A pesar de todo, tú (Sempiterno 2) Capítulo 39 #2
92%

Capítulo 39 #2

Dejo de respirar y su agarre es lo único que me mantiene firme.

Mueve los ojos con rapidez por mi rostro mientras me mantiene pegada a él con fuerza para que no me mueva.

Pero, aunque quisiera, no podría hacerlo.

Creo que, si me levanto, me caeré. Escucho con atención lo que me cuenta, lo que Donald ha hecho con él y con Crystal, y hago un gran esfuerzo por no desmayarme de la impresión.

Cuando termina, lo miro un momento y recapacito.

Por eso lleva dos días sin apenas tocarme, hablarme o mirarme, porque sabe que tiene que irse y no me lo ha dicho.

Estoy tan furiosa, tan… que rompo a llorar.

Ojalá pudiera retroceder un año, o dos, y volver a Madrid, cuando me pasaba horas de aquí para allá trabajando y buscando local para mi estudio, cuando mi tía seguía viva y yo no tenía ni puñetera idea de nada, ni siquiera de la existencia de Zeus.

Quiero desaparecer, cerrar los ojos y que todo se esfume.

Pero, muy en el fondo, si miro al hombre del que me he enamorado con locura, sé que no sería feliz en ninguna vida pasada —ni futura— si él no está en ellas.

Dios, es tan guapo, tan alto, tan misterioso y romántico. ¿Cómo voy a soportar un año sin él?

Inspiro hondo. Otra vez toca ser fuerte, pelear y afrontar, como he hecho siempre.

Ni siquiera entiendo cómo llegué a pensar que mudarme a otro país arreglaría todo y que la vida se volvería de un rosa empalagoso.

Menuda idiota soy. Al soltar todo el aire de mis pulmones, lo observo: el rojo de sus ojos, la barba incipiente por no afeitarse en dos días, el pelo alborotado, las ojeras marcadas…

No soporto verlo así. Me necesita y tengo que estar a su lado.

—Vamos a superarlo, Zeus. —Levanta su mirada apagada con un brillo de esperanza, asintiendo varias veces como si tuviese que convencerse a sí mismo. Tomo sus manos y le beso los nudillos—. Va a ser muy duro, pero lo superaremos juntos. Voy a echarte tanto de menos...

Lo abrazo sin poder aguantar las ganas de llorar, hundiendo la cara en el pliegue de su cuello, ¿cuántas veces más podré hacerlo antes de que se vaya?

***

Esto es lo que menos me apetece. Solo quiero seguir en la cama, entre los brazos del hombre al que tendré que despedir en unos días.

Ni siquiera nos queda una semana. Ahogo un sollozo al ver nuestro reflejo en los espejos del ascensor, vestidos con elegancia para asistir a la cena que han organizado Dan y Jess, como si mi corazón no estuviera desmoronándose con cada segundo que pasa y más me acerco a ese día inevitable.

—No tenemos por qué ir, honey .

Dios… ¿cómo voy a sobrevivir un año sin sus dulces apodos?

Reprimo las ganas de llorar. Aún no ha hablado con su familia ni con nuestros amigos, y no quiero que se huelan algo durante la cena y es tropearles el momento.

Aprieto su mano con fuerza, como si eso bastara para que no tenga que marcharse de mi lado.

—Se merecen que estemos con ellos, son nuestros amigos.

Zeus asiente sin decir ni una palabra y aparto la mirada, aunque no quiero hacerlo.

Lo último que deseo en este momento es fijarme en otra cosa que no sea él, pero tenemos que subir al coche ya si no queremos llegar tarde.

Durante el trayecto, no suelto su mano y, en el interior del Porsche, solo hay silencio; no quiero oír nada que no sea su voz o… su respiración.

Va a ser un año muy largo.

Al llegar al restaurante, no presto atención a cómo ha quedado la entrada, ni siquiera me fijo en los detalles del interior.

El corazón me late con tanta fuerza al ver a todos nuestros seres queridos sonreír y charlar entre algunos invitados que no conozco —ajenos a lo que está ocurriendo—, que, por un instante, solo quiero dar media vuelta y salir corriendo.

—¡Ava, Zeus! —Jess se acerca a mí con una sonrisa preciosa, pero se le esfuma al verme y se detiene un momento.

