A primera molestia (Las Involuntarias Aventuras de Harlow y Foxx 1) 2 Deliciosa violencia #2
10%

2 Deliciosa violencia #2

—¡Yo no soy el vampiro! —gritó el humano, arañando a Harlow con las manos, tratando de zafarse.

Harlow apenas sintió los débiles intentos. Procedió a golpearle la cara contra la pared unas cuantas veces más antes de mantenerlo ahí.

Verán, el Gremio de Cazadores trabajaba distinto a la policía.

Lo que a un oficial podría meter en serios problemas si hacía algo parecido a lo que acababa de hacer Harlow —bueno, si lo atrapaban y lo denunciaban, o si no se valía del retorcido sistema legal para librarse—, a él no lo constreñía la ley.

En lo personal, Harlow pensaba que algunos de los peores policías le tenían envidia por eso.

Sí, tenía que colaborar con las autoridades, pero los cazadores no les caían nada bien.

En todo caso, los cazadores tenían inmunidad en muchos aspectos, debido a lo peligrosas que podían ser las criaturas paranormales a las que se enfrentaban.

Mientras no matara a los aspirantes a cazadores que fueran humanos, estaba bien.

Aunque sí estaba autorizado a matarlos en defensa propia.

La verdad, la única razón por la que se esforzaba en evitarlo era la cantidad absurda de papeleo que eso implicaba.

Harlow habría matado a muchísimos más humanos si no fuera por el maldito papeleo.

Eso sí, si mataba a alguien que no debía, era cárcel inmediata, o peor.

La sangre resbalaba por la pared. Los lentes del hombre ahora eran pedazos de vidrio y plástico en el suelo. Harlow había escuchado un crujido, así que supuso que probablemente le había roto la nariz.

También había ahora un charco en el suelo, prueba de que Ned se había orinado encima. A Harlow le habría resultado gracioso, de estar planeando matarlo. Pero como no era el caso, lo único que sintió fue fastidio por haber perdido horas de sueño por culpa de ese imbécil.

—Escucha bien, estúpido idiota. No puedes ir por ahí intentando matar vampiros. Existen leyes.

—Pero son abominaciones —se quejó Ned—. ¡No tienen derechos!

—¡Eso… es… ilegal! —espetó Harlow, estrellándole la cara contra la pared con cada palabra—. ¡¿Lo… entiendes?!

—¡SÍ! —chilló Ned—. ¡Ya no me hagas daño!

—¡BIEN! —ladró Harlow. Con la mano libre sacó una brida, soltó el cuello de Ned, le llevó los brazos a la espalda y lo ató con fuerza—. Siéntate en el suelo, o te voy a romper algo más que la nariz.

Ned se dejó caer entre sollozos, justo en el charco de orina. Genial… justo lo que necesitaba en su auto: orina.

Negando con la cabeza, se giró hacia el vampiro, que había observado todo el espectáculo en silencio. Harlow se obligó a preguntar:

—¿Estás herido?

Por primera vez desde que entró en la habitación, se detuvo a examinar al vampiro.

¿Qué demonios? ¿Era eso un overol? ¿Su suéter tenía un corazón rosa?

El vampiro lo miraba con unos enormes ojos verde aguamarina y sonreía, con las mejillas sonrojadas, como si Harlow no acabara de dejar ensangrentado a un hombre frente a él.

Tenía una sonrisa torcida, mostrando solo un colmillo…

y para colmo, tenía hoyuelos. ¿Qué jodida clase de vampiro tenía hoyuelos?

El vampiro parecía joven y era bajísimo. No pasaba del metro sesenta. ¿Por qué estaba llevando sombrero? ¿Tendría una calva escondida bajo él?

Harlow resopló al pensarlo. ¡Qué gracioso sería que tuviera todos esos rizos negros y, en medio, un domo brillante!

El varón empezó a acercarse y de pronto se aferró a su brazo como un pulpo.

—¡Gracias por salvarme, señor! Mi nombre es Foxx Honeywell —dijo con alegría, con un acento marcado. ¿Británico, tal vez? El condenado hasta se dio el lujo de batir sus largas pestañas negras… y Dios, el chico tenía pecas en las mejillas y sobre una nariz respingona.

Aunque, «chico» quizá no era correcto. Foxx parecía tener veintitantos, pero eso no significaba que así fuera.

En realidad, todos los instintos de Harlow le decían que estaba en una habitación con un depredador muy peligroso.

Una sensación que Harlow rara vez tenía, incluso enfrentándose a criaturas paranormales de las que sabía habían hecho cosas realmente atroces.

Mierda, ¿qué tan distraído estaba como para dejar que Foxx se le acercara tanto?

Harlow intentó apartar al vampiro de su brazo, pero no pudo.

—Suéltame —gruñó.

Foxx hizo un puchero, pero sí lo soltó.

—¿Quieres que seamos amigos? Creo que podríamos llevarnos muy bien —dijo el vampiro. Sus palabras eran prácticamente un ronroneo.

—No… —respondió Harlow despacio, confundido.

Qué… rarito…

—Aay, venga.

—No —dijo con firmeza esta vez—. ¿Identificación? —preguntó, sacando de su bolsillo el lector.

Foxx suspiró, sacó una tarjeta del bolsillo frontal de su overol y la mostró.

Harlow le echó una mirada rápida, conteniendo a duras penas la risa al ver la fecha de nacimiento que figuraba.

Ciento veinticuatro años, una mierda, pensó.

Pasó la tarjeta por el lector. Este pitó, confirmando la lectura.

La información le llegaría automáticamente por correo.

Guardando de nuevo el aparato, le devolvió la identificación y asintió de manera torpe antes de agacharse para levantar a Ned de los brazos.

El hombre gimoteó, pero Harlow lo ignoró.

—Si no estás herido, eres libre de irte. El Gremio de Cazadores se pondrá en contacto contigo si tenemos alguna pregunta —gruñó Harlow. Y sin esperar respuesta, arrastró a Ned fuera. Lo único en lo que pensaba era en la cama que lo esperaba en su casa y en la semana libre que se había agendado.