Capítulo 17
Aunque me siento resacosa por las copas de anoche, y un poco cansada por todo lo que Zeus y yo hicimos en nuestra cama después del despacho, me levanto con energía porque nos tiene otra sorpresa preparada. A los chicos solo les quedan ocho días para irse y quiero aprovecharlos al máximo.
—Estoy deseando saber adónde vamos —le comento a Zeus mientras me recojo el pelo en una trenza.
Sale del baño, entra en el vestidor y se pone un polo de Lacoste en color salmón, de manga corta. Le queda increíble. Sonrío como una tonta cuando se me acerca por detrás y me besa en la cabeza. Me mira a través del espejo.
—Te va a encantar, honey .
Asiento, emocionada, y salimos del ático.
Mientras el ascensor baja, me percato de que escribe en su móvil, pero no digo nada.
Una parte de mí quiere que se esté mensajeando con Dan, pero estoy segura de que se debe más al tema de Donald y Crystal.
Hacemos como si el problema no existiera; como si él no siguiera luchando por lo que le pertenece; como si yo no notara que, desde hace unas semanas, no deja que vaya a ninguna parte sola; como si yo no tuviese un abuelo perdido en Brooklyn y una madre drogadicta con la que puedo encontrarme en cualquier lugar; como si no tuviese que contarle que Jayden me socorrió cuando esto pasó, porque no fui capaz de llamarlo a él...
Sé que, cuando las vacaciones acaben, el caos terminará por engullirnos. Y estoy cagada del miedo.
— Honey —escucho que me llama y levanto la vista de la fila de botones a la que estaba fija mirando. Zeus se acerca y aparta mi mano del collar, no me había dado cuenta de que lo estaba tocando—. Vas a desgastarlo. ¿Qué pasa?
Por un segundo, pienso en contarle todo lo que me preocupa, pero no quiero chafar su sorpresa.
Estoy cansada de que nuestra mierda sea la protagonista de esta relación.
Al fin, tras mucho pensarlo y al ver que estamos a punto de llegar al garaje, porque he decidido que Zeus conduzca hoy, niego con la cabeza.
—Nada, solo estoy nerviosa por la sorpresa.
Sus ojos me estudian, sé que sabe que estoy mintiendo y solo espero que lo deje pasar, pero su dedo pulsa el botón de stop , casi haciendo que se hunda en la columna electrónica. Cuando el ascensor se detiene, lo miro sorprendida, aunque a él le importa poco. Se acerca y coge mis manos.
—¿Qué piensas?
—Nada —repito.
—¿No me lo dices?
—Es que no es nada, solo quiero disfrutar de estos días.
—Joder, Ava. Sé que te pasa algo. —Se cruza de brazos, estirando la tela en la parte que cubre sus bíceps, y no me molesto en apartar la mirada porque quiero ver cómo sus músculos hacen su perfecto trabajo—. No vamos a movernos de aquí hasta que me lo cuentes.
Doy un respigo, sé que es capaz.
—Odio cuando te pones cabezota. —Alzo las cejas—. Zeus.
Achina los ojos, consciente de mi jugada y, por un instante, pienso que va a hacerse el duro, pero no. Baja los brazos, dando un paso hasta que su cuerpo presiona el mío contra el espejo del ascensor. Me besa con la respiración acelerada.
—Yo adoro la forma en la que consigues que me olvide de mis enfados. —Sonreímos y cierro los ojos cuando mete un mechón suelto de mi pelo detrás de la oreja—. Cuéntamelo.
Suspiro, sin poder evitarlo. Me encanta cuando me susurra así.
—Solo pensaba en que todo se va a poner muy feo después de esta calma tan larga y engañosa.
—No voy a permitir que eso ocurra, ya sabes que estoy trabajando en ello.
Me río con amargura y frunce el ceño.
—Que hagamos como que no pasa no quiere decir que no esté.
