13 Ven aquí
Foxx estaba bien acurrucado y calentito, soñando que jugaba en una fuente de sangre, cuando un sonido lo despertó.
—Foxx… despierta.
Fingió no escucharlo y se hundió todavía más en su manta de color azul pastel.
—Foxx, despiértate ya, o iré de compras sin ti.
Foxx comenzó a rugir, pero se detuvo cuando su cerebro adormilado empezó a registrar a quién le pertenecía esa voz grave. Parpadeó, echando un vistazo al hombre, asomándose desde la manta.
—¿Harlow?
—¿Quién cojones iba a ser sino? —gruñó el humano, de pie frente a él, con una camiseta y jeans negros, los brazos cruzados y una mirada de indiferencia.
—¿De compras?
—Sí. Ahora muévete.
—¿Qué hora es?
—Son las siete de la tarde.
Uf, apenas se había acostado hacía unas ocho horas.
Que, bueno, técnicamente era una noche completa de sueño, pero él prefería dormir entre diez y doce.
Le encantaba dormir… y como no había descansado mucho los últimos días…
pues sí, todavía estaba cansado. Se habría acostado antes, pero se había quedado hasta tarde asegurándose de que la camioneta de Harlow estuviera lista para la noche.
Después de pagar un precio ridículo, había conseguido que el trabajo se hiciera deprisa, y el vehículo debía estar esperándolo justo en el lugar donde Harlow lo había dejado al llegar.
Entrecerrando los ojos hacia el humano, preguntó sin pudor:
—¿Puedo dormir, no sé, dos horas más?
Harlow le lanzó una mirada de «no puedes estar hablando en serio» antes de decir:
—No. Levántate o me voy sin ti.
Foxx suspiró.
—Está bien… —dijo, aunque siguió sin moverse, hasta que Harlow tuvo el descaro de arrancarle las mantas de encima.
—¡Oye! —gritó, aferrándose a ellas mientras ambos entraban en una guerra de tirones.
—¡Levántate! —soltó Harlow, dejando ir las mantas. Foxx cayó de espaldas en la cama—. ¡Te quiero en mi Jeep en diez minutos o te quedas! —le gritó el humano mientras se alejaba a zancadas.
Foxx se incorporó y lo fulminó con la mirada.
—¡Como sea!
¿Por qué? ¿Por qué demonios se le había ocurrido a Harlow despertarlo?
Podría haber ido y vuelto del centro comercial en menos de una hora.
Pero no, su brillante idea había sido ser amable e invitarlo a acompañarlo.
Incluso había esperado hasta la puesta del sol para dejarlo dormir un poco más.
Aunque eso también fue porque él mismo se había quedado dormido: su cuerpo no quería moverse aquella noche.
Todo le dolía. Sentía el peso de la edad y los efectos de haber sido lanzado por una explosión.
Y tampoco era como si Foxx no pudiera haber ido, incluso si aún fuera de día. El centro comercial tenía cristales recubiertos y casilleros para guardar trajes solares. Habría podido comprar con total seguridad.
Harlow apenas contuvo un gruñido cuando Foxx volvió a revolotear de un escaparate a otro, como un pajarito emocionado, con su overol de mezclilla demasiado holgado y su suéter azul claro.
—¡Mira! Mira, Harlow. ¡Qué lindos esos suéteres! —exclamó, señalando con entusiasmo el escaparate.
Harlow observó a los maniquíes. Ni muerto lo verían usando eso. Pero definitivamente eran del estilo de Foxx. Desvió la mirada hacia él.
Dios, no podían ser más distintos. Harlow era pura sombra, vestido de negro de pies a cabeza, junto al solecito que era Foxx.
Negó con la cabeza, desesperado.
—No, Foxx. —Ya estaban casi frente a la tienda por la que había venido. Solo necesitaba arrastrar a ese condenado vampiro hasta allí.
Foxx arrugó su nariz llena de pecas, pero asintió con un suspiro. Y justo cuando estaba a punto de desviarse hacia otra tienda, Harlow le agarró el cuello del suéter y empezó a jalarlo hacia el Credo.
—Ven aquí.
—¡Espera! ¿Qué? ¡¿Por qué?! —protestó Foxx—. ¡La Caja de Ropa estaba justo ahí! —extendió las manos inútilmente hacia una tienda llena de ropa de colores brillantes.
Harlow gruñó, fastidiado.
—Foxx, no compraría ni una sola cosa en esa tienda. Ni en ninguna a las que has intentado arrastrarme. Tal vez tú sí, pero yo no. Vine por una sola tienda. UNA.
Foxx se soltó del agarre y caminó a su lado.
—Pero ¿cómo sabes que no te gustará nada si ni siquiera entras a ver?
—No necesito entrar. Desde afuera se nota que no usaría ni una prenda de las que venden.
Foxx lo recorrió con la mirada y suspiró.
—Supongo que, por lo que te he visto usar hasta ahora, no encajarías en ninguna de las tiendas por las que pasamos.
—Exacto. Mi estilo definitivamente no encaja con nada de eso. Ahora, sígueme.
Foxx se dejó caer en una silla cerca de los probadores mientras veía a Harlow revisar los estantes y exhibidores.
Intentaba no hacer pucheros mientras miraba alrededor de la tienda más aburrida que había visto en su vida.
