CAPÍTULO 12 MÁS MADERA #2
Los dos volvieron a reír cómplices mientras Julia aprovechaba el momento para continuar con su dulce tortura, untando suavemente el bálsamo por todo el cuerpo del soldado.
Evitaba deliberadamente sus partes íntimas, las cuales, debido a una evidente hinchazón, sugerían que requería atención inmediata en esa zona.
Julia tuvo que hacer un inmenso acopio de fuerza de voluntad para no ceder ante lo que su propio cuerpo le pedía a gritos.
Incluso Ander, dándose cuenta del efecto de sus manos, le dijo con voz ronca:
—Míralo... te está pidiendo a gritos unos mimos.
Se refería a la firme erección que las caricias del ungüento habían provocado. Julia lo miró fijamente y, con una sonrisa de satisfacción, le contestó:
—Sufre, abuelo, que esperaré ansiosa tu venganza. De hecho...
La joven se puso en pie a un lado del lecho y, con un movimiento lento y provocativo, se levantó el vestido lo justo para dejarle ver cómo una solitaria y brillante gota de flujo caía por su entrepierna, delatando su propio deseo.
—A ver si te piensas que yo no sufro también viendo lo que me espera aquí plantado.
Acto seguido, se inclinó para darle un tierno beso en los labios, esquivó con agilidad la mano del oficial que intentaba acariciarle un pecho y le guiñó un ojo con picardía.
—Descansa y recupérate pronto, te estaré esperando. Ahora intenta dormir.
Dejó al soldado tendido en la cama, completamente embadurnado de pies a cabeza con el frescor del aloe, y salió de la habitación cerrando la puerta con cuidado.
De camino a la playa, Julia tuvo que soportar los ecos de los gemidos y gritos de dolor que salían de las otras estancias; eran los soldados que no habían sido tan cautelosos como Ander y se habían abandonado a la lujuria de sus respectivas cuidadoras a pesar del tormento de sus pieles.
Al pasar por delante de la habitación de Lucas, se detuvo unos instantes de manera inevitable, intentando descifrar las voces y los jadeos que se filtraban a través de la madera.
Aunque no logró identificar de quiénes se trataba, tuvo la absoluta certeza de que allí dentro había, por lo menos, tres personas entregadas al placer.
"Este hombre no es normal", se dijo a sí misma con una sonrisa de asombro mientras negaba con la cabeza.
Finalmente, acudió a la playa, donde la actividad no había cesado. Bajo el tejado improvisado, Bastian y Cédric seguían incansables con su labor.
—Hola, ¿os puedo ayudar en algo? —ofreció Julia al acercarse.
Cédric se encontraba en ese momento arrancándose unos pequeños pedazos de piel a mordiscos de la palma de la mano, intentando extraerse una molesta astilla.
—No, mi señora, descuide —respondió Cédric amablemente—.
Han traído una gran cantidad de madera de fresno, la cual es ideal para las flechas, y algo de álamo que, aunque es más ligera, también resulta excelente para la aviación de los proyectiles.
Sin embargo, la mayoría de los troncos son de pino, los cuales son perfectos para sacar tablones de construcción, pero no sirven para las armas.
Aunque, afortunadamente, al final del cargamento, sumergido por el peso, ha aparecido la joya de la corona.
.. un tejo entero. Esta es, sin duda, la mejor madera que existe para fabricar espadas de entrenamiento.
Ya hemos dado forma a muchas hojas y las tenemos metidas en una "prensa", que no es más que dos grandes losas de pino entre las cuales colocamos las hojas de tejo con pesadas rocas encima para que no se deformen.
El arquero hizo una breve pausa para señalar las piezas antes de continuar:
—El tejo es ideal debido a la flexibilidad de sus fibras y a su resina; cuando las hojas se sequen completamente rectas y las endurezcamos pasándolas por el fuego, esa espada tendrá tal consistencia que podría incluso cortar, aunque por supuesto no les haremos filo.
Pero lo mejor del tejo es su peso; es una madera densa y pesada, lo cual imita a la perfección el equilibrio de una espada de acero real.
Y la mayor ventaja de esta madera la veremos en su uso real en el futuro, no solo para entrenar; para que se haga una idea, mi propio arco, el que me ha acompañado durante varios años de batallas, está hecho de tejo.
Con este tronco podríamos fabricar arcos de largo alcance para todos los habitantes de la isla, aunque es una labor que llevará bastante tiempo.
Julia sintió un gran alivio en el pecho al escuchar aquello, albergando la esperanza de que el ataque a Frainord se pospusiera hasta que todos tuviesen sus arcos terminados. Sin embargo, Bastian, que se encontraba a su lado puliendo una vara, intervino rompiendo su ilusión:
—Sí, se tarda mucho en terminarlos adecuadamente, así que ya los acabaremos cuando estemos en Magnord.
Julia se volvió hacia él con el rostro ensombrecido por la preocupación y una profunda tristeza en los ojos.
