A pesar de todo, tú (Sempiterno 2) Capítulo 35
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Capítulo 35

Los titulares son impactantes.

«El farmacéutico Donald Lewis, acusado de tráfico ilegal de medicamentos».

«Donald Lewis, farmacéutico en el punto de mira por vender sus fármacos de forma ilegal».

«Investigado Donald Lewis por vender fármacos sin receta a personas enfermas, y su hija, Crystal Lewis, por posible complicidad».

«¿Cuántos años podría pasar en prisión el famoso farmacéutico Donald Lewis?».

Cambio de canal como un loco para asegurarme de que está por todas partes.

Desde hace unos días, cuando Donald se atrevió a acercarse a Ava, supe que no le daría ni un segundo más para redimirse, se acabó en ese momento.

La petición de Ava solo fue como un permiso silencioso, aceptado por su parte ante lo que iba a hacer.

Lucas envió esa misma noche los contratos firmados por mí, en los que aseguraba que la información sería confidencial frente a los medios, que no recibiría ni un centavo por ello y que aportaba copias de las pruebas legales que demostraban la veracidad de lo entregado.

Desde que las noticias empezaron a salir en los informativos, he recibido llamadas, mensajes y correos electrónicos sin descanso, pero no he atendido el teléfono en toda la mañana.

Solo he visto las noticias junto a mi mujer, mientras notaba cómo un peso enorme se desprendía de mis hombros, dejándome respirar después de muchos años prisionero de toda esta mierda .

Ahora, preparados para ir a trabajar, cojo a Ava de la mano y me pongo a revisar todas las notificaciones que tengo, pero solo una consigue que me quede petrificado de emoción en el sitio.

—¿Qué pasa? —escucho a Ava preocupada.

Sin embargo, yo solo puedo leer una y otra vez el documento que Lucas me ha enviado hace unas horas, pero que yo no había visto antes porque no había cogido el teléfono hasta ahora. Levanto la cabeza despacio y miro a Ava.

—El Vitality es nuestro —murmuro, sintiendo cómo me tiemblan las manos. Sus ojos se agrandan conforme va procesando la noticia.

—¿Qué? ¿Cómo?

Ava me abraza, riendo. Me besa varias veces y guarda el teléfono en el bolsillo de mi americana. Tiene que cogerme la cara y guiar mi mirada hacia la suya para que reaccione.

—En cuanto los medios hicieron públicas las acusaciones de Donald, mis abogados, incluido Lucas, se han puesto a trabajar —empiezo contándole, estrechándola entre mis brazos—, consiguiendo que, por estar acusado de tráfico ilegal y posible extorsión a su hija, se le obligara a ser cómplice.

Aunque todavía hay que demostrarlo, de momento le han quitado la posibilidad de seguir ejerciendo y, además, el poder sobre el hospital.

—Eso es increíble. No sabes lo feliz que estoy por vosotros.

—Por fin podré deshacerme de Crystal. —Guío a Ava fuera del ascensor y la miro a los ojos en el garaje—. Ya no tendremos que volver a verla.

—Zeus, ¿vas a despedirla?

La sorpresa en su voz me pilla desprevenido porque creía que los dos queríamos deshacernos de ellos. Pero, por su expresión, parece que ella no.

—Por supuesto, no quiero volver a verla.

—No puedes hacer eso, es muy cruel.

¿Se está quedando conmigo? ¿Cruel? No nos han dejado vivir, nos han mentido, amenazado y manipulado. Los quiero fuera de mi hospital y de nuestras vidas ya. Ava coloca los brazos en jarras y me observa, esperando una respuesta.

—No voy a cambiar de parecer, Ava. Además, lo más seguro es que también haya estado metida en el tema del tráfico. No pienso tenerla en mi plantilla ni cerca de mis pacientes.

A ella le da igual lo que le digo, pues me mira como si estuviese cometiendo el mayor error de mi vida.

—No sabes si ella ha estado al tanto de lo que hacía su padre.

Es una buena profesional, tú mismo lo has dicho muchas veces.

