A pesar de todo, tú (Sempiterno 2) Capítulo 20
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Capítulo 20

Con una sonrisa, bajamos despacio la escalera.

Ya todos han elegido habitación y Zeus ha querido enseñarme la suya, donde dormirán sus sobrinos.

Había trofeos por todas partes, fotos de cuando era más joven, de fiestas del pueblo y otras con su familia.

Hemos estado hablando un poco de nosotros y, al contarme lo bien que lo pasaba durante los veranos que venía con sus amigos, he decidido hablarle del internado de y mi experiencia allí.

Le he explicado un poco más cómo fue mi infancia en cuanto empecé a comprender lo que había hecho mi madre, y él me ha confesado lo mal que lo pasó cuando la suya murió.

Ahora, cogidos de la mano, sintiéndome más unida que nunca a él, entramos en la cocina, donde Lucas y Hugo preparan algo para comer bajo la supervisión de Jess. Mientras nosotros estábamos arriba ocupados , Lucas, Hugo, Jess, Dan y Amber han ido al pueblo a comprar provisiones.

—¿Qué se traen esos dos? —escucho decir a Lucas que mira por la ventana.

Cuando Zeus se sienta en la mesa del fondo, me acerco a mi amigo y me asomo también. Marc está apoyado en una columna y Maddie habla con él muy sonriente.

—Que yo sepa nada… —dice Jess, hasta que ahoga un grito que nos pone en alerta a todos—. ¡Hugo! ¡Los dedos debajo del cuchillo, no! —Lo empuja y le quita el utensilio.

—Por eso siempre cocina ella —asegura Daniel y suelta una carcajada antes de palmearle la espalda a Hugo.

Me siento en la encimera para ver cómo cocinan. Al verme ahí, Lucas pone las manos en mis caderas y me desplaza un poco más cerca de él. Miro de reojo a Zeus y está observándonos impasible, no hay manera de que Lucas pare el carro.

—Mantén tus putas manos alejadas, abogado —le increpa Zeus.

Respiro hondo cuando Lucas lo mira, pero me relaja ver que Dan está pendiente de su amigo, igual que Hugo del suyo.

—No soy una amenaza —dice el aludido, y eso me tranquiliza al principio; pero, después, el cuerpo se me tensa—. Es solo que no me gustas para ella.

Zeus se cabrea un poco más y se mueve en la silla.

—Mantén. Las. Manos. Alejadas —repite y se me contrae el estómago.

En los ojos de Lucas veo la diversión y las ganas de pelea, y Hugo, que también se ha dado cuenta, se acerca más.

—Ava es mi perdición, tío —suelta, tirando el trapo a la encimera cuando Zeus se levanta como un vendaval.

La silla choca con el cristal de la despensa y ahogo un grito al ver que se encaran.

Daniel coge a Zeus para separarlo y Hugo se coloca delante de Lucas.

Miro enfadada a Lucas, porque todo esto es por su culpa.

Zeus ha estado aguantando las ganas de decirle un par de cosas desde que llegaron y lo hace porque sabe que los quiero.

Pero estoy harta de que tense tanto todo esto.

Me bajo de la encimera para acercarme a Lucas y veo, por encima de mi hombro, cómo Zeus forcejea con Dan para aproximarse a mí. Me planto delante de mi amigo y le cojo la cara por la mandíbula, pinchándome con su corta barba. El corazón me va a mil, porque siento que estoy eligiendo a uno de ellos.

—Para ya. ¿Tan difícil es que dos personas importantes en mi vida se respeten?

Lucas aparta la mirada de la mía y la dirige por encima de mi cabeza; al momento, me giro para observar al hombre al que amo. Me acerco a él, Dan se separa y le pongo una mano en el pecho.

—Sé que no tengo que pedirte nada porque no eres culpable de esta situación —digo notando sus latidos acelerados en mi palma—, pero, por favor, déjalo estar.

Hay un silencio en el que escucho cómo los demás salen de la cocina y nos quedamos los tres en ella. Lucas se mueve, veo que estira una mano hacia Zeus y me aparto.

