulado mojado y el torso desnudo, no puede estar más guapo. Me coge por la cintura y me levanta en peso para besarme.

—¡Se terminó!

—¡Por fin! Ahora todo solo puede ir a mejor.

—Estoy orgullosísimo de ti, mi niña, has hecho un trabajo impecable.

Nos besamos de nuevo, alegres, con los corazones a toda marcha, expectantes por todo lo que está por venir.

—Termina de vestirte, anda, que no me hago cargo si tu padre viene a buscarnos para comer.

—Claro, que se va a asustar. —Se acerca de nuevo.

—¿Te quedaste con ganas de repetir? Venga, va, que quiero ayudar a tu abuela.

—¿Ves? Esa sí es una buena razón; la pobre está feliz pero agotada.

Se pone la camisa mientras yo me cambio y me pongo un poco de rímel y colorete. Me abraza por detrás.

—¿Superada la conversación con tu madre?

Menuda tardecita pasé ayer.

—Superada. Ya está. Nada que no sea Quebec va a parecerle nunca bien. Lo asumo.

Me gira hacia él sin soltarme la cintura y ladea la cabeza para asegurarse de que le presto toda mi atención.

—Si quieres, cuando tengamos algo de dinero y unos días libres, podemos ir a verla. A lo mejor, si te parece bien, pasando algo de tiempo contigo, puede que se ponga en tu lugar.

Lo pienso.

—¿Me acompañarías?

—¿Todavía no te enteras de que, mientras tú quieras, yo no pienso separarme de tu lado?

—En realidad, puede que sea una buena idea.

—Si es que solo te doy alegrías. —Me pica el ojo.

Tocan al timbre.

—Nauzet, Famara, bajen. —Escuchamos a Jonas—. La familia ya está aquí.

Los tíos de Nau resultan ser un matrimonio encantador con una hija, Acerina. Es precioso cómo Tomás abraza a su madre y ella lo cubre de besos como si fuera un niño pequeño. La chica se une al abrazo. Yo me retiro a la cocina para dejarles intimidad.

—Bonita familia, ¿verdad?

—Sí, muy bonita.

—¿Tú estás triste?

Me seco una lágrima que se quiere escapar.

—No, ¡qué va! Es solo que echo mucho de menos a mi abuela, ella era mi familia bonita.

Jonas niega con la cabeza.

—Cabrón volcán, también sepultó a mi suegro Manuel. Gran hombre, como mi suegra Remedios.

—Sí, cabrón volcán. Pero olvidémonos de eso ahora, Jonas. ¿Qué llevo?

—Saca la sopera, verás que la fiskesuppe es muy rica.

—Tengo muchas ganas de probarla, Nau me habla maravillas de tus comidas.

—Mi hijo Nauzet siempre ha sido de buena boca.

Regresamos al salón riéndonos. Damos los besos de rigor y nos sentamos a la mesa. Hay salmón, embutidos de reno, arce y ballena, y langostinos con una salsita riquísima que nunca antes había probado.

Luego tomamos la fiskesuppe , que está deliciosa, y a continuación Gracia, la mujer de Tomás, nos sirve una pieza de reno al horno con bayas de eneldo y hojas de laurel. Aquí están todos muy acostumbrados; sin embargo, yo estoy alucinando.

Jonas regresa de la cocina con unos mini rollos de canela con el café y una botella de aquavit , un licor tradicional noruego. Mientras, hacemos la sobremesa y esperamos a que Catha y Tana se nos unan. Estos rollos de canela están para dejar los ojos en blanco y no regresar a la realidad más nunca.

Cuando tocan a la puerta, ya estamos todos desperdigados por el salón. Me levanto a abrir y apago las luces, como hemos acordado.

Catha y Tana entran con la tarta en mano, con las velas encendidas, y comenzamos todos a cantar el cumpleaños feliz. Nau se pasa la mano por la cara y levanta las cejas; creo que no se lo puede creer.