¿Te has olvidado de que sigues prometido con otra mujer?
—Cierro los ojos, sintiéndome horrible por volver a decirlo, pero es que a mí no se me olvida.
Cuando los abro, su rostro está impasible—.
A mí me martiriza todos los días. —Zeus maldice, sin despegarse de mí.
Luego sonríe, y algo desagradable bulle en mi estómago—. ¿De qué narices te ríes?
Se pasa una mano por el pelo, pero no deja de sonreír y me entran ganas de borrarle esa estúpida sonrisa. Me remuevo bajo su peso, intentando salir, pero me lo impide cogiéndome la barbilla.
—Lo siento, honey —susurra sobre mis labios, y me aparto cuando me doy cuenta de que va a besarme.
Gruñe, molesto, pues odia que haga eso, y vuelve a girarme la cara en su dirección—.
Se me había pasado por completo, joder. Estoy tan centrado en los abogados, en dejar todo listo para las vacaciones y tan obsesionado con mi preciosa mujer que se me ha olvidado.
Intento que no se me note cómo el corazón me ha dejado de latir al oírlo llamarme su mujer, pero tampoco me esmero demasiado, y el cuerpo se me derrite en sus manos, olvidándome de todo lo demás. Cuando desliza sus dedos por debajo del vestido que llevo hoy, consigo volver de las nubes.
—¿Qué has olvidado? —pregunto antes de morderme la lengua cuando un calambre me recorre entera al pellizcarme el clítoris por encima de las bragas.
—No va a haber boda. —Él sigue sonriendo, pero yo no respiro, mientras sus dedos echan a un lado mi ropa interior.
La punta del índice y del corazón presionan en mi entrada cuando pega su boca a la mía—.
Está cancelado, no voy a casarme con nadie más que contigo —promete con un gruñido a la vez que me penetra con sus dedos.
***
Ya en el Porsche de Zeus, de camino al destino donde nos tiene preparado todo un día de excursión, aún sigo pensando en lo que ha pasado en el ascensor: cómo ha hecho que un orgasmo alucinante me recorra entera solo con dos dedos, mientras me repetía una y otra vez que solo quería a una única mujer.
«Te amo, honey ».
«Vas a ser mi mujer, nena».
«Ábrete bien para que pueda follarte con mis manos».
Aprieto mis piernas al sentir un nuevo cosquilleo ahí, mientras la ciudad pasa a toda velocidad por las ventanillas del coche.
Deja caer su mano derecha sobre mi muslo desnudo y alzo la mirada para ver que está concentrado en la conducción.
Me encanta mirarlo cuando sujeta el volante y desliza las manos por la piel que lo envuelve al girarlo, tan sereno.
Hoy vamos solos en el coche, porque Jess y Dan han recogido a Lucas y Hugo.
Marc, que ha decidido acompañarnos tras ofrecérselo esta mañana, ha ido a recoger a Maddie.
Sonrío para mis adentros, la magnífica idea ha sido mía.
—¿Hay que ir en avión? —pregunto al cabo de un rato.
—No .
—¿Metro?
—Tampoco.
—¿Entonces?
Zeus sonríe y me da un apretoncito en la pierna.
—Tú solo observa el paisaje y disfruta.
Estoy un rato «disfrutando del paisaje» hasta que ahogo un gritito y pego la frente al cristal. Parpadeo varias veces, alucinando. Me giro despacio hacia él con el corazón a mil por hora. Aunque no me mira porque está fijo en la carretera, sonríe porque sabe que lo he visto.
—¿¡Es en serio!? —grito por fin, cuando detiene el coche al entrar en una especie de zona de aparcamiento. Me atrae hacia él y noto el tirón del cinturón.
—Sí, lo es, honey . Vas a ver toda la ciudad desde la corona de la Estatua de la Libertad.
¡Madre mía! No parpadeo, casi ni respiro.