—Tengo miedo, Bastian... Os he cogido un enorme cariño a todos en este tiempo, incluso al semental de Lucas.
Los tres soltaron una carcajada que resonó bajo el porche de madera. Fue entonces cuando Marcus quien se había pasado por allí aguantando el dolor de las quemaduras y habiendo oído la conversación, tomó la palabra con un tono de profunda solemnidad:
—Mi señora, nosotros hemos llegado a amar profundamente no ya a su persona, sino lo que usted representa para todos nosotros: una reina buena, compasiva y leal a su pueblo.
Alguien que no dudaría un solo instante en dejar el trono si supiera que eso beneficia a uno solo de sus súbditos.
Y es justo eso, mi señora, lo que todo soldado ansía ante todo defender con su vida.
Cuando yo me despierto por las mañanas y paso a ver a Mónica a la lavandería, usted ya está allí metiendo las manos en el agua y lavando la ropa como la que más; mis propios calzones sucios han pasado por sus impecables manos de reina, y eso es algo tan grande que, si tuviera que demostrarle mi devoción mediante una muerte salvaje en el campo de batalla, lo haría ahora mismo con una sonrisa de orgullo en el rostro.
Marcus hizo una pequeña pausa, mirando hacia la dirección de las viviendas con una expresión de absoluto respeto.
—Y lamento decirle que Ander piensa exactamente igual que yo; además, la fijación y la lealtad de ese hombre hacia usted es absoluta.
No intente cambiarlo, mi señora; primero, porque jamás podrá hacerlo, y segundo, porque cambiar ese instinto protector solo destruiría lo que él realmente es.
Nosotros nos hemos curtido en batallas despiadadas de las cuales, al saber contra quién luchábamos.
.. —añadió bajando la mirada con pesar, pues sus últimos combates habían sido precisamente atacando con las huestes de la propia Mireia contra lo que ahora llamaba su hogar—, nos han enseñado a depender ciegamente de nuestros compañeros.
Ibas solo contra cien enemigos, pero avanzabas sin miedo porque sabías perfectamente que los tuyos te cubrían las espaldas sin dudar.
La confianza entre nosotros es tal que incluso "el joven semental", con toda su locura, daría su vida por cualquiera de nosotros sin pensarlo.
El modo de vida de los mayores se centra en la lucha y en la fe absoluta en tus hermanos de armas; si eso flaquea en algún momento, nos estará matando a todos antes de empezar.
Julia guardó silencio, asimilando cada una de sus palabras.
Contemplando la seriedad y la firmeza en el rostro del veterano, comprendió por fin a qué se refería Ander cuando los llamaba “los mayores”: no se trataba de la edad cronológica, sino de una profunda y madura sabiduría que solo los años otorgan, una perspectiva templada y marcada por la crueldad de la batalla y el valor de la supervivencia.
La joven reina dejó a los arqueros con su trabajo, no sin antes agradecerles de corazón el tremendo esfuerzo que estaban realizando.
—No se preocupe por eso, señorita —respondió Cédric con una sonrisa cansada—.
Hemos hecho esto miles de veces en campaña y jamás nadie se había preocupado siquiera por traernos un trago de agua.
Aunque, a decir verdad, he tenido que echar a Patricia de aquí, y Bastian ha hecho lo propio con María; no paraban de masajearnos las manos y la espalda para aliviarnos, lo cual, no hace falta que le mencione, como poco nos distraía y nos hacía pensar en. .. otras cosas.
Marcus, que se encontraba cerca, intervino soltando un suspiro:
—Yo he intentado agotar a Mónica antes, pero al final he tenido que salir huyendo por culpa de los dolores en la espalda y el pecho.
Al decir esto, el veterano se abrió los botones de la camisa, mostrando que los arañazos normales fruto de la euforia y la pasión de la noche, grabados sobre la piel severamente quemada por el sol, se habían convertido en heridas vivas que ahora manchaban de sangre el tejido de la prenda.
—¡Qué barbaridad! —exclamó Julia, horrorizada y conmovida a la vez—. Anda, ven aquí que te cure eso. Y no te preocupes, como vea que tu entrepierna se empieza a hinchar con mis caricias, te la corto yo misma.
La joven reina acompañó sus palabras con una sonrisa pícara, pero se llevó la mano al cinturón de manera instintiva. Aquel era un gesto que los once hombres conocían a la perfección; sabían qué arma guardaba allí y lo que significaba esa silenciosa advertencia.
Marcus soltó una sonora carcajada.
—Mi señora, dejarme eunuco sería el menor de mis problemas. Le aseguro que Ander se esmeraría mucho más en dejarme vivo para hacerme sufrir que en matarme rápido si se entera.
Por la mente de Julia pasó un destello de admiración al recordar lo capaz que era “su soldado”.
A pesar de ser más joven que varios de sus subordinados, Ander lograba infundir un respeto absoluto en sus hombres, una autoridad natural que se mezclaba a la perfección con la camaradería, la amistad sincera y un toque de temor reverencial.