A pesar de todo, tú (Sempiterno 2) Capítulo 37 #2
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Capítulo 37 #2

—Edificio en Times Square —interviene, dejándome pasmada—. ¿Siguen vivas?

—Solo Marga, la tía murió el año pasado.

Mis palabras me asombran, hacía meses que no hablaba de ella y afirmar que murió hace tanto me duele muchísimo. Las cosas serían más fáciles si estuviera viva.

—Es una lástima, María era una mujer maravillosa. —William toma asiento y le asoma una sonrisa en los labios al recordarla—. Era simpática, hermosa y divertida. Teodoro tuvo mucha suerte. Se notaba lo enamorados que estaban y fue desolador presenciar el dolor en ella cuando lo mataron.

Mi corazón va a mil por hora cuando escucho que dice lo mismo que Marga me contó al hablarle de mi familia. Dejándome llevar, me pongo de cuclillas frente a él, sin importar que Zeus no se despegue de mí ni un segundo.

—Eso me lo contó Marga. También que la dejaste cuando vuestras hijas no volvieron.

—Me fui de casa cuando no volví a ver a mi pequeña Sandra. —Su lamento es desgarrador, pero la mirada le cambia a una de rabia al referirse a su otra hija—. En cambio, desearía no volver a ver a Ana. Solo me ha traído problemas y deudas. ¡Mirad dónde vivo!

—Yo puedo ayudarte —digo sin pensar.

—¡Ava! —exclama Zeus, tan sorprendido como yo por lo que he dicho. Me agarra de una muñeca y me saca a la calle, encajando la puerta al salir—. ¿Te has vuelto loca?

—No, solo quiero ayudarlo.

—No lo conoces de nada, hasta hace unos meses no sabías ni que existía. ¿Cómo pretendes ayudarlo?

—Tenía un proyecto en mente que quería hablar contigo.

Zeus maldice y se pasa las manos por la cara. Llevo tiempo dándole vueltas al tema, nunca lo había comentado porque algo me dice que es una locura, pero quiero hacerlo. Y, sabiendo que Marga es mi abuela, las cosas pueden ser más fáciles ahora.

—¿Y hasta ahora no has encontrado el momento de contármelo? —brama Zeus, aunque intenta controlarse.

—No era algo a corto plazo.

Sus ojos negros me escudriñan.

—¿De qué proyecto hablas?

—Verás…

—Ava, dilo de una vez.

—No puedo si me llamas por mi nombre.

Estoy nerviosa y eso lo pone nerviosos a él. Abre los ojos y pestañea un par de veces sin quitarme ojo.

—¿Qué problema hay en que te llame por tu nombre? —Suelta una risa, incrédulo de que estemos teniendo este debate y se gira unos segundos hacia la carretera antes de volver a mirarme—. Esto es una locura.

—Pareces enfadado cuando me llamas por mi nombre y no quiero que estés enfadado.

—No lo estoy. —Intenta sonreír y parecer tranquilo, pero a mí no me engaña. Segundos después, respira hondo—. Háblame de ese proyecto, honey .

—Quería quedarme con el edificio de Marga, comprarle el apartamento de Jess y agrandar el estudio en toda la planta. Las de abajo se quedarían como viviendas para alquilar.

No se lo cree y está alucinando. Lo veo en su cara, pues se le han tensado los músculos.

Se pellizca el puente de la nariz, se echa el pelo hacia atrás y maldice mil veces por lo bajo.

Yo miro de reojo a la puerta, por donde veo que William nos observa.

Tras varias vueltas, como si fuese un animal salvaje enjaulado, Zeus vuelve hacia mí.

—¿Podemos estudiarlo? También está la casa… No es por el dinero, es solo que… —dice, pero niego con la cabeza, pasándole los brazos por los hombros.

—La tendremos, es mi prioridad tener una casa nueva contigo, donde formar nuestra familia.

Pero el estudio va muy bien, quiero que tu hermana trabaje conmigo y necesitamos espacio.

—Es la verdad, el estudio está creciendo como la espuma—.

Creo que es una buena inversión. Confía en mí.

—Le beso la punta de la nariz para que se relaje—.

Podría darle un piso a William si deja que lo ayudemos, fíjate en qué condiciones vive.

Pero Zeus no mira a nada más que no sea yo. Me acaricia el pelo con las manos, acercándose a mis labios.

—Joder, honey , eres demasiado buena. —Me besa con delicadeza y pega su frente a la mía—. Conócelo mejor y hablamos del edificio. ¿Qué te parece?

—Perfecto.

***

Pasamos la tarde conociendo un poco a William.

Nos ha contado que Ana se metió en líos de apuestas, además de las drogas, y le dejó una deuda de varios miles de dólares.

Intentó saldarlas, pero su trabajo en una zapatería no era suficiente para cubrir todos los gastos y terminó en la calle.

Ana no tiene remedio, parece haber venido al mundo para hacer daño y arruinar la vida de los demás.

Cuando el sol ha caído y la casa se vuelve oscura, alumbrada por unas velas, la pena se instala en mí una vez más. Se me parte el corazón al despedirme de este anciano que vive en la miseria. Le cojo las manos y le entrego una de las tarjetas del estudio que siempre llevo en el bolso.

—William, me alegra mucho haber podido compartir contigo una charla tan significativa. Tienes mi número ahí, no lo pierdas y no dudes en ponerte en contacto conmigo siempre que lo necesites.

—Por supuesto, hija mía, déjame asimilar todo esto. Te llamaré en cuanto me reponga. —Mira a mi derecha y dedica una sonrisa amable a Zeus—. Creo que me he hecho una imagen de ti que nada tiene que ver con tu persona.

Zeus asiente, le da una mano y espera hasta que William se la estrecha. Nos dirigimos al coche cuando un ruido llama nuestra atención.

—Chico —llama William a Zeus—, quiero hablar contigo a solas. ¿Es posible?

Zeus me mira, asiento y se marcha al interior de la casa.

¿De qué tendrá que hablar con él? Observo el cielo oscuro sin estrellas, pero aun así tranquilizador.

Estoy contenta y emocionada, al final hemos podido charlar sin que nadie se eche nada en cara y eso es todo lo que necesito por ahora.

Me siento afortunada de haber descubierto que otro integrante de la familia de mi madre merece la pena, y eso me va a hacer feliz el resto de mi vida, sea cual sea el resultado final.

Unos minutos después, Zeus sale de la casa y me despido del padre de Ana con un gesto de la mano. No sé si algún día llegaré a llamarlo «abuelo». Cuando subimos al coche, me dejo caer sobre el hombro Zeus.

—¿Qué quería? —pregunto, mientras me acaricia el pelo.

—Nada importante, se ha vuelto a disculpar.

—Qué raro.

Me gustaría sonsacarle la información que sé que no está dándome, pero me estoy quedando dormida ahora que la adrenalina ha abandonado mi cuerpo .

—No le des muchas vueltas —susurra contra mi pelo y me besa—. Cierra los ojos un rato hasta que lleguemos a casa. Lo necesitas.

Dejo que el sueño me lleve, necesito descansar después del día de hoy. Solo espero que William me llame algún día.