A ti y a mí nos unió el volcán Capítulo 8
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Capítulo 8

Tazacorte, isla de La Palma

Famara 🎤

Han sido días terribles. El volcán ha arrasado Todoque por completo y la realidad parece que se complica cada día más.

Crees que ya has vivido lo peor y que ahora será una sucesión de las mismas escenas una y otra vez; sin embargo, cada mañana te levantas para descubrir lo equivocada que estabas y que cada jornada puede ser por completo diferente.

El lunes que estuvimos en Tenerife, las explosiones en Cumbre Vieja fueron espectaculares. De un modo enfermizo, nos sentimos mal por no estar aquí. Vimos a los chicos e hicimos todas las gestiones que necesitábamos, siempre con las noticias puestas para estar al minuto de los acontecimientos.

En su tercera visita, el presidente ha prometido nuevas cantidades colosales de dinero, aunque, ¿será suficiente?

El corazón me dice que no. No solo porque el volumen de pérdidas materiales es abrumador, sino porque la evaporación de recuerdos, lugares y esfuerzo es irrecuperable e infinita en la Isla Bonita.

El miércoles, en Todoque, al final no quedó nada. Toda la esperanza de Catha de que su familia volviese a su barrio en un futuro no muy lejano, aunque fuera a otra casa, se ha perdido para siempre. La esperanza ahora es ceniza, como la que cubre cada rincón de esta tierra repleta de pena y desazón.

El silencio vuelve a comprimirlo todo. Solo se escucha el chasquido de las pisadas sobre la escoria, que se barre y reaparece en un cuento de nunca acabar.

Hoy han confinado parte de Los Llanos y El Paso.

Confinado. ¿Cuántas desgracias seguidas?

La COVID, que segó la vida de más de ochenta personas, seguida del incendio de El Paso, que calcinó treinta viviendas, fincas de aguacates y plataneras, y ahora esto; como si todo se mezclara.

El desastre natural, que destruye y también confina, ha llegado a una zona industrial y la cementera emite gases peligrosos, así que todos están en casa, con toallas mojadas en puertas y ventanas, con magua por sus recuerdos. Atrapados en una pesadilla que no tiene visos de terminar.

Nosotras, esta noche, estamos en el mar para conectar en directo desde una lancha que se bambolea, fuera de la zona marítima de exclusión.

Esperamos que el brazo que se ha formado por el norte de la montaña de Todoque y que arrasa con nuevos cultivos llegue al océano para formar una segunda fajana.

Tierra nueva que se forjará sobre las playas de mi niñez.

Una isla más amplia, nacida de las brasas de nuestros recuerdos.

Al mirar a tierra puedo ver las luces de los servicios de emergencias y, no lejos de allí, el naranja resplandeciente abriéndose paso. Hoy se ha visto su incandescencia incluso de día. El desmoronamiento de parte del cono ha derramado un lago de lava que se había formado y que ahora lo anega todo.

Una voz me recuerda que entro en directo y reconecto con la realidad a una velocidad pasmosa.

—Buenas noches. Hoy los acompaño desde el mar, donde me encuentro a la espera de que la nueva colada toque la costa y forme una segunda fajana.

Los científicos han confirmado que este volcán ya ha emitido más roca líquida que el Teneguía y el San Juan juntos, y las circunstancias diarias no dejan de sorprendernos.

»Durante esta jornada, más de tres mil vecinos han sido confinados. Han revivido el miedo que esa reclusión nos trae a todos a la memoria.

»Mientras tanto, acompañadas del sonido del mar, nosotras no podemos evitar hacernos preguntas: ¿se terminará todo aquí?

, ¿puede haber más? Para ello, hoy hemos entrevistado a don Ramón Casillas, catedrático de Geología, que nos cuenta cómo los científicos nos siguen cuidando pese a todo el caos, casi sin que nos demos cuenta.

Emitimos una grabación que realizamos por la mañana, donde don Ramón nos describe que tienen la isla monitorizada vía satélite, puesto que el riesgo de que se abra una nueva grieta es una realidad que ellos tienen muy presente.

Nos cuenta cómo en la zona norte, en el monte, algunos pinos comienzan a entrar en combustión desde la base, desde las raíces.

Esto es una consecuencia visible de lo cerca que está pasando el magma por debajo del suelo que pisamos y un recordatorio de que este puede abrirse de nuevo, por lo que no hay que cejar en el trabajo.

Agradecemos de corazón, en nombre de todos los palmeros, la labor de los científicos que no han escatimado esfuerzos durante estos días.

—No quiero dejar pasar la ocasión de enviar un fuerte abrazo a los vecinos de La Restinga que ayer, hace diez años, sufrieron la erupción submarina que duró cinco meses y que tantas inquietudes generó en la zona.

Según me he podido informar, no fue hasta cinco años después que se bautizó al volcán como Tagoro.

Una palabra aborigen que significa « lugar de reunión », y me pregunto cuánto tardaremos en dar nombre a este demonio que nos atormenta.

La verdad es que me gustaría que también ostentara un nombre aborigen para la posteridad.

Que al menos eso quede de bueno: una oportunidad para cuidar una cultura denostada y en el olvido.

Nosotras vamos a permanecer aquí toda la noche.

Si la lava llega, les mostraremos las imágenes; mientras tanto, los sentimos a todos cerca: «Todos somos La Palma».

Terminamos la transmisión con el programa para conectar con la naturaleza que nos rodea.

Catha apaga la cámara y se deja caer a mi lado.

Me pasa el brazo por detrás hasta meter las manos en los bolsillos de mi chaqueta, como si tuviera los brazos de goma.

El sonido del mar nos envuelve, el aire sabe salado y la oscuridad es abrumadora.

—¿Quieren dormir un rato? Puedo avisarlas si veo que la cosa es inminente —sugiere Armiche, nuestro patrón, mientras le da una profunda calada a su cigarro.

—Pues no parece muy profesional —ríe Catha.

—No se lo diré a nadie. Mi madre no se pierde su programa, si se entera de que las tengo despiertas toda la noche, ¡es capaz de no volver a invitarme a Príncipe Alberto más nunca!

—Pues muchas gracias, Armiche, no seremos nosotras quienes te dejemos sin postre y provoquemos una tragedia familiar —nos reímos—. Vamos a dar entonces una cabezadita.

Nos tumbamos juntas en el suelo de la embarcación y reposamos las cabezas sobre un manojo de sogas húmedo. La visión estelar que nos arropa, pese a ser luna nueva, es tan impresionante que se siente mejor que cualquier cama de hotel.

—Cómo hemos cambiado, Fa. Ahora mismo no querría estar en ningún otro lugar. Gracias por convencerme para venir.

—A ti por acompañarme. Sí, es raro. Estaba desesperada por descansar y, sin embargo, los días en Tenerife se me hicieron largos. Me sentí como si traicionara a las personas que nos ven.

—Cuando todo esto termine, vamos a estar para que nos encierren, ya te lo digo: chifladas.

—Como una cabra harta de papeles —coreamos a la vez y nos reímos.

—¿Cómo vas? —Me coge de la mano—. ¿Nau ha vuelto a llamarte?

—No. Solo la vez del barco y el martes. Yo creo que ya lo captó.

—Eres una idiota, lo sabes, ¿no? Como hermana madura de esta relación, tengo que decirte, Famara, que creo que esta vez te equivocas.

—Pues, como hermana con más experiencia de esta relación, tengo que decirte, Cathaisa, que lo que importa es que yo creo que no.

—Sabes que siempre he defendido tu postura.

Que me parece genial todo ese rollo tuyo de que solo das una ficha a cada tío para jugar.

Pero, Fa, a veces llega alguien bueno y merecen ambos una oportunidad, ¿no?

No tiene por qué ser así siempre. Quizá deberías regalarle un buen montón de fichas a Nau, tú misma has dicho que lo que sientes con él no es lo habitual, que es mejor.

—Precisamente, fue de diez, ¿por qué complicarlo? Lo hemos pasado bien. Sin repetición ninguno se confunde y nadie tiene poder sobre nadie. Sabes lo que pienso de entregar la confianza, Catha. No voy a ceder por ahí. No pienso hacerlo.

—Pues espero que Nau no sea tan pollaboba como tú, mi niña. Como se ponga pico y pala, pienso trabajar en su equipo hasta que consiga que cedas.

—Eso es acoso, ¿lo sabes? —me río—. No, en serio: si es listo, captará la situación y dará un paso a un lado. A otra cosa, mariposa. Con lo tremendo que está, no creo que le falten voluntarias.

—Pues yo creo que Nau es más listo de lo que tú crees. Estoy convencida de que va a querer repetir.

—¿Y tú con Arure? —cambio de tema.

—Chachi. Congeniamos genial y, de momento, ninguna de las dos tiene miedo de avanzar. —Le pellizco el costado—. ¡Au!

—Te veo presentándosela a tu madre.

—Pues nunca he llevado a ninguna novia a casa, no sé.

—¿Novia? Esto se te está yendo de las manos, hermanita —me río.

—Es que me obligas a tener mucha madurez para compensar tu escasez. La verdad, Fa, es que va genial y no me da miedo seguir a ver qué pasa.

—Y siempre me tendrás a mí para recoger tus pedacitos si hiciera falta.

—Tú también me tendrías a mí si te atrevieras y algo saliera mal.

—No vuelvas por ahí, anda. Vamos a dormirnos, que la noche promete ser larga.

Dos días después, la lava continúa sin tocar el mar.

Todo es muy cambiante. El segundo brazo de roca incandescente, que antes se deslizaba por nuestras vidas a toda velocidad, ha cedido la energía a un tercero, nuevo, que amenaza el barrio de La Laguna, y la agonía de los desalojos vuelve a hacerse presente.

¿No fue antes de ayer que pensé que , cuando ya esperaba una repetición continua de los hechos, la erupción me sorprendía cada mañana con una novedad?

Pues así es la devastación: cada día nos sorprende, y hoy ha decidido que veamos repetida la escena que vivimos en Todoque como una pesadilla de la que no podemos escapar.