A pesar de todo, tú (Sempiterno 2) Capítulo 25
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Capítulo 25

Jess y Daniel nos han invitado a cenar en su restaurante, que aún está en obras. Mi amiga estaba ansiosa por enseñarnos los progresos y ha montado una cena improvisada allí.

Nada más ponerme el vestido corto y suelto que he elegido para esta noche, Zeus aparece para ver cuánto me queda.

Cuando consigo que salga de aquí con una sonrisa en los labios, me peino y salgo a su encuentro en el salón.

Está guapísimo con esos pantalones y el polo blanco de Armani que le queda de infarto.

La primera vez que vi el repertorio de firmas tan famosas —y tan fuera de mi alcance— que tiene en el vestidor, casi me desmayo.

Jamás había estado tan cerca de ninguna de las que leí en su ropa.

—Estás preciosa —me halaga Zeus. Después, me coge de la mano y hace que dé una vuelta sobre mis sandalias de tacón. Cuando dejo de girar, me pego a él y pongo las manos en su pecho.

—Tú tampoco estás nada mal —respondo con picardía.

Me gano un beso entre risas y un pellizquito en el culo cuando entramos en el ascensor. Vamos directos al garaje y me detengo al no ver el todoterreno.

—¿Y Marc?

—Le he dado la noche libre .

Sonrío, encantada. Hace semanas que Zeus está muy protector conmigo, quiere que Marc me siga a todas partes y, aunque nunca me ha dicho por qué, temo que sea por algo relacionado con Ana o Crystal y su padre.

Sin decir nada, subo al Porsche y escucho música mientras Zeus conduce hacia Upper East Side, donde se ubica el restaurante de nuestros amigos.

Nada más llegar, noto el cambio de aires de una zona a otra.

No lo sé, es como si pudiera sentirlo, y eso que Zeus vive en otra zona muy buena de la ciudad.

Me fijo en algunos restaurantes con clase, con gente refinada sentada a las mesas y camareros sirviendo con elegancia.

Paseamos hasta la fachada del que será el primer restaurante de mi amiga y abrimos una puerta de hierro y cristal para poder entrar. Jessica nos ve y se acerca a saludar.

—¡Hola! Cuánto me alegra de teneros aquí.

Abrazo a mi amiga —está superemocionada— y luego me aparto para que Zeus también lo haga.

En lo que Dan se reúne con nosotros, Jess nos explica cómo será el resultado final: suelos de mármol, lámparas de araña, balcón interior de doble altura y un largo pasillo hasta el fondo, donde estarán la cocina y la zona de paso de los camareros.

También nos cuenta cómo irán dispuestas las mesas, cuántas habrá…

un sinfín de detalles que la hacen hablar con mucha ilusión.

—A veces pienso que va a darle algo —bromea Dan con Zeus mientras la mira con amor.

Nos saludamos y vamos juntos hacia una mesa plegable que Jess se ha encargado de poner bonita.

Incluso por un momento, cuando entra en lo que será la cocina a por la cena, creo que ha preparado algo en casa para impresionarnos.

Sin embargo, aparece con unas bolsas de comida china, y tengo que reírme.

Sea como sea, siempre consigue sorprenderme .

Contando una de sus anécdotas en la tienda y haciéndonos reír de nuevo, Jess abre las cajitas y nos sirve comida a cada uno sobre unos platos ecológicos, además de darnos cubiertos y vasos de cartón, también respetuosos con el medioambiente.

Sonrío porque, aunque todo está todavía en bruto y estamos cenando en una mesa pequeñísima y con cubiertos que ni siquiera pinchan o cortan, ella es muy feliz en este momento.

Y nosotros, que la adoramos, lo somos por ella.

—Yo le di algunas ideas, pero no le gustó ninguno —comenta Jess cuando hablamos de los nombres del restaurante.

—¿Cómo cuáles?

En cuanto hago la pregunta, veo que Zeus se come una galleta de la suerte y sonríe al mirar a su amigo.

Así que él también sabe cuáles son esas ideas y le hacen bastante gracia.

Daniel le da un sorbo al château que Jess se ha empeñado en servirnos en los vasos reciclados.

Algo me dice que, por la cara de Zeus y él cuando han visto la botella que iba a descorchar mi amiga y dónde lo quería servir, es un vino bastante caro…

— The star dish —dice Jess y alzo una ceja, atragantándome con el vino—. A diamond in the mouth .

—¿ El plato estrella ? ¿ Un diamante en la boca ? ¿Te estás quedando conmigo? —inquiero con una mano en el pecho, como si estuviese indignada.

