26 Pruebas falsas
Estaba brillante y soleado cuando su avión despegó, y seguía brillante y soleado cuando aterrizaron.
Harlow siguió lanzando miradas de asco a Foxx mientras bajaban del avión y atravesaban el aeropuerto, pero a estas alturas, a Foxx ya se le había acabado la paciencia con Harlow.
Se sentía bastante violento e irritado. Y simplemente no era su yo alegre de siempre.
Les tomó media hora sacar sus cosas e ir a buscar el auto de alquiler. Cuando por fin estuvieron instalados, Foxx desabrochó su visor y luego lo volvió a abrochar rápidamente cuando el sol a través de las ventanillas empezó a calentarle la piel de una forma desagradable.
—El puto auto no está adaptado —rugió Foxx.
Harlow maldijo.
—¡Mierda! Los imbéciles no pueden hacer su jodido trabajo —dijo. El hombre se desabrochó el cinturón de forma brusca y abrió la puerta—. Quédate aquí —ordenó mientras se marchaba a toda prisa, sin duda dispuesto a hacerles la vida imposible a los del mostrador de la tienda de coches de alquiler.
Foxx suspiró. Le estaba dando dolor de cabeza. Necesitaba sangre, y probablemente Harlow necesitaba que se detuvieran en algún sitio para beber agua. Había tanto que tenían que hacer antes de poder siquiera ponerse a trabajar. Uf, conducir habría sido cansado, pero en cierto modo más conveniente.
Apoyó la cabeza en la ventanilla y esperó.
—¿Dónde está? —gruñó Harlow, mientras miraba la carretera desierta sin ver nada. Porque obviamente, tanto Foxx como su GPS estaban rotos.
—El GPS dice que está a la izquierda —respondió Foxx.
—Sí, bueno, si dejas de mirar el puto teléfono, te darías cuenta de que no hay una puta casa a la derecha y tampoco hay puta casa a la izquierda.
Foxx le lanzó un rugido, mostrando los colmillos, pero sí miró hacia arriba. El vampiro frunció el ceño.
—Deben haberla cambiado recientemente.
—O el tipo dio una dirección falsa.
—Podría haberse mudado desde entonces. Que yo sepa, no es obligatorio actualizar tu dirección después de registrarte en el Registro de Humanidad —dijo el vampiro.
—El chico tiene veintiún años. Se registró, como mucho, hace tres años. No es creíble que toda una casa desaparezca.
—Sí, bien, probablemente era falsa. ¿Vamos a la siguiente, entonces?
Harlow suspiró, dio una vuelta ilegal y volvió por donde habían venido. Foxx introdujo la siguiente dirección y volvió a empezar a molestarlo mientras intentaba guiarlo por esa ciudad de mierda.
Treinta minutos después, Foxx le estaba gritando.
—¿Qué haces? ¡Gira a la derecha!
Pisó el freno de golpe, haciendo que se presionaran contra los cinturones y que sus cuerpos se golpearan contra los asientos. Se giró poco a poco y fulminó al vampiro con la mirada.
—Foxx, ¡necesito que hagas algo más que mirar el teléfono cuando me guías! ¡Mira a la derecha! Dime, ¡¿por qué iba a girar?!
Foxx le devolvió la mirada y luego miró despacio a la derecha. El lugar donde se suponía que tenían que girar estaba cortado como a tres metros más adelante. Había carteles gigantes que indicaban que la carretera estaba cerrada y que usaran un desvío.
El vampiro volvió a mirarlo con los ojos abiertos.
—Bueno… ¡¿Cómo iba yo a saberlo?!
—¡MIRA CON TUS OJOS! —rugió Harlow con furia pura y desenfrenada.
Tratando de alejar la rabia, respiró hondo y tomó el estúpido desvío. Al final, llegaron a la segunda ubicación. Al menos había una casa, eso fue todo lo que podía decir.
Se quedaron mirando la casa, bastante bonita… y todos los juguetes del chico regados por el jardín. Sin mencionar el Mercedes en la entrada…
—No creo que esto pertenezca a Rodney James —dijo Foxx con un suspiro.
—A menos que viva con sus padres —gruñó Harlow con frustración.