—No creerías que te íbamos a dejar celebrar que te vas a la ciudad condal a ti solito, ¿no? ¡Felicidades! —Lo abraza Tana.

—¡Eh, salta para allá, que yo también quiero achucharlo! —Lo empuja Catha—. ¡Muchas felicidades, mi niño!

—Gracias, chicos, no me lo esperaba. ¡Habrá que probar esa tarta! Tomás, ahí detrás hay copas. Papá, trae la sidra de la nevera.

—A la orden, hijo.

Tana conecta su móvil a un pequeño altavoz que ha traído, y el salón toma vida con Happy birthday de Lenny Kravitz, mientras Nau abre, azorado, los regalos. Sé que está pasando un mal rato con tanta atención, porque no para de soplarse el flequillo. Lo tengo calado.

Doña Remedios le regala un álbum de fotos con copias de imágenes antiguas en las que aparecen personas queridas.

Las ha recopilado entre los vecinos y la familia para que Nau no pierda sus raíces.

Jonas le entrega un curso de fotografía que, por la cara que pone el homenajeado, debe ser una pasada.

Sus tíos le dicen que es regalo de cumpleaños y Reyes, porque en esas fechas ya estaremos en Barcelona: entradas vip a la Casa Batlló, con concierto en la azotea para dos. Nau alucina y yo alucino más.

Le acerco mi regalo con muchísima ilusión. Hemos metido la maleta dentro de una caja de cartón de una mesa de Ikea y la hemos envuelto, así que la cara de Nau al desenvolver el paquete es todo un poema.

—Ya verás, es preciosa. No me pude resistir; ya he preguntado en la aerolínea y podemos facturarla. —Actúo entusiasmada.

—Seguro que es preciosa —contesta convencido.

Me mira extrañado al sacar la maleta. La pone sobre la mesa con mucho cuidado y saca las cintas de piel de las hebillas. Dentro, primorosamente colocada, su nueva ropa de indiano.

—Al final me hacen llorar. ¡Es una maravilla!

Las lágrimas le caen y no se molesta en secarlas. Sonríe. Nos abrazamos; qué contenta estoy de que le haya gustado.

—¡Eh, tortolitos! ¡Que falta el nuestro! —espeta Catha mientras Tana le entrega un discreto sobre.

—¿Y esto? —comenta, con unos billetes de avión en la mano—. Estas fechas… ¿son billetes para venir a Los Indianos?

—Hemos hecho un pacto. Xerach y Rayco también lo han puesto por escrito en la carta que llevas ahí. Nos comprometemos a juntarnos todos, siempre, en Los Indianos; estemos en el rincón del mundo en el que estemos. Ustedes también tienen que firmar.

—Chicos —no puede parar de llorar—, ¡es una pasada!

—Son desde Barcelona, pero se pueden cambiar, que, con el trabajo de mi amiga, la reportera famosa, a saber dónde los pilla. ¡Eso sí, nosotros les financiamos este año, los próximos se buscan la vida para venir , que me han dejado la alcancía rota!

Nos abrazamos todos. No se puede tener mejores amigos. Doy gracias infinitas a la vida por la suerte que tengo.

Airam y Acerina se quejan de que la música de Tana es de viejos y ponen el último disco de Navidad de Sia, así que Snowman y Santa’s coming for us nos acompañan mientras brindamos por Nau, por la Navidad y porque el volcán no ha podido con nosotros.

Luego Tomás saca un timple y doña Remedios se arranca a cantar Lo divino , Navidad guanche , Una sobre el mismo mar … Poco a poco, todos vamos uniendo nuestras voces en este momento tan íntimo y tradicional.

Estoy sentada sobre el regazo de Nau y dejo que, poco a poco, me abracen los recuerdos de mi niñez.

—Gracias por tu familia. —Lo beso.

—Ahora somos también tu familia, Famara. Te quiero.

—Te quiero, Nauzet. Mi familia.

—¡Feliz Navidad!

—¡Feliz Navidad!