Sé que nota todo en mí. Sin necesidad de explicarle nada, sabe que pasa algo, pero niego con la cabeza para que lo deje estar, así que termina de acortar la distancia entre nosotros—.

Me alegro de que hayáis llegado ya. ¿Qué os parece?

Ella se gira y nos muestra el espacio: lujoso, elegante, con lámparas de araña de cristal y brillos dorados, suelos de mármol, paredes blancas y una decoración tan glamurosa como esperaba.

Pero, en este momento, me importan bien poco los malditos acabados de los pomos de las puertas cuando faltan días para despedirme de Zeus por un año.

Sin embargo, es mi mejor amiga, mi hermana, así que sonrío porque, a pesar de lo miserable que me siento, se merece que hoy esté feliz por ella.

—Jess, has cumplido tu sueño —murmuro abrazándola. Cuando noto su cuerpo, el llanto me atenaza el pecho, pero la estrecho con más fuerza contra mí ahogando así las lágrimas para no estropear el momento. Al separarme, sus ojos me estudian, pero decido obviarlo.

—Sí y tú estás aquí conmigo para celebrarlo.

Asiento, conmovida por todo. Dan se acerca a saludarnos y nos invita a tomar algo.

No tengo hambre ni sed, solo quiero irme y esconderme con Zeus en el ático.

Aun así, cojo la copa llena de champán caro y burbujeante, y un canapé coronado por una gamba.

No pasa ni un minuto cuando me presenta a sus padres y Zeus los saluda porque ya los conoce.

Tras intercambiar una mirada significativa, decidimos esforzarnos por disfrutar de la velada con nuestros amigos.

Probablemente, su última noche con ellos antes de que se vaya.

Después, nos sirven la cena y la acompañamos con unos vinos que pretenden incluir en la carta.

Jayden llega un poco más tarde, pero a tiempo para charlar un rato con nosotros.

Por un instante, mientras hablo con mis amigos, consigo olvidarme de todo…

hasta que Dan se levanta para dar un discurso que se clava en mi pecho, agradeciéndonos todo nuestro apoyo.

Agarro la mano de Zeus y la dejo sobre mi regazo mientras seguimos escuchando.

Dan también da las gracias a sus padres por acoger a Jess como una más de la familia.

Mi amiga se seca unas lágrimas, sé que le habría gustado que sus padres estuviesen aquí, pero siempre han sido unos desagradecidos que no han sabido valorar todo lo bueno que Jessica significa en sus vidas.

Intento contenerme porque sé que si empiezo a llorar ahora, sería un llanto más desgarrador que en cualquier otro momento.

Pero cuando nuestro amigo se gira hacia ella… ya no puedo soportarlo más.

—Mi preciosa y alocada gatita, has sido el aire fresco que he estado esperando toda mi vida.

Eres mis risas, mis latidos desbocados y mis enfados más intensos.

—Se escuchan algunas risas mientras yo no dejo de moquear—.

Pero, sobre todo, has sido mi felicidad más absoluta, mi sueño cumplido.

Me enamoré de ti en cuanto te vi esa noche en mi club queriendo estrangular a uno de mis camareros.

—Los demás vuelven a reír y a mí se me escapa una risa sincera en medio del llanto.

Me dejo llevar por mis emociones, camuflando el verdadero significado de mi estado, en cuanto presiento qué está a punto de ocurrir cuando Dan mete una mano en el bolsillo de su chaqueta—.

Ya no puedo vivir sin ti, te has clavado en lo más hondo de mi corazón, formas parte de mi alma y me harías el hombre más feliz de este mundo si aceptases casarte conmigo.

Dan está a punto de arrodillarse, con la cajita negra en las manos, pero mi amiga salta de la silla antes de que lo consiga y le rodea el cuello con los brazos, chillando de alegría.

Daniel la eleva en un impulso, antes de que ambos acaben en el suelo, y la besa con fuerza mientras ella repite una y otra vez un «sí, quiero» que se habrá oído por todo el Upper East Side.

En medio de todo el alboroto, mis ojos se encuentran con los de mi amor más absoluto. Mientras todos celebran, yo solo puedo pensar en todo lo que vamos a ser el uno sin el otro este año, y se me parte el alma un poquito más. Si es que es eso posible…