A ti y a mí nos unió el volcán Capítulo 16 #2
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Capítulo 16 #2

¿Qué ocurre durante los siguientes minutos?

No lo sé bien, estoy como si flotara en una nube.

Con las luces apenas veo al público; la ovación y los aplausos me sobrecogen.

Victorio toma la palabra en nombre del grupo y recuerda que el premio es para una isla de tan solo ochenta mil habitantes , que hoy continúa siendo sacudida, que llora a sus siete mil evacuados, dos mil quinientos de ellos para siempre sin su hogar.

Nos piden que no nos bajemos del escenario y Carles anuncia:

—Premio Ondas al mejor programa especial a los servicios informativos de La Ser en Canarias.

Nuestros compañeros de la radio local se incorporan al escenario; hay abrazos, llantos. A estas alturas, creo que he perdido la compostura por completo, aunque estoy segura de que mi abuela seguiría estando muy orgullosa de mí.

Nos fotografiamos todos juntos y ellos, de nuevo, dan voz a la importancia que tiene compartir esta terrible historia dando voz a lo concreto, cuidando el detalle y haciendo las cosas dedicándoles el tiempo y el mimo que requieren; como hacen los palmeros.

El resto del evento pasa volando; la tensión se ha evaporado y ahora solo nos queda la adrenalina.

Pasamos a un sencillo cóctel muy espacioso.

Durante el acto, el público ha llevado mascarillas; no he sido consciente casi hasta ahora.

Los días encerrados en casa mientras esperábamos el parte diario de la pandemia parecen muy lejanos.

Tras ellos, nuestras vidas han cambiado tantísimo que hemos normalizado acciones que hace apenas unos años nos hubieran parecido una auténtica locura.

Todo el grupo de la tele brindamos con champán, y al comenzar a formarse los primeros grupitos, se acerca a mí un hombre de unos cuarenta y tantos y me llama por mi nombre. La tensión vuelve a mi cuerpo, me siento envarada. No hace falta que se presente para saber quién es.

—Buenas noches, Famara. Mi nombre es José Alfonso Reguera, de Radio Televisión Española. —Me tiende la mano.

Se la estrecho mientras busco a Nau con la mirada, nerviosa.

—Encantada de conocerle por fin en persona, José Alfonso. —Sonrío más tranquila porque siento una mano apaciguadora que roza mi cintura.

—Lo que decidas estará bien —me susurra Nau al oído.

—Pero me da miedo irme sola —contesto en el mismo tono.

—Si decides ir, no vas a estar sola. —Entonces sube su tono de voz, como si se despidiera de mí—. Claro, nos vemos en un rato; hasta ahora.

Me aprieta fuerte la mano mientras se aleja y, despacio, hago acopio de todo el aire de la habitación.

—Bien, José Alfonso, tenemos una conversación pendiente, ¿cierto?

—Le hemos hecho una generosa propuesta y nos gustaría saber si está usted interesada.

—La incorporación quedaría supeditada a la finalización de la erupción, ¿verdad?

—Sí, estamos de acuerdo en aceptar esa condición; pero, una vez eso suceda, que deseamos que pase lo más pronto posible, tendría usted que trasladarse inmediatamente a Barcelona para incorporarse al equipo.

—Creo que no habría ningún problema con eso.

—¿Tiene alguna duda con las funciones que esperamos de usted? ¿Quizá con las condiciones que le hemos ofrecido?

—No, en nuestra última conversación quedó todo muy claro y me parece un proyecto muy atractivo; no le negaré que es una oportunidad brillante, y tengo algo de miedo de no estar a la altura.

—Famara, no proponemos contratarla para una función de prácticas.

Es un puesto de carrera, y se lo ofrecemos de forma directa porque ya conocemos en profundidad su trabajo; la hemos seguido de cerca.

Ha demostrado, estos últimos meses, que es capaz de desarrollar con creces el servicio que esperamos de usted. Solo necesitamos que se decida.

Busco a Nau con la mirada. El resto del local, para mí, no existe.

Está al final de la sala, solo, con las manos en los bolsillos, sin dejar de mirarme; así que conectamos en cuestión de segundos.

Me sonríe y afirma con un leve movimiento de cabeza.

La autoconfianza que siento me llena de paz y sé con claridad lo que quiero hacer.

—Sí, José Alfonso, acepto su propuesta. ¡Espero cumplir sus expectativas!

Me estrecha de nuevo la mano, esta vez con las dos.

—Magnífico, Famara, permítame darle la enhorabuena. Como decía siempre el primer jefe que tuve en televisión: «Bienvenida a primera división».

—Muchísimas gracias, de verdad; todo esto es como un sueño.

—Pues aprovéchelo, bastante pesadilla está viviendo usted ya. La dejo para que disfrute con sus compañeros. Tendrá noticias nuestras en las próximas semanas para realizar las gestiones necesarias.

Tan rápido desaparece José Alfonso como tengo a Nau de frente. Me levanta de la cintura y me da vueltas y vueltas. Reímos, y a mí se me escapa una lágrima, que él me retira con un beso. Lo miro a los ojos y, al dejar de girar, apoyo la frente contra la suya y lo beso suavemente en los labios.

Permanezco así, quieta, feliz, temblando entre sus brazos; disfrutando de estar donde quiero estar. Siento que, poco a poco, el reto que me propuse con diecisiete años llega a su fin y que he conseguido construirme a mí misma. Soy la mujer que siempre he querido ser.

—¿Se puede saber qué más están celebrando ustedes dos? —Oigo a Catha a mi espalda.

Me giro radiante y rompo el momento íntimo que, sin darme cuenta, creé.

—¡He dicho que sí, Catha! ¡Voy a trabajar para Comando actualidad !

—¡Esa es mi niña! ¡Por fin echas a volar!

Se me lanza encima y nos abrazamos, saltamos, lloramos. Es mi hermana del alma.

—Te voy a echar de menos.

—¿A mí? De eso nada, pienso venir a darte la murga cada vez que pille tres días libres seguidos.

—¿Me prometes que lo harás por mí?

—Te prometo que lo haré, pese a ti —se ríe.