—Su ficha decía que tenía diecinueve años, sin hermanos, y padres fallecidos.
—Entonces voy a arriesgarme y decir que la dirección que dio no era la suya.
—Lo siento, pero esto es jodidamente estúpido.
¿Sabes cuánto papeleo y mierda burocrática, comprobaciones y más comprobaciones y visitas en persona tienen que pasar los paranormales para registrarse en el R.R.E.P.
? ¿No hacen nada de eso en el Registro de Humanidad?
¿Ni siquiera pueden molestarse en verificar cosas tan simples como una dirección?
Cada vez que me mudo tengo que actualizar mi maldita identificación.
Hay controles más estrictos para abrir un jodido apartado postal en la oficina de correos.
Harlow hizo una mueca. Lo sabía. Una vez le dio curiosidad el proceso y lo investigó.
Era mucho. Para el RH había un único formulario que llenar y solo tenías que llevar el formulario y tu acta de nacimiento a la comisaría local.
Te tomarían las huellas, te analizarían la sangre para demostrar que eras humano y ya está.
—Me gustaría decir que sí, que verifican todo. Pero no, que yo sepa no hay un protocolo para comprobar si la información es real. Realmente solo les importa tu nombre, tu fecha de nacimiento y si eres realmente humano.
—Qué útil —resopló Foxx.
—Ha ayudado con la delincuencia en los últimos años. Tener las huellas y el ADN de la gente en archivo es jodidamente útil.
—Sí, pero hay grupos que quieren quitar ese requisito porque es demasiado invasivo para los pobres humanos indefensos. Como si a los paranormales no les registrasen todas las cavidades del cuerpo por cualquier puto motivo, solo para comprobar que el peso que pusimos no es mentira.
Harlow se atragantó.
—¡¿Registrar las cavidades?!
No recordaba haber leído eso. Bueno, había avisos vagos de que la información se verificaría por todos los medios posibles…
—Sí, hecho por los mayores babosos —rugió Foxx, visiblemente molesto solo de pensarlo.
Aunque el vampiro estaba molesto desde antes de aterrizar.
Mirando la casa, suspiró.
—¿Apuestas a que todas estas direcciones son de algún modo falsas?
—Todavía tenemos que verificarlas, ¿no? —preguntó Foxx, sonando fastidiado.
—Sí —gruñó Harlow.
—¿Cómo demonios entró este chico de diecinueve años en estos lugares para ser fotografiado? Todas las víctimas conocidas desaparecieron en un club o en un bar.
—Algunos son clubes de sangre que no tienen licencia para vender alcohol.
Foxx lo miró, perplejo.
—¿Por qué?
—Una teoría que escuché es que es más fácil encontrar sangre virgen por debajo de cierta edad. Personalmente creo que es una tontería.
—Es ilegal morder a alguien menor de dieciocho, a menos que tú también seas menor de dieciocho, además de que es ilegal convertir a alguien menor salvo que estuviera muriéndose.
Y la sangre virgen no sabe diferente a la no virgen.
Es un jodido mito. Probablemente solo sea un montón de pervertidos tras adolescentes —Foxx tuvo una arcada—.
Dame una lista de negocios que hagan esa mierda. Los voy a reportar al Consejo.
—Foxx… si tienen dieciocho años, es legal.
—Mentira. —Foxx cruzó los brazos y miró por la ventana.
Harlow suspiró y puso el auto en marcha otra vez.
Más de cuarenta pistas falsas después, Harlow estaba a punto de estrangular a Foxx. El vampiro era, por mucho, el peor copiloto que había conocido jamás. Foxx se negaba a levantar la vista mientras daba indicaciones. Eso lo estaba volviendo loco.
—Te lo juro, Foxx, ¡te voy a pegar un tiro!
—¡HAZLO! —lo desafió Foxx, gritando—. ¡TE RETO, VIEJO!
—¡SOLO MIRA PARA AFUERA MIENTRAS DAS DIRECCIONES! ¡¡¿ES TAN DIFÍCIL?!!
—¡Llegados a este punto, lo hago a propósito!
—¡LA PUTA MADRE! ¡¿POR QUÉ?!
—¡Porque eres un idiota! —rugió Foxx.
