Capítulo 18
Para mi sorpresa, la subida no estuvo nada mal y, al final, no hemos tenido que parar.
Después de lo que pasó en los aparcamientos, Lucas no volvió a decir nada, aunque me echaba miradas que me dejaba claro lo poco que le gusto.
Ava terminó alejándose un poco de él y le cantó las cuarenta, la vi cómo movía las manos con rapidez y el rostro de su amigo se fruncía a cada cierto tiempo conforme la escuchaba.
Pero, a pesar de todo, conseguimos pasar un día magnífico y Ava fue feliz cuando las aguas se calmaron un poco.
Cuando bajamos, decidimos descansar en un restaurante, donde no pude dejar de fulminar con la mirada al abogado de los cojones, que había vuelto a relajarse y no dejaba de bromear con Ava, mientras soltaba comentarios que me daban ganas de estrangularlo.
Menos mal que Hugo no decía nunca nada; todo lo contrario, solía intentar aplacar a su amigo. Sabia elección.
Por la tarde, tras visitar la zona y pasear, volvimos a parar para tomar algo y decidí que había llegado el momento de contar lo de la casa de mi familia. No me apetece en absoluto que ese imbécil venga, pero todo sea por Ava.
***
La miro desde la cocina, está arrastrando varias maletas al salón. Está tan nerviosa que ni siquiera ha dejado que la ayude, sonrío y dejo un vaso de agua sobre la encimera. Observo su bonita figura en unos pantalones vaqueros cortos y un top rosa que no le tapa la barriga.
—Estoy deseando llegar —anuncia sin mirarme y observo su pelo cayéndole en cascada cuando se agacha para cerrar mejor una de las maletas—, no sabes lo entusiasmada que estoy por conocer un poquito más de ti.
—Su confesión me llena de ternura—. Llevo la cámara, quiero hacer fotos para poner en el panel que he colocado en el estudio.
—Podremos volver solos tú y yo en otra ocasión —aseguro acercándome hasta ella y consigo que levante la cabeza para mirarme. Cuando estoy delante, la cojo de las manos—. Y si te gusta, puedo hacer que sea nuestra.
Sonrío cuando se queda sin aire y le beso la nariz. Hace un gesto que me dice que piensa que estoy de broma y no la corrijo, aunque no lo esté en absoluto.
—¿Cuánto hace que no vas? —pregunta al fin.
—Desde que mi madre murió.
—Significa mucho que quieras llevarnos después de tanto tiempo.
Niego con la cabeza.
—Solo quiero llevarte a ti —afirmo levantándola en el aire para besarla.
Después, empiezo a coger todo el equipaje. Bueno, todo lo suyo, yo solo llevo una maleta pequeña.
—La casa está en perfectas condiciones —comento cuando las puertas del ascensor se cierran—.
Mi padre tiene un servicio contratado para el mantenimiento y él, a diferencia de mi hermana y de mí, va a veces a echarle un vistazo.
Es como si mi madre todavía estuviese allí.
—Sin poder dejar de tocarla, le acaricio el pómulo con los nudillos—.
Y ahora quiero que tú también estés por todas partes en esa casa.
Es la verdad, quiero que se integre en todo lo que me rodea y que entienda que, desde que está a mi lado, no hay nada mío ni suyo. Necesito que sienta lo mismo que siento yo y que tenga la certeza de que aquí solo hay un nosotros .
—Estaré encantada de formar parte de ella.
Le cojo la cara y hundo mis labios en los de ella, noto su piel suave abrirse para que pueda acariciar su lengua con la mía. Es una sensación vertiginosa. Nos separamos cuando las puertas se abren en el garaje, pero le paso el pulgar por el labio inferior, no quiero dejar de tocarla.
—Yo también te quiero.
Sonrío de medio lado mirando a mi preciosa mujer, me encanta cuando me lee la mente.