A ti y a mí nos unió el volcán Capítulo 2 #3
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Capítulo 2 #3

Nos vemos con Arure de nuevo en la Iglesia de Tajuya.

Es un lugar acogedor. Don Domingo, el cura, ha puesto una de esas cafeteras pequeñas de cápsulas, mantas y una caja con medallitas de la Virgen junto a una alcancía.

Cojo una, la engancho en mi pulsera y dejo un billete para colaborar y que puedan seguir acogiendo a los vecinos y visitantes con este despliegue de calor y cariño.

Delante hay dos adultos con unos siete niños que rezan el rosario, y por el resto del templo, personas que descansan, toman café, charlan… Nos sentamos en uno de los bancos de detrás y procuramos hablar bajito. Es Catha quien se arranca.

—A ver, no sabemos muy bien cómo plantear esto. Nos pediste que, en nuestra condición de llanenses, enfocáramos la información tal y como los vecinos la necesitasen. —Me pica el ojo.

—Sí, creemos que esta es una oportunidad para asentar la vocación de servicio público de la cadena —confirma Arure.

—Bien. Esta mañana hemos hecho muchas tomas con todo lo relacionado con las donaciones y la necesaria coordinación.

—Hemos intentado entrevistar a algunos vecinos, tanto colaboradores como afectados, y que la información sea clara y concisa. Ahora mismo, la confusión es importante en los dos colectivos.

—Y emocionante. ¡Tenemos una toma que te va a encantar!

Abro los ojos como una coruja, no puedo creer que quiera sacar ese tema.

—Eso lo discutiremos luego —la interrumpo con una falsa sonrisa—. El caso es que después fuimos al quiosco de la plaza y hablamos con varios vecinos: no se están sintiendo bien con el trabajo de los medios en general. Creo que es una oportunidad para diferenciarnos y hacer una buena labor.

—¿Qué proponen exactamente?

—Empezar por no emitir imágenes de casas particulares en el momento en el que la lava las devora.

Eso sería lo primordial. Iría bien si tuviésemos algún profesional de la psicología que hablara del daño que hace a los vecinos afectados ver todo el tiempo esas imágenes, para fomentar que la gente también deje de compartirlas de forma particular.

—Catha tiene razón, y además tenemos un contacto del Colegio de Psicólogos por las grabaciones de la mañana que podría encajar.

También creemos que las entrevistas a los vecinos no deberían buscar la lágrima fácil.

Eso es inevitable, pero han de ser entrevistas con un fin determinado: destapar una necesidad para buscar juntos una solución.

No contar historias personales emotivas sin más fin que emocionar.

Arure se lleva el bolígrafo a la boca y muerde la tapa con fruición.

—Bien, bien. En realidad, es de sentido común.

Hago un par de llamadas y hacemos algunos cambios.

Creo que puede funcionar. Famara, ve preparándote: entras en directo en treinta minutos.

No te cambies, que se vea que llevas todo el día en la brega.

Aquí tienes un resumen de los datos más relevantes de hoy.

Cathaisa, tú ven conmigo y vamos a revisar las tomas. Vamos justas de tiempo.

Se nos echa el minutero encima y conectamos desde la plaza, donde hay muchos más medios que ayer y más vecinos. Incluso creo identificar los logos de varias cadenas extranjeras. Empieza a oscurecer y la imagen vuelve a ser impresionante. Hay que estar aquí para sentir cómo te comprime.

Explico a los telespectadores que, aunque se esperaba, al final no creemos que el magma llegue hoy al mar, puesto que ha ralentizado notablemente su avance, y que Tacande ha sido evacuado tras la aparición de una nueva boca eruptiva.

Los compañeros intercalan imágenes aéreas generales con mis intervenciones.

Bien. Estoy contenta, creo que esta es la línea que debemos seguir.

Conecto con la presidenta del Colegio Oficial de Psicología de Santa Cruz de Tenerife, que alaba el nuevo enfoque y aporta evidencias científicas sobre la repercusión que puede tener en los vecinos afectados la constante visualización de sus pérdidas, añadida a todo el drama que estamos viviendo.

Terminamos con datos de relevancia para donaciones o cobertura de necesidades y con las tomas de la mañana en el campo de fútbol.

Me quedo helada al escucharme a través del pinganillo decir: «Hola, Nauzet, nos cuentas que eres vecino de El Paraíso, ¿verdad?

». No puedo creerme que hayan metido esta toma.

Voy a matar a Catha. En cuanto despido la conexión y se apaga el piloto, me pongo a chillar como una fiera.

—¿Por qué has tenido que hacer eso? ¡Te dije muy clarito que no quería que lo utilizaras! ¡Ese chico estaba destrozado y yo le hablé como una imbécil!

—Eso es lo que tú ves, Fa. Yo veo en él una acción noble y una conexión de miradas que pone los pelos de punta. Arure también lo ve así.

—Sí, claro que lo han visto. Ahora, de hecho, ¡todas las islas lo han visto! ¡Ese chico merece intimidad, Catha! ¿No llevamos hablando de eso todo el día? Y ¿mirada? ¿Qué mirada? ¿En serio? ¿Con miraditas a mí a estas alturas?

Por supuesto, sé perfectamente de qué mirada habla.

Todavía se me acelera el corazón si la evoco, aunque no estoy dispuesta a verbalizarlo, porque es evidente que ese chico tiene suficientes problemas como para tener que lidiar conmigo, y yo no tengo la más mínima intención de lidiar ni con él ni con nadie.

Mi móvil no para de vibrar y lo saco de mala gana del bolsillo: treinta y cuatro notificaciones de Instagram. Y continúan en ascenso.

—¿Qué diablos…?

Catha también mira su móvil, y después nos observamos. Quiero escapar de aquí. Una captura de televisión: Nauzet y yo con los ojos vidriosos, mirándonos con intensidad y la etiqueta #quieroquememirenasí. Me llevo la mano a la boca.

—Dime, por favor, Cathaisa, que no has tenido nada que ver con esto.