—¡Eres un imbécil mezquino!
Foxx sonrió con malicia.
—Oh, ni siquiera he empezado a ser mezquino.
—¡JODER!
—Solo aparca y yo bajo a imprimir las fotos —dijo Foxx con aspereza. Había empezado molesto el día, el sol se había puesto y de alguna forma, ahora estaba incluso de peor humor.
—Foxx… —dijo Harlow con vacilación, mientras aparcaba en un hueco libre frente a la comisaría local de Fortwest—.
No has interactuado con la policía local como cazador todavía.
Sinceramente, tratar con la policía siendo vampiro ya es un dolor de huevos.
Sin embargo, tratar con ellos siendo cazador puede ser… bueno, peor. Nos odian.
Foxx parpadeó varias veces. Miró a Harlow, sin saber si creerlo o no.
—¿Por qué nos odiarían?
—Es una mezcla entre que les jode que legalmente podamos hacer cosas que ellos no, y el hecho de que podamos entrar y atacar a criminales en sus territorios.
Respiró hondo y entrecerró los ojos mirando la estación.
—Así que estamos en una competencia de quién la tiene más grande.
—Básicamente. A veces está bien y a los locales les da igual.
Otras veces son un dolor. Y si esta comisaría es problemática, tú, por cómo eres y…
no quiero ofenderte en este momento, pero vestido como estás, probablemente intentarán joderte.
Si tuviera que adivinar cómo será esta comisaría…
bueno, estamos en Florida. Creo que no hace falta decir más.
Pero, ya sabemos que les costó más de la cuenta hacerse presentes.
—Vale, ¡vamos! —respondió Foxx, quitándose el cinturón y preparándose para bajar.
—Espera, Foxx.
Foxx se detuvo con la mano en la puerta.
—¿Qué?
—Cámbiate… el traje solar. Ya se ha puesto el sol, así que…
Soltó un suspiro calmado. No iba a perder los nervios con su compañero. No lo haría. Foxx sería bueno. Sería bueno.
Se quitó la capucha, abrió la solapa de velcro delantera y bajó la cremallera.
Se quitó los guantes y los dejó colgando del botón que los unía al resto del traje mientras sacaba los brazos.
Foxx se deslizó fuera del traje. Fue un movimiento algo torpe: tuvo que quitarse y volver a ponerse los zapatos, pero pronto quedó libre de su traje solar de oso.
Al salir, pensó en vengarse. Planes de comprarse el traje solar más chillón y grotesco del mundo se plantaron firmes en su mente.
Foxx encontraría ese traje, fuera lo que fuera, y lo llevaría puesto delante de Harlow en público.
—Vamos —repitió, con una sonrisa falsa y brillante.
Harlow entrecerró los ojos con sospecha, pero los dos salieron del auto y entraron.
Foxx se acercó al mostrador con una sonrisa, esperando que ayudara.
—Hola —saludó al agente de policía sentado detrás.
El hombre levantó la vista.
—¿En qué puedo ayudarles?
Tenía un cabello canoso que se le estaba quedando fino, el uniforme de policía le quedaba un poco apretado y tenía una cara muy poco amigable. Y no le gustó la cara de asco que hizo al mirar de arriba a abajo a Foxx.
Foxx se apresuró a sacar su placa de cazador. La sacó del bolsillo del pecho de su overol y la abrió.
—Estamos aquí por las desapariciones y muertes recientes en esta zona y necesitamos pedir prestada su impresora.
El hombre esbozó una sonrisa burlona.
—¿En serio?
La sonrisa de Foxx cayó un poco.
—Sí.
—Bueno, tendré que preguntar sobre eso. Puede que haya algunos formularios que rellenar, ya sabes, para que podamos compartir recursos.
Harlow golpeó el mostrador con la mano.
—Tienes cinco segundos. O nos das el código de la impresora y avisas a tus superiores del porqué estamos aquí, o te denuncio por interferir en una investigación de múltiples homicidios con más de cincuenta víctimas solo porque quieres montar un puto numerito territorial.
Foxx sonrió con malicia cuando el tipo palideció y dictó rápidamente un código antes de tomar el teléfono para hacer lo que Harlow había pedido.