—Lo siento, ella se merece que te acepte. Aunque no me gustas una mierda, está claro que la haces feliz.

Zeus nos mira a ambos hasta que le estrecha la mano. No me pasa desapercibido que se aguantan el apretón más de lo debido, pero me vale si no vuelven a enfrentarse.

—Tú tampoco me gustas, pero si ella quiere que estés, estarás.

Después, Lucas se va y los demás entran de nuevo al ver que el ambiente se ha calmado. Estoy cerca de Zeus, viendo en su cara lo que pasa por su mente, cuando los niños aparecen.

—Hola, princesa. —Zeus besa a su sobrina, coge a Seth en brazos y se dirige a él—. ¿Este año sabes nadar mejor?

Samantha se ríe y su hermano le saca la lengua. La niña coge la mano de Zeus y tira de él hacia mí.

—¿Tú conoces a mi amiga? —le dice, y nosotros nos miramos.

Tengo contacto con los niños desde que Amber y yo forjamos nuestra amistad, pero nunca habíamos estado también con Zeus.

Es normal que la niña se pregunte qué hago aquí.

Miro un momento a Zeus mientras hace reír a su sobrino e inspecciona algo que le enseña, y me agacho para estar a la altura de Sam .

—Sí, nos conocemos —respondo echando su pelito hacia atrás. Enseguida, sus bonitos ojos me escrutan—. Se podría decir que estamos…

—¿¡Saliendo!? —chilla, llamando la atención de todos. Después, se lanza sobre mí y Zeus tiene que sujetarme para que no me caiga—. ¡Ay, por Dios, eres mi tía! ¡¡Mamá!!

La pequeña se suelta y sale de la cocina corriendo en busca de su madre.

Jess se ríe mientras sigue con las verduras que estaban cortando antes.

Hugo la está ayudando y Lucas ha vuelto a unírseles, al igual que la peque, aunque ahora con la cara menos sonriente que cuando hablaba con Marc.

Me levanto y saludo a Seth, que está agarrado al cuello de su tío.

—Creo que está encantada de conocer a su nueva tía —me dice Zeus. Después, me acaricia la mejilla y Seth nos observa, estrechándose contra su tío que lo sujeta con un brazo—. ¿Tú qué dices, campeón?

—Me gusta mucho Ava, es la mejor.

Se me ablanda el corazón al oírlo, Seth y yo siempre nos hemos llevado muy bien. Zeus clava sus ojos en los míos y baja al niño al suelo.

—Sí, a mí también me gusta.

Tengo las mejillas ardiendo porque todos están pendientes de la escena y, cuando voy a decir algo, otra persona entra en la cocina. Sonrío de oreja a oreja al ver a James.

—¡James! —saludo muy contenta.

—Zeus. —Abraza a su hijo y, luego, a mí—. Me alegra volver a verte, Ava.

—Lo mismo digo —asiento sin perder la sonrisa—. Tiene una casa preciosa.

—Tutéame, mujer, que soy tu suegro. —Abro los ojos y James suelta una carcajada que le mueve los hombros. Zeus sonríe al escucharlo y me muero de vergüenza—. ¿Todavía no os habéis dado un baño en la piscina?

—Iremos después, no hace mucho que nos hemos instalado —responde Zeus y se coloca a mi lado—. También quiero enseñarle el pueblo.

Un cosquilleo me corre por la piel siempre que, aunque seamos muchos, habla solo por mí. Sé que le importa mi felicidad, mi bienestar, mi comodidad y cada día lo quiero más por ello.

—Oh, el pueblo, qué alegría volver. —James sonríe y sale de la cocina cuando su nieta lo reclama.

Los demás salen con la comida al jardín trasero, donde está la piscina, y voy a ir tras ellos cuando me doy cuenta de que Maddie se queda rezagada. Al pararme, Zeus también se detiene y me mira sin entender.

—Enseguida voy —le digo sin dar más detalles. Me quedo detrás de ella, que se ha apoyado en la encimera y mira el césped de fuera—. Es precioso, ¿verdad?

Se da la vuelta al verme y parpadeo al ver la tristeza en sus ojos cuando antes parecía tan feliz.

