Capítulo 28
La semana pasa volando y llega el día en que tengo que ir a la tienda de Jayden para hacer las fotos del calendario. Según me contó, nunca habían hecho algo así, pero, como está empezando a meter la cabeza en el puesto de jefe, ha decidido tomar la iniciativa junto a su equipo de marketing .
Por mí, genial, así me da trabajo y me conocerá mucha gente más. Al parecer, los calendarios serán regalos que se entregarán con los pedidos o las compras de los clientes.
Dejo de pensar cuando Zeus, que hoy no tiene que ir al hospital por la tarde, detiene el coche en la zona.
Miro a Amber, a quien le he pedido que me acompañe para que vaya cogiendo práctica, y a Jess, que, como es sábado por la tarde y hoy tenía turno de mañana en la tienda, ha querido venir. Los niños se han quedado con el abuelo.
—¿Los trabajadores se quitarán las camisas? ¿Será un calendario como el de los bomberos por Navidad? —pregunta Jess con picardía.
Amber suelta una risita, Zeus me dedica una mirada que me hace saber que no le gusta nada la situación, y yo resoplo para no reírme. Cuando mi amiga le da cuerda a su ingenio, no hay quien la pare. Después, bajamos los cuatro del coche, saco las cosas del maletero y nos encaminamos al interior.
—Gracias de nuevo por dejar que venga —me dice Amber, al lado de su hermano.
—Deja de agradecérmelo y acepta trabajar conmigo de una vez.
Se lo digo en voz alta para que su hermano la mire y le haga preguntas. Llevo semanas pidiéndole a la cabezota de mi amiga que trabaje conmigo, pero sigue repitiendo que no quiere ser una carga. Espero que su hermano logre hacerla cambiar de opinión.
De pronto, una mujer nos detiene. Le explico quiénes somos y nos invita a pasar donde se encuentra Jayden con el equipo.
—Prefiero esperar fuera —comenta Zeus—. No quiero entrar mientras trabajas.
—Pero estarán Jess y Amber también.
No quiero que se vaya, me encantaría que viera cómo lo hago. Zeus sonríe de esa forma que me altera el pulso y me pega a él.
—Creo que yo te pongo un poco más nerviosa que ellas. —Me besa la nariz—. Además, no podrás apartar los ojos de mí y harás mal las fotos.
Me guiña un ojo y suelto una risa. Aunque sé que su verdadera intención es mantener las distancias con Jayden, acepto que espere fuera.
Nos despedimos y entro en el almacén. Cruzo una zona llena de estanterías hasta llegar a lo que parece ser una sala de reuniones enorme, o algo así.
Allí ya hay algunos empleados y Jayden me mira con una sonrisa.
Me acerco a saludar y reconozco que estoy un poco nerviosa porque, aunque hemos intercambiado un par de mensajes, no lo veo desde el encontronazo con Ana y siento que tenemos mucho de lo que hablar.
Pero, si él siente lo mismo, hace como si nada y me saluda tan normal.
Mejor así, odiaría tener que volver a ese día, prefiero dejar las cosas como están.
Jayden hace que todos se acerquen para pasar a la presentación.
—Equipo, esta es Ava. Será la fotógrafa que realizará las fotos para el calendario .
—Es un placer conoceros —digo cuando me saludan—. Estoy superemocionada por participar en esta nueva iniciativa de la empresa y quiero daros las gracias a vosotros por hacerlo también. ¿Qué os parece si empezamos? Prometo que haremos que sea muy divertido.
Me pongo manos a la obra mientras Jess observa desde una esquina y Amber me sigue de cerca.
Jayden lo ha preparado todo con sumo detalle.
Ha cubierto el linóleo gris con una tarima de imitación a madera que aporta gran calidez a la estancia que nos ha dejado libre.
En el centro hay una mesa redonda de madera maciza, rodeada de varias sillas, ya que también se presentarán algunos productos para el calendario.
Bien visto. A otro lado han colocado un sofá de dos plazas y un sillón a juego, ambos muy bonitos; por último, han incorporado una zona que simula un dormitorio infantil como parte del montaje.
Entre todos hemos montado una especie de yincana de escenarios para que todo sea más fácil.
Encantada con este encargo, me pongo a trabajar.
Coloco a los trabajadores, que son un encanto, y Amber les explica algunas posturas con una sonrisa enorme, sé que está contenta de que le haya pedido esa ayuda.
Jess come algunos canapés al fondo, junto a una mesa con picoteo.
A veces, tengo que concentrarme para no reír al ver cómo hace que mira alrededor para coger otra tosta con paté.
—Espero que estés cómoda conmigo —me dice Jayden una hora después desde detrás. Lo noto muy cerca.
Aunque me cae genial, no me siento cómoda con que intente acercarse tanto. Como espera que diga algo y yo no quiero crear más momentos embarazosos entre él y Zeus, suelto lo primero que se me ocurre.
—Zeus está muy contento con el proyecto. Quiere que sepas lo agradecido que está porque has contado conmigo .