—No hago ningún gesto. Sí, es cierto que lo he dicho, pero eso no significa que vaya a tolerar la situación.

Ava cambia su peso al otro pie—. ¿Piensas dejarla en la calle?

Vamos, cielo, ¿y si solo es una hija manipulada por su padre?

¿Por qué no la investigas y, si encuentras algo feo de ella, entonces la echas?

—Tiene que ser una puta broma —maldigo, separándome de ella.

Mis ojos buscan los suyos. Joder, no puede estar pidiéndome esto. Tras un momento de silencio, Ava acorta de nuevo la distancia que he puesto entre nosotros.

—Zeus, por favor, me sentaría fatal que la echaras. Dale una oportunidad, en el fondo creo que cuando no está bajo el mandato de su padre, es una buena persona.

Aprieto los labios; no quiero dar mi brazo a torcer porque mis intenciones eran deshacerme de los dos, no solo de Donald.

Los necesito fuera de mi vida cuanto antes.

Pero que Ava me lo pida así me ablanda, a veces no me reconozco.

Unos segundos después, dejo escapar el aire por la nariz, no muy convencido de lo que voy a decir.

—Está bien —acepto. Ava me abraza y, aunque le devuelvo el abrazo, hago que me mire para que vea que, esta vez, no va a haber más oportunidades—, pero, como encuentren algo de ella que me sirva de excusa, por muy mínima que sea, está en la puta calle.

—Me parece justo.

Satisfecha, pega su boca a la mía y le cojo la barbilla cuando se separa, repasando todos los detalles de su preciosa cara.

—¿Ahora puedo besarte?

—Pero si lo acabas de hacer.

—Has dicho mi nombre dos veces y me he contenido porque estabas enfadada. —Me acerco despacio hasta morderle el labio inferior—. Ahora voy a cobrármelo.

—Soy toda tuya.

***

En la calle, noto cómo las temperaturas empiezan a bajar conforme termina septiembre. El cielo está nublado, como casi siempre, y un viento frío me golpea. He dejado el Porsche en mi plaza del hospital, pero me quedo en el sitio al ver todo el mogollón de periodistas en la puerta. ¡Joder!

Hago una llamada a una empresa de seguridad privada que solemos contratar cuando hacemos fiestas de recaudación u otro tipo de celebraciones, y me dirijo a la puerta trasera —la de lavandería— cuando me aseguran que estarán aquí en diez minutos.

Sé que no habrá ni rastro de Crystal en el hospital hoy; lo más probable es que haya creído que puede faltar a su trabajo, como si esto fuese una buena excusa para hacerlo, pero no voy a permitírselo.

Estoy a horas de firmar el cese de propiedad que mi padre va a ofrecerme para que sea el único dueño del Vitality, así que prácticamente estoy al mando.

Y, si voy a darle otra oportunidad en lo profesional, tiene que merecérselo.

—¿Qué quieres?

Me aparto el móvil de la oreja al escuchar su forma de responder. Por un momento se lo dejo pasar porque, aunque no sabe que soy yo quien ha enviado toda esa información de su padre a los medios, estará afectada por la situación.

—Ve a tu puesto de trabajo ahora mismo, Crystal.

—Empieza a insultarme, explicándome lo que ha pasado en la tele como si yo no lo supiese, como si no hubiera sido yo quien se ha encargado de que Donald duerma varios días en el calabozo, aunque no sea necesario.

Pero, claro, me recuerdo que ella no lo sabe.

Tomo aire cuando creo que ya he oído bastante y la corto—.

Iba a echarte del hospital, Crystal. No te quiero cerca, y mucho menos después de lo que he sabido de tu padre, pero Ava cree que, en el fondo, tienes algo bueno, que estás actuando así porque tu padre te está coaccionando.

—Escucho cómo se traga su sorpresa—. Así que ven aquí ahora mismo y gánate la oportunidad que te ha dado mi mujer.

No dejo que diga nada más, cuelgo la llamada y tiro el teléfono sobre el escritorio. Pero vuelve a sonar, aunque esta vez es mi padre y consigue que sonría.