—Sí, tienen mucha suerte.

Nos quedamos en silencio, no en uno incómodo, todo lo contrario. Es agradable quedarse en silencio con una amiga, pues puedes pensar en cualquier cosa; pero la curiosidad me pica y necesito hablarlo.

—Parece que os lleváis muy bien Marc y tú. —No me mira, no asiente, ni niega, sigue mirando las flores de colores que tiene al otro lado de la ventana—. ¿Es desde el día que te pedí invitarlo al vestíbulo?

Esta vez sí hace un gesto con la cabeza para afirmar y sus ojos se desvían a la puerta. Me giro y veo a Amber y Jess en la puerta. Maddison suspira, apoya los codos sobre la superficie y las chicas se ponen junto a mí.

—No hay nada serio entre nosotros —comienza diciendo—. El día que lo invité a entrar en el vestíbulo parecía que habíamos conectado y, después, hemos quedado un par de veces. Ni siquiera nos hemos acostado.

—¿No os habéis acostado? —pregunta incrédula la cocinera del grupo. Maddison niega con la cabeza y juguetea con un trapo de cocina—. ¿No ha querido?

Ella niega de nuevo, bajando la mirada.

—No… no quiero acostarme con él.

—¿Entonces? —pregunto, mirando a Jess y Amber con disimulo.

—No quiero que lo que sea que haya entre nosotros termine. Porque lo hará. En cuanto nos metamos en la misma cama, perderá el interés por mí y yo me pillaré más por él.

Amber se acerca.

—Maddison, si tiene que terminar, lo hará antes o después de acostaros. Si Marc te gusta, disfrútalo.

La peque no dice nada más, sé que le está dando vueltas y veo que se está agobiando un poco, así que intercambio una sonrisa con ella y me dirijo a Amber.

—¿Cómo te va a ti con Malcolm?

Nuestra amiga suspira.

—Es adorable, muy cariñoso y atento. Y, aunque no va a conocerlos aún, no le importa que tenga hijos.

Miramos a Amber, tan dulce y dañada. A veces se me olvida lo que ha sufrido en el pasado. La muerte de su madre cuando era joven y la de su pareja años después, dejando huérfanos a dos niños preciosos. Sé, por lo que me ha contado, que para ella es un gran paso aceptar una cita con un hombre.

—¿En la cama también es cariñoso? —El tono divertido de Jess nos hace reír a todas y consigue que el ambiente sea menos triste.

—Todavía no nos hemos acostado. Pero no creo que tardemos mucho, no quiero esperar más.

—Pero qué mona, se está pillando por el profe.

En cuanto Jess dice eso, Maddison, Amber y yo nos miramos. ¡Será bocazas!

—¿Cómo sabes que es profesor? —quiere saber Amber.

—Mmm, pues… —Jess cada vez está más liada y se me va a salir el corazón por la boca.

—Ah, ya sé —la corta Amber, mirándonos a las tres—. Será por lo que me dijo en nuestra tercera cita.

—¿El qué? —pregunto intentando disimular.

—Que cuando me vio en Tinder hubo un match instantáneo. —Nos mira de manera acusatoria, nos ha pillado—. Sois unas listas, ¿lo sabéis, verdad?

Al principio se pone seria, pero después suelta una carcajada y nosotras nos unimos.

Le contamos lo que pasó y cómo lo organizamos todo.

No se lo toma mal; al contrario, nos agradece lo que hicimos porque está muy a gusto con él.

Nosotras la abrazamos y le demostramos lo feliz que nos hace su dicha.

—Cariño, aprueba tus estudios, disfruta y ya después tendrás tiempo de marearte con hombres —le comenta Jess a Maddie.

Maddie asiente tras pensarlo y ahora una sonrisa aflora en sus labios.

—Sí, tienes razón. Además, no es para mí. Sé que los doce años que nos llevamos de diferencia es una barrera casi irrompible para él, así que...

Sonrío, cogiendo un mechón azul entre mis dedos.

—Hagas lo que hagas, vamos a apoyarte. —Asiente reconfortada y me separo—. Ahora vamos a comer de una vez. Me muero de hambre.