Menuda idiotez, eso no se lo creería nadie, y Jayden no es la excepción. Maldigo en silencio cuando lo veo sonreír. Para dejar de mirarlo, vuelvo a concentrarme en el trabajo, casi hemos terminado.
—Es un placer trabajar contigo —comenta cerca de mi oído, en tono burlón—. Dile a tu novio que siempre estaré dispuesto a darte la bienvenida.
Lo miro cuando pasa por mi lado y camina hacia el grupo que está en una esquina. Me encanta Jayden, creo que es un tío estupendo, pero jamás podría verlo de ninguna otra forma y me entristece que siga al pie del cañón porque, al final, tendré que decirle que pare. Otra vez.
Sin saber por qué, dirijo mi mirada hacia Jess, que me está observando. Levanta las cejas y resoplo, vaya tarde. Para mantener la cabeza ocupada en otra cosa, me giro y sigo haciendo fotos mientras todos se toman unos minutitos de descanso.
***
Casi una hora más tarde, ponemos fin a la sesión y los trabajadores se van, dándome las gracias por venir y felicitándome por mi forma de trabajar. Con una sonrisa en los labios, me pongo a recoger y veo que Jayden se acerca de nuevo.
—¿Qué tal las fotos? ¿Han salido bien?
—Sí, tienes buenas personas a tu alrededor —afirmo sin levantar la cara de la pantalla de la cámara.
Jessica y Amber vienen charlando y se quedan cerca de nosotros. Mientras guardo la cámara en su funda y empiezo a cerrar el trípode, noto la mirada de Jayden fija en mí y la intensidad de esta en cada movimiento que hago. Al final, levanto la cabeza para encararlo.
—No es justo la compañía que deseo —dice cuando tiene mi atención.
—Ay, mi madre —susurra Jessica que ha estado a punto de echar lo que sea que estaba bebiendo por la nariz.
Las tengo de espaldas, pero he escuchado a la perfección cómo casi se ahoga. Espero que Amber no nos oiga, no querría que se creara una imagen errónea de mí. Con el corazón acelerado, no presto atención a Jayden y continúo desmontando el trípode.
—¿Te incomodo?
Guardo las piezas y evito mirarlo.
—Para nada. Mis amigos no me incomodan —comento al ver que espera una respuesta y me fijo en sus ojos—. Porque es eso lo que somos, Jayden, y no me gustaría que dejáramos de serlo.
Me estudia con interés, recorriendo despacio con su mirada todo mi cuerpo antes de volver a detenerse en mi cara.
—Ya me quedó claro que no habrá nada entre nosotros —asegura sin moverse. «¿Y por qué no paras?», pregunto en silencio. Al notar que se acerca más, me tenso—. ¿Entonces por qué insistes en provocarme?
Levanta la ceja, escaneando mi rostro.
—¿Conque provocar, eh?
Quiero gritarle que no era a eso a lo que me refería, pero da media vuelta y me deja con las palabras en la punta de la lengua. Dios, odio esta situación.
—Me parece que a Jayden no le da miedo perder los dientes —escucho decir a Amber a mi lado.
Frustrada, me acerco al equipo de profesionales a los que he hecho fotos y me despido. Al momento, Jayden se ofrece a acompañarnos a la puerta, pero le pido que no se moleste. Quiere insistir, pero estar rodeado de otra gente lo hace callar.
—¿Has pensado ya qué hacer con William? —pregunta Jess mientras cruzamos el almacén y Amber atiende una llamada.
—No… no del todo.
—¿No del todo?
—Antes de hacer nada quiero explicarle mi idea a Zeus.
—Pensaba que se lo habías dicho ya.
—No, eso no. A ver, quiero decir que lo sabe todo, pero no le he dicho que me gustaría conocer a William.
—Bueno, pero independientemente de eso, ¿tú que quieres hacer?
Echo un vistazo a Amber y nos detenemos para esperarla, aunque me da tiempo de seguir hablando con Jess sobre el tema.
—Me encantaría que Zeus me acompañara a encontrar al padre de Ana; sin embargo, lleva un tiempo raro y esa actitud no ha hecho más que intensificarse desde que se enteró de lo que pasó el día que me la encontré.
No estoy muy segura de si estaría del todo receptivo si le cuento que quiero ir a Brooklyn, o donde sea que viva, a buscar a William.
Jess me coge una mano y sonríe, pero nada desata el nudo en el estómago que tengo desde hace semanas.
—Tómatelo con calma, estoy segura de que te ayudará con tal de verte feliz.
Asiento en el momento en que Amber deja de hablar por teléfono y, cuando está de nuevo con nosotras, terminamos de cruzar el almacén.
Pasamos por la tienda, donde me despido de la mujer que nos atendió al llegar y salimos a la calle.
Al mirar al frente, veo a Zeus esperando, con un pie apoyado en la pared de un edificio y el móvil en las manos.
Sonrío al mirarlo y, por primera vez en dos horas, siento que todo mis problemas se esfuman.