Esto es una pasada, Zeus no hace más que superarse.
Doy saltitos de felicidad en el asiento, emocionadísima, cuando escucho un grito fuera del coche.
De inmediato veo que es Jess y salgo del vehículo para encontrarme con ella.
A excepción de Lucas y Hugo, que también están sorprendidos, los demás nos miran con una sonrisa en la cara.
Cuando nos calmamos un poco, hago un par de fotos y se las envío a mis padres. Me mensajeo con ellos un rato y guardo el teléfono justo antes de empezar la aventura. Cuando apenas he dado unos pasos, maldigo por no traer la cámara.
—¿Qué pasa, cariño?
—No he traído la cámara de fotos —explico haciendo una mueca.
Él saca una mano de su espalda y me tiende la funda de flores. Abro la boca y luego la cierro. Es el mejor.
—¡Gracias, gracias, gracias! —exclamo y me tiro a sus brazos—. Te quiero.
Zeus aprieta mi cuerpo con el suyo y me mira con intensidad.
—Yo también te quiero, honey .
—Tenemos que ir a Liberty Island —dice Dan, cogido de la mano de Jess, y todos lo miramos—, allí está la estatua.
—Sé que las alturas no son precisamente lo tuyo, pero podremos parar en unos descansillos que hay en las escaleras —susurra Zeus cerca de mi oído.
—¿Escaleras? ¿No hay ascensor?
Aunque lo digo muy en serio, y debe notarse en mi rostro, Zeus me mantiene la mirada hasta que no puede aguantarse más la risa.
—No, cielo. —Su tono se vuelve algo más serio cuando se da cuenta de que no me río—. Pensaba que lo sabías. Pero no te preocupes, estaré contigo.
Asiento de nuevo y estoy a punto de responderle cuando un brazo pasa por mis hombros y me separa un poco de Zeus. Veo la mirada que le lanza a Lucas y no dejo de arrepentirme de haberles contado tantos detalles sobre lo de Zeus y Crystal, ya que ha hecho mucho más tirante su actitud con él.
Además, cada vez soporto menos que lo traten así y me cuesta mantenerme al margen.
—Oye, Zeus —lo llama Lucas y el rostro de mi novio se pone más tenso—. ¿Qué te pareció el tatuaje de nuestra chica?
A veces odio que se comporte con un completo idiota y no hace más que exagerar sus comentarios para tocarle las narices. La mirada de Zeus es oscura y terrorífica. Da un paso en su dirección, pero Dan se interpone. Tengo el corazón como una locomotora.
—Me estás tocando demasiado los cojones —asevera Zeus y lo comprendo, Lucas se está pasando. Me rodea la cintura y me pega a su cuerpo—. No es tu chica, grábatelo en la puta cabeza antes de que tenga que hacerlo yo.
Se quedan en silencio hasta que Hugo se lleva a Lucas a un lado y los demás hacen como si no hubiese ocurrido nada. Suspiro pegada a Zeus y levanto la cabeza para mirarlo.
—Siento muchísimo su comentario, no sé…
—¿Os habéis acostado?
Ahogo la sorpresa de su pregunta. Su mano aprieta la tela de mi vestido en la parte del costado y me oprime el pecho. Niego con la cabeza y giro hasta ponerme frente a él.
—No, solo es mi amigo. Y no sabes cuánto siento lo que ha provocado. —El aire le sale con fuerza por la nariz al respirar agitado, pero noto como va relajándose contra mí. Le acaricio la nuca con los dedos—. Hablaré con él.
Su agarre me fija más a su pecho y me besa quitándome el sentido.
—No, quédate conmigo. —Su petición me recorre todo el sistema nervioso y, al ver que lo miro con atención, acerca sus labios a mi oído, tocándome alrededor del tatuaje—.
No sé si le gustas o solo quiere ver de qué soy capaz, pero escúchame bien, honey .
—Asiento, en silencio—. No me importