A primera molestia (Las Involuntarias Aventuras de Harlow y Foxx 1) 25 ¿Asesinar es una opción?
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25 ¿Asesinar es una opción?

Foxx se puso la mochila y luego tomó con fuerza el asa de su maleta más grande. La bajó por las escaleras y la hizo rodar hasta la cocina, donde vio a Harlow esperándolo. Al acercarse, el hombre levantó la mirada.

La mandíbula del humano se abrió, sus ojos se hicieron más grandes cuanto más miraba.

Foxx parpadeó, confundido.

—¿Qué? ¿Qué pasa? —preguntó.

La boca de Harlow se movió, pero no salió nada, como si su cerebro fallara, antes de soltar, sonando algo histérico:

—¡¿Qué es ESO?!

—¿Qué es qué?

—¡¿Qué coño llevas puesto?! —gruñó el humano.

Foxx miró su atuendo. Iba vestido con su traje solar, que era un adorable pijama de osito rosa con una visera de vidrio protegida contra rayos UV que se podía cerrar con una cremallera, formando una capucha de osito.

Incluso tenía un pequeño pompón en la parte trasera y botones al frente.

Los guantes a juego, rosas, con almohadillas en las palmas, se abrochaban en los puños de las mangas.

La parte inferior del pijama terminaba en puños elásticos en los tobillos, lo que mantenía bien ajustada la zona de los pies.

Aunque esa parte cedía un poco y formaba un pequeño pliegue tierno cerca de los tobillos.

—Es mi traje solar. ¿Ves? —agarró la gruesa visera de vidrio que colgaba sobre su pecho y la subió, cerrándola con la cremallera.

—¡De ninguna manera!

Frunció el ceño, cada vez más confundido por la conversación.

—¿De ninguna manera qué?

—¡No voy a andar contigo vestido como un puto osito rosa! —se enfureció Harlow.

—Puedo llevar el marrón si no te gusta el rosa —ofreció Foxx.

Podía ceder. No tenía que llevar el rosa, aunque fuera más bonito que el marrón.

—¡¿POR QUÉ LO TIENES EN MÁS COLORES?! ¡No voy a andar contigo disfrazado de oso!

¿Harlow tenía un odio profundo hacia los osos o qué?

—¿Y si fuera un panda? Espera, eso también es un oso. ¿Y un gato? ¡Ah, también tengo uno de perro!

—¿Me estás jodiendo? —gruñó Harlow.

Foxx desabrochó la visera y la dejó colgar otra vez.

—¿Por qué iba a joderte? Vamos a un trabajo. Solo intento entender por qué te alteras tanto por mi traje solar.

—¡Porque vas vestido como un niño! —bramó—. ¡¿No tienes ni uno solo normal?!

—¡No voy vestido como un niño! —rugió Foxx—. ¡Y que sepas que estos son trajes solares cien por cien normales!

—¡PARA NIÑOS!

—No los harían de mi talla si fueran para niños.

—Literalmente mides metro veinte. No tuvieron que esforzarse para hacer de tu talla.

—Que sepas que mido un metro sesenta y dos —dijo Foxx, dando un pisotón enfadado.

—Ah, claro. Eres un niño. Solo los niños pisotean así el suelo.

—¡Lo dice el hombre que adora dar portazos cuando algo le molesta! ¿Y sabes qué? Ya me cansé de que odies mis elecciones de ropa, señor Solo Llevo Negro y Cuero. Entiendo que la moda sea difícil, pero debes ser realmente malísimo si solo te ciñes a un color para no parecer un payaso.

—Cámbiate. Ahora. —Harlow dijo entre dientes.

—¡COMO SEA! Me pongo el marrón, ¡pero eso es todo!

—¡Como sea!

—¡Idiota! —rugió Foxx antes de alejarse dando un portazo, arrastrando la maleta consigo. Ya vería. Puede que no se pusiera el traje ahora, pero lo guardaría en la maleta. Seguro habría un momento en que podría ponérselo.

Matar a tu compañero está mal. Matar a tu compañero está mal. Harlow siguió repitiendo esas palabras en su cabeza mientras intentaba no perder la compostura por todas las miradas que Foxx atraía al caminar por el aeropuerto.

Sería tan fácil. Había tantos lugares donde podría esconder el cuerpo… Aunque echaría de menos el culo de Foxx. Suspiró. Además, estaba el tema de que sería el primero al que mirarían. Probablemente lo atraparían… joder.

¿En qué se había convertido su vida? Había perdido su casa, vivía con un pastelito vampírico que usaba demasiados colores y hablaba por diez personas…

que salía en público disfrazado de oso como si fuera normal.

Lo único bueno era que aparentemente había molestado a Foxx.

Así que el vampiro no hablaba tanto, lo cual sin duda le explotaría en la cara después.

Suspiró al llegar a la zona donde podían facturar sus equipajes grandes, junto con la mayoría de sus —bueno, de Harlow— armas, y donde los autorizarían para llevar armas durante el vuelo. Foxx todavía solo tenía sus estúpidas pistolas de agua… aunque supuso que tendrían que aprobar el líquido.

La mujer que estaba sentada allí alzó la mirada cuando llegaron, y se dio cuenta de que era alguien que conocía.

Alguien con quien se encontraba a menudo por su trabajo.

Claro que tenía que ser alguien que le conociera.

Estaba bastante seguro de que se llamaba Jessica. No estaba seguro de su apellido.

El rostro de Jessica pasó del aburrimiento al entretenimiento en un instante. Miró primero a Harlow y luego a Foxx, su labio inferior tembló mientras contenía la risa.

—Cazador Harlow. —Tosió—. Ha pasado un tiempo.

—Solo revisa las maletas y escanéanos.

—¿Y quién es él? —preguntó ella.

—Soy Foxx Honeywell, el nuevo compañero de Harlow. Un gusto conocerte —dijo Foxx con una sonrisa al entregar sus documentos. Se le veía el rostro bastante bien detrás de la visera, aunque estuviera algo tintada.

Con lo efusivo y agradable que sonaba el vampiro, Harlow tuvo la sensación de que Foxx fingía. Lo miró fijamente.

Ella tomó las cosas de Foxx y empezó el proceso de facturación.

—Tienes un traje solar curioso. Me gusta.

—¿De verdad? ¡A mí también! Harlow, por alguna razón, lo odia. La vejez aparentemente no mejora el gusto.

Ella soltó una fuerte carcajada.

—Sí, con la edad los hombres empeoran.

Harlow trató de contener su ira mientras los dos continuaban hablando como viejos amigos.

De algún modo logró pasar la zona de facturación y llegar al avión sin estallar.

Caminó furioso por el pasillo, metiéndole prisa a Foxx delante de él.

Al encontrar una fila vacía, lo empujó al asiento de la ventana y se plantó en el del pasillo.

Luego empezó a mirar con cara de pocos amigos a cualquiera que pasara, retándolos a intentar colarse entre él y el asiento para sentarse.

La aerolínea que usaban era… barata por una razón.

En su mayoría, no había asientos asignados: embarcabas y conseguías asiento según la hora en que te registraste.

Así que, si el vuelo no se llenaba, había posibilidad de que el asiento de al lado quedase libre.

Añadió efecto a su mirada levantando el reposabrazos y ocupando espacio con las piernas.

Para ser justo, debía hacerlo, dada su estatura, para estar siquiera cómodo en esos espacios ridículos.

Foxx cerró la persiana de la ventanilla y desabrochó su visor. Aunque todos los aviones tenían ventanas con protección de rayos UV, incluso si algunos aeropuertos aún no habían arreglado los vidrios de sus terminales.

El vampiro lo miró de reojo.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó.

—Intento hacer que este vuelo sea menos embarazoso.

Foxx soltó una risita burlona.

—Pues embaraza a este oso.

Harlow lo miró con asco.

—Eso ni siquiera tuvo sentido.

—Lo que sea, no eres divertido —dijo el vampiro con un puchero.

Harlow contó hasta cinco en su cabeza. ¿Por qué el asesinato no podía ser una opción?

Foxx observó a Harlow con disgusto. El hombre estaba ahí sentado, con las piernas abiertas, luciendo atractivo… vaya desfachatez. El estúpido humano había fulminado con la mirada a cualquiera que se atreviera a hablar con Foxx. O con cualquiera con quien Foxx intentara entablar conversación.

Había, por supuesto, aprovechado las múltiples visitas de Harlow al baño para tratar de hablar con la persona del otro lado del pasillo.

En este caso, se trataba de una agradable anciana que era dulce como un pastelillo y no le importaba que Foxx fuera vampiro.

Y Harlow, el imbécil, había intimidado a la pobre mujer hasta callarla. ¡¿Quién mierda hace eso?!

Foxx rugió suavemente mientras su ira crecía. Le dieron ganas de golpearlo. No, le dieron ganas de matar. Sí, matar. ¿Pero sería él el primer sospechoso? Probablemente no. Harlow tenía demasiados enemigos.

Aj, pero en cierto modo le tenía cariño, y estaba decidido a convertirlo en su amigo… y, por la Diosa, sabía usar muy bien su polla…

—¿Algún problema? —preguntó Harlow con una sonrisa arrogante.

Joder, una buena polla. Siempre podía encontrar a alguien más. Lo fulminó más con la mirada mientras planes de asesinato se colaban por su mente.