Daniel esconde una sonrisa y bebe de nuevo para que su chica no se sienta mal; es adorable con todo lo grandullón que es y el miedo que da cuando se pone serio.

Zeus se mete lo que le queda de la galleta de la suerte en la boca, también evitando reír, y creo que habría sido capaz de comerse el papel que lleva dentro.

Pero, Dios, yo también quiero hacerlo, esos nombres son horribles.

—Definitivamente no, Jessica —digo cuando veo que ese par de cobardes no se atreven a intervenir.

Mi amiga resopla desanimada, dándole vueltas a la servilleta. Le cojo la mano y sonrío.

— Fire on the table —dice al rato Dan, mirando a su chica de reojo y una sonrisa que parece esconder algo en ella.

Jessica lo mira con la boca abierta y se ríe a la vez que le lanza la servilleta.

—¿Ya tenías un nombre y no me lo has dicho?

Daniel le atrapa las manos riendo también y la atrae hacia él para besarla. El nombre de «Fuego en la mesa» ha sido una buena idea. Mientras ellos bromean, me giro hacia Zeus y lo encuentro mirándome.

—Te quiero —le susurro antes de robarle un beso rápido.

Su mirada intensa me quema. Tira de mis dedos de nuevo para dejarme a milímetros de su boca.

—No más que yo a ti, honey —asegura y sonrío contra sus labios.

—Así que solo habéis dejado que dé mis ideas penosas para echaros unas risas —comenta Jess mientras rellena los vasos con el vino.

Dan le pasa un brazo por los hombros y la atrae hacia su costado, acomodándola. Luego nos mira a los tres.

—Es una buena idea seguir con la línea de los clubes, ¿no? Pure Fire, Fire on the table.

—Ya me lo estoy imaginado —sueña Jess en voz alta, abriendo los brazos y las manos como si tuviera delante de ella lo que sea que pasa por su cabeza—. Daniel Cox y su despampanante, preciosa, trabajadora y talentosa chef Jessica Ramírez. La mujer de sus sueños.

—Odio que lleves razón en todo siempre —le dice Daniel de broma y nos reímos los cuatro.

Estoy muy feliz por ellos, hacen una pareja increíble y están cumpliendo sus sueños juntos.

***

Cuando salimos del futuro restaurante, Zeus me coge la mano con tanta fuerza, que casi siento que me corta la circulación.

Lo miro, tenso y observador, como si temiera algo de pronto.

Vale, es bastante tarde, pero, bueno, tampoco es para ponerse así.

Cuando me dijo que había prescindido de Marc, pensé que estaba más relajado, pero me equivocaba.

—¿Me puedes explicar qué te ocurre? —Mi tono al hablar se vuelve serio y me detengo, pero es que me tiene histérica con tanta seguridad.

—Nada, ¿por qué?

Alzo las cejas y echo la cabeza hacia atrás para verlo mejor.

Intenta sonreír e incluso acepto el beso que me da para continuar caminando, pero no se me quita de la cabeza que le pasa algo.

Al darse cuenta de que no cambiaré de parecer —y podríamos quedarnos aquí toda la maldita noche— suspira, dándose por vencido.

—Solo estoy preocupado, nada más.

Su respuesta me pilla por sorpresa, ¿estamos en peligro? Durante unos segundos, solo me viene a la cabeza que lo que sea que Dan y él, y ahora Lucas, estén haciendo nos va a traer problemas.

—¿Y eso por qué?

—No quiero que tu... que Ana aparezca de nuevo.

Se me para el corazón. ¿Así que eso es lo que lo tiene tan preocupado?

Me acerco despacio hacia él, podría decirle mil cosas, no sé, quizá que esta zona parece muy rica para que ella deambule por aquí o que no puede privarme de libertad solo porque tiene miedo.

Pero es que yo habría hecho lo mismo, así que solo lo beso.

—Eres absolutamente adorable .

Veo el brillo en sus ojos y lo cojo de la mano con cariño para emprender el camino de vuelta al coche. Se detiene delante del Porsche.

—Prométeme que no regañarás a Marc cuando lo veas cerca.

—Zeus… —Dejo que me bese—. No quiero tener una especie de guardaespaldas. Estoy bien.

—Pero me quedo más tranquilo si sé que hay alguien vigilando cerca de ti.

—Bufo, no me gusta la idea, pero la súplica en su voz y el miedo que yo sentiría por él en esa situación me hacen aceptar.

Me coge la mandíbula y pega su boca a la mía sin tocarla—.

Ahora vamos a casa de una vez para que pueda enseñarte que no soy tan adorable.