A ti y a mí nos unió el volcán Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

—Sé pocos detalles, la verdad. Como dice Tana, estaban guarecidos en la Caldera, que ellos llamaban Aceró, y el de Lugo, el conquistador, subió el barranco con su ejército para enfrentarlos.

La primera intentona fue un fracaso; sin embargo, al día siguiente decidió reintentarlo y, engañando a Tanausú ofreciéndole parlamentaciones, lo hizo prisionero.

Fue en lo que ellos llamaban el barranco de Adamacansis, un topónimo que se perdió, así que no tengo certeza de dónde fue con exactitud.

Creo que en la entrada oeste a la Caldera, por Tijarafe.

Lo que sí se sabe es que no tuvieron piedad con el pueblo vencido.

El conquistador envió a Tanausú a la Península, como muestra de lo acontecido y para postrarse ante los Reyes Católicos.

—Cabronazo —espeta Rayco.

—La ley del más fuerte. La siguiente sería Tenerife, y no les iría mejor. Estas dos fueron las que lo pusieron más duro; hasta hoy llega la fama de magníficos guerreros de sus habitantes —apunta Tana.

—Cierto. Y de su preferencia por la muerte a la pérdida de libertad.

Cuentan que a de Lugo el regalo no le salió como quería, porque al llegar a la Península no tenía nada que mostrar, al menos no al gran guerrero.

Tanausú, al ser encadenado en el barco, pronunció el Vacaguaré , «quiero morir».

No se le volvió a escuchar, no volvió a probar bocado ni a beber.

Murió de pena en aquel barco en mitad del océano.

—Dicen que algunos de los que sobrevivieron dibujaron su cuerpo en una de estas grandes rocas y que su espíritu aún sigue vagando por aquí.

Yo no creo en esas cosas, pero, desde luego, aquí pervive su recuerdo —sentencio, totalmente imbuida por la historia y con los ojos anegados de lágrimas por lo mucho que me emociona nuestra infravalorada historia.

Ya con la ropa puesta, continuamos la ruta barranco abajo por el desnivel del Reventón.

Un nombre asignado con destreza, porque pone a prueba la resistencia del más entrenado.

Tenemos que hacer un par de paradas; Catha va bastante asfixiada, y Tana nos resucita repartiendo pequeñas pellas de gofio con miel y almendras que saben a gloria.

Seguimos la vereda, y la sensación de transitar por las entrañas de la isla es liberadora.

Por fin vislumbramos el Roque de Idafe, un monolito grandioso que estaba vinculado a la religiosidad y la magia de los antiguos pobladores.

Aquí nos desviamos Catha, Nau y yo por el barranco de Los Limoneros.

En un momento, llegamos a la Cascada de Colores, donde queremos hacer nuevas tomas.

En la grabación explico que el agua llega amarilla por su alto contenido ferroso y que, mezclada con el musgo de las paredes, crea este pequeño salto tan vistoso. Catha se separa para captar el sonido del agua, el viento y los cernícalos, así que nosotros dos nos quedamos solos por unos minutos.

La cadencia que marca el agua nos envuelve mientras observamos cómo cae.

Con mucho cuidado, saco de la mochila unas ambrosías Tirma que he traído porque sé que a él le encantan.

Le paso una sin decir nada. Nos sonreímos y las comemos en silencio, con los pies colgando en la roca en la que nos hemos subido para observar.

—Me encanta estar contigo —suelta de repente, y se me desboca el corazón.

—A mí también.

Y continuamos en silencio, degustando el chocolate. Es maravilloso poder verbalizarlo sin miedo a que ninguno pretendamos nada más, y eso me hace sentir en casa.

Terminadas las tomas, volvemos junto al grupo y seguimos hacia abajo por el barranco de Las Angustias, donde, poco a poco, los pinos dan paso a los matorrales y las tabaibas, hasta que llegamos al complejo basal.

La larga caminata nos tiene agotados y ya nadie canta, así que este último tramo se convierte, de algún modo, en un rato de reflexión personal.

—¿Se acuerdan cuando, de niños, llegábamos aquí reventados y teníamos que aguantar el rollo a mi padre de que aquí comenzó todo? —recuerda Rayco.

—Es que estas rocas son muy interesantes. Surgieron en las erupciones submarinas con las que se inició el proceso de creación de la isla.

—Sí, Tana, es increíble que estén a la vista y que se distingan.

—Él siempre nos decía: «Fíjense bien, parecen alveolos y son verdosas» . ¡Como si nosotros supiéramos entonces cómo era un alveolo!

—¡Algunos siguen sin saberlo! —le contesta Xerach dándole un coscorrón.

Realizamos las que serán las últimas grabaciones y fotografías e intentamos que se refleje bien lo profunda que es la Caldera en el punto en el que estamos.

Encontramos un buen encuadre y lo aprovechamos para la entradilla.

Catha baja la cámara, Nau salta desde una roca cercana, me pasa la mano por el hombro y, con una sonrisa, nos saca una foto a ambos sin avisar.

—¿Qué haces?

—Necesito crear nuevos recuerdos, ¿no es eso lo que me dice todo el mundo?

Sonrío por su débil excusa y echamos a andar hasta el aparcamiento, donde el conductor nos espera para llevarnos de vuelta.

Mientras recuesto la cabeza en el asiento, doy gracias por haber invertido en unas botas de goretex y tener mis pies secos, aunque sucios y doloridos.

Me dejo acariciar por los brazos de Morfeo.

Al llegar a casa, todo son prisas, porque vamos muy justas de tiempo y tenemos que asearnos y hacer todo el montaje para la conexión de esta noche, además de estudiar la información que tengo que dar.

Las imágenes que hemos tomado hoy son bienvenidas; juegan un punto de equilibrio con las fatigosas malas noticias que aportan los otros dos equipos, que hacen una importante labor de puesta en contacto entre familias evacuadas y personas que ponen a disposición viviendas o, a veces, incluso una habitación.

Nosotras compartimos que la isla vive, es Benahoare, la Isla Bonita, y nos espera con los brazos abiertos; nos hace sentir a todos parte de ella.

Hoy ni siquiera entramos en la iglesia al terminar nuestro trabajo.

Apenas recogemos, ponemos rumbo a casa. Pasamos sobre los colchones de los chicos, alumbrándonos con los móviles para cruzar el salón sin despertarlos, y nos dejamos caer en la cama con la ropa puesta.

No me ha dado tiempo de desbloquear el móvil y ya escucho la respiración profunda y pausada de Catha.

Famara: «Los bocadillos de Resbel fueron un puntazo 🥪 ».

Nau volcán: «Los mimos siempre vienen bien y sus bocadillos son los mejores. ¿Ya en casa? Como dice mi hermano Airam, yo estoy deconstruido 🥴 ».

Famara: « 🤣🤣🤣 Tres cuartos de lo mismo. No sé ni cómo puedo estar escribiéndote».

Nau volcán: «Gracias. Me gusta que nos escribamos antes de dormir. Descansa. Mañana, más y mejor».

Famara: «A mí también me gusta. Escribirnos y estar así. Ha sido un día fantástico. Ponte a programar la siguiente excursión».

Nau volcán: «Ya la tengo en mente, te contaré. Ahora cierra los ojos y descansa, que mañana te quiero ver sonriente tras la cámara 🎥 ».

Famara: «Abusador. Yo quiero saber. Buenas noches, descansa».