Admitía que el negro y el cuero le gustaban…
en otros. Específicamente, en Harlow. Pero ver todo eso sin un cuerpo dentro no tenía nada de interesante.
La tienda Credo definitivamente no era para él. Mucho negro, jeans normales y aburridos y toneladas de cuero. ¿Le costaría tanto a Harlow añadir un poco de color a su armario? Aunque, claro, el hombre se veía jodidamente bien con lo que llevaba. Pero aun así, ¡el color era vida!
Luego lo pensó mejor… Harlow, con cuero… Observó al hombre mientras se quitaba la chaqueta, que tenía un gran desgarro en la espalda, probablemente de la explosión. No sabía qué tan cerca había estado, pero por lo rígido que se movía, había sido demasiado.
Su mirada se detuvo en los brazos gruesos y cubiertos de cicatrices que quedaron al descubierto. Aunque quiso quejarse cuando Harlow se puso otra chaqueta, bloqueando su vista, acabó sonriendo. El hombre se colocó frente a los espejos para verse.
Foxx se levantó y se acercó con una sonrisa inocente. Al ponerse a su lado, no pudo evitar disfrutar el contraste entre ambos reflejos. Harlow era grande y fuerte… y él, compacto. Pasó una mano por el brazo del cazador. El cuero era agradable y suave. Bueno, todavía algo rígido, por ser nuevo.
Harlow le lanzó una mirada de advertencia.
Foxx le respondió con una sonrisa aún más amplia.
—Te queda bien. Tal vez deberías comprarte unos pantalones de cuero a juego.
Harlow arrugó la nariz.
—Odio tener que ajustar pantalones de cuero.
Sus ojos se abrieron más con sorpresa.
—¿Así que tenías unos?
—Tenía. Unos cuantos. También tenía una motocicleta. Pero la perdí cuando el garaje se incendió.
Foxx hizo una mueca. Sabía lo que era perderlo todo. Aunque las cosas no fueran tan importantes como las personas, era un asco.
—Lo siento.
—El garaje se prendió después de que la casa ardiera. Así que tuve que elegir: o salvaba el Jeep, con mi arsenal y la poca ropa que me quedaba, o la moto… que además había desmontado para trabajar en ella. No había mucho que decidir.
Sí, sacar algo en piezas de un garaje en llamas no habría sido especialmente divertido.
—¿Y si pasamos por algunos concesionarios locales después de esto?
—Tal vez. Mi seguro de cazador probablemente cubrirá la pérdida. Pero tengo que decidir si vale la pena reemplazarla de inmediato o no. No van a pagarme todo al instante. Y prefiero recuperar algunas armas personales antes que la moto, que ya casi no uso.
Foxx asintió.
—Bueno, yo no tendría problema en comprártela.
—No —dijo Harlow con firmeza.
—Pero…
—Mira, sé que tienes dinero. Seguramente porque eres mucho más viejo de lo que dice esa tarjeta del gobierno. Pero no necesito que pagues mis cosas.
Foxx se encogió de hombros. Hombres y su orgullo.
—En fin. Supongo que debería ir ajustando unos pares nuevos —suspiró Harlow.
Foxx lo siguió hasta otro estante mientras el cazador revisaba pantalones de cuero. Cuando tomó un par, Foxx los miró con interés. Tal vez él también debería probarse unos. Nunca había usado pantalones de cuero.
Harlow se subió los pantalones con una mueca. Eran rígidos e incómodos. Se giró para mirarse por encima del hombro. Su culo, firme y musculoso, quedaba perfectamente enmarcado.
—Nada mal para un viejo —resopló.
Eran rígidos, sí, pero le quedaban bien. Se le estirarían con el tiempo, o con un poco de acondicionador de cuero. Se volvió a poner rápidamente sus jeans, tomó los pantalones y salió del probador.
—Foxx, déjame… —Las palabras se le atascaron al verlo. Se quedó helado, con los ojos bien abiertos. Foxx estaba de pie frente a los espejos, con un par de pantalones de cuero, mirándose a sí mismo.
El vampiro sostenía su suéter levantado, mostrando una cintura diminuta y un culo redondo, firme y mordisqueable. Podía llenarse las manos con él, un culo grande y jugoso.
El mejor que había visto en mucho tiempo… ¡Joder! Su miembro se endureció por completo mientras lo miraba, durante mucho más de lo prudente.
Foxx lo miró por encima del hombro, arqueando una ceja. Sus ojos bajaron por el cuerpo de Harlow y luego volvieron a su rostro. El rubor le subió a sus mejillas llenas de pecas. Sí, el vampiro definitivamente había notado su excitación, y probablemente podía olerla.
A la mierda. Se acercó por detrás y pasó la mano por la cintura de los pantalones. Foxx dejó escapar un pequeño jadeo.
—Te quedan bien. Deberías llevártelos —murmuró Harlow con una sonrisa ladeada.
Al mirarse reflejados en el espejo, casi podía imaginarse empujando al vampiro contra él, bajándole los pantalones y hundiéndose dentro.
Foxx carraspeó.
—No sé si…
—Llévatelos —gruñó.
El rubor del vampiro se intensificó, y un leve temblor recorrió su cuerpo mientras tartamudeaba:
—S-sí.
Harlow volvió a mirar ese culo. Quizá, solo quizá, valdría la pena lanzarse de lleno a su bisexualidad por una oportunidad con semejantes nalgas.