1 Un brusco despertar #2
Foxx admitiría que muchas veces entraba en esos lugares y se iba sin dar un mordisco.
No era precisamente el tipo ideal para la mayoría de humanos que buscaban alimentar a los de su especie.
Lo sabía. Obviamente, el portero se dejaba llevar por estereotipos sobre cómo debía o no debía verse un vampiro.
¡Pero Foxx no podía evitar tener estilo!
En lo personal, él pensaba que estaba absolutamente adorable con su overol de mezclilla y su grueso suéter amarillo, con un corazón rosa en el lado izquierdo del pecho.
Como si fuera un personaje de videojuego, je, je.
Lo había combinado con una gorra abombada color beige que quedaba perfecta con sus cortos rizos negros, y un par de tenis blancos y gruesos.
¡¿Qué más se podía pedir?! ¿Maquillaje? ¡Pues también llevaba!
Un leve brillo oro rosado en los párpados y brillo de labios.
Sin base, pero con un toque de iluminador porque sí.
Estaba seguro de que resaltaría bajo las luces fluorescentes de la noche, sobre todo en un club.
La mirada del hombre volvió a recorrerlo. Permaneció en silencio unos segundos, mientras Foxx escuchaba a la gente en la fila detrás, quejándose por la espera.
Podría pedirle ayuda a otro vampiro… pero uno no ayuda a la competencia en territorio de caza.
El portero suspiró.
—No. Ahora vete —dijo, volviendo a espantarlo con las manos.
Se decía que el segundo nombre de Foxx era «terco». Sacó la identificación del bolsillo del pecho y se la lanzó a la cara.
El calvo se echó para atrás y pareció a punto de estallar. Sorprendentemente, logró atrapar la tarjeta antes de que cayera al suelo. Algo de habilidad tenía.
—Tú…
—¡Mírala! —exigió Foxx.
El hombre apretó los labios, pero bajó la vista antes de mirarlo de nuevo, con los ojos abiertos de par en par. Era difícil confundir esa identificación con otra cosa. Las criaturas paranormales tenían carnets muy especiales.
Era un requisito gubernamental universal: sin importar en qué país vivieras —si es que el país te aceptaba—, tenías que registrarte en el Registro de Reconocimiento de Existencia Paranormal, o R.R.E.P.
La versión estadounidense de la tarjeta para paranormales era azul y morada, con una capa tornasolada brillante encima, y varios sellos difíciles de falsificar.
Además de sus datos, que, obviamente, incluían un año de nacimiento falsísimo, había un emblema redondo en la esquina inferior derecha con un holograma de colmillos de vampiro, que lo identificaba claramente como tal.
—¿Y bien? —preguntó Foxx, incapaz de ocultar la satisfacción en su voz.
El hombre puso los ojos en blanco y le devolvió la identificación antes de apartarse de la entrada sin decir palabra.
¡Eso pensaba! Foxx recuperó su tarjeta y la guardó en el bolsillo. Con la cabeza en alto y un «jum», pasó junto al hombre y entró.
Pasó al lado del guardarropa, rechazó dejar su gorra ahí y se adentró en la pista principal. El ambiente era oscuro, el mobiliario gótico en varios tonos de rojo y negro, y la música… grunge.
Sí, eso describía prácticamente cualquier bar o club de sangre que hubiera surgido hasta el momento.
¿Les habría costado tanto añadir algo de color?
¿Tenían que hacer que todos parecieran una mala película de vampiros?
Tal vez intentaría convencer a su mejor amigo, Alastair, de abrir un club de sangre más de su estilo.
El hombre siempre estaba abierto a nuevos proyectos.
Seguro que no le importaría empezar con otro, ¿no?
Y, sinceramente, seguro que no era el único vampiro —ni humano— al que no le iba toda esa estética.
Tal como eran esos clubes, seguro espantaban a muchos.
El club estaba dividido en dos. La primera parte tenía mesas y reservados, y la segunda, una enorme pista de baile. Arriba había una sección VIP con otra pista más pequeña, pero ¿para qué gastar dinero en eso?
Foxx era muy consciente de que destacaba, lo cual para él era algo bueno. ¿Qué mejor manera de hacerse notar que no parecerse a los demás?
Consiguió un reservado junto a la pared, pidió una limonada con fresa y sangre, y se lanzó a la pista de baile. Serpenteando entre los cuerpos, llegó al centro y levantó los brazos, echando la cabeza hacia atrás y bailando como si no hubiera un mañana.
Vio… más vampiros que humanos, para su desgracia. No es que tuviera nada contra los de su especie, pero morderse entre ellos era redundante, y ninguno se alimentaría al final.
Cuando un vampiro bebía la sangre de un humano, los nutrientes se absorbían en su cuerpo. Por lo tanto, beber sangre de otro vampiro no aportaba nada. Si buscara sexo, bueno… pero él buscaba sangre.
A lo largo de la noche, algunos lo invitaron a pasar un rato sexy y divertido, pero todos acabaron marchándose con otro vampiro o uno o dos humanos, mientras Foxx permanecía solo.
Dos horas después de su frenesí de baile, unas manos se posaron suavemente en sus caderas. El aroma era como polvo, casi como de talco para bebé, mezclado con sudor; no necesariamente agradable, pero tampoco insoportable. Quien estuviera detrás de él olía nervioso.
Foxx inhaló hondo y se sorprendió al descubrir que el hombre que lo sujetaba era humano.
Girándose, le lanzó una mirada coqueta. Aunque el humano llevaba una capa con la capucha puesta, su visión le permitió ver lo corriente que era: cabello castaño, ojos marrones, piel pálida y unas gafas gruesas.
Promedio, quizá hasta un poco nerd, pero el aspecto no importaba mucho cuando se trataba de sangre, así que ¿qué más daba?
Si este humano estaba dispuesto, Foxx no tenía reparos en usar su mordida para darle placer mientras calmaba su sed.
—Hola —gritó, mirándolo con una sonrisa amistosa que sabía que dejaba a la vista uno de sus colmillos. Le habían dicho que su sonrisa era asimétrica y que solo uno de ellos se mostraba al sonreír.
El tipo le devolvió la sonrisa… bueno, una especie de sonrisa. Solo que costaba mirarla y era torpe
—Soy Ned. ¿Buscas… un trago? —preguntó el hombre con cautela, pero lo bastante alto para que se oyera por encima de la música.
¿Oh, directo al asunto? Le servía.
—¡Así es!
—¡Salgamos de aquí! —gritó Ned antes de darse la vuelta y abrirse paso entre los que bailaban.
Bueno… eso había sido un poco brusco, pero ¿para qué ponerse quisquilloso? Él buscaba comida, no sexo.
—Entonces, ¿de verdad no te molesta alimentarme? —preguntó Foxx, sintiéndose un poco suspicaz pero esperanzado, mientras lo seguía entre las mesas. El humano se detuvo y lo miró por encima del hombro, moviéndose inquieto.
Ned se metió las manos en los bolsillos de la capa antes de responder.
—No, pero prefiero ir a un sitio más privado. —Sus ojos parecían un poco demasiado abiertos… como si intentara parecer inocente o sincero.
Esto empezaba a parecer una trampa. ¡Pero solo se vive una vez! Bueno… dos en su caso. Foxx ya había muerto técnicamente una vez. Y esta segunda vida acabaría algún día. Además, la sangre envasada no sabía ni de lejos tan bien como la fresca, y tenía ganas de hincar el diente.
Se abrazó al brazo de Ned, quien se estremeció ante su tacto.
—Entonces guíame —dijo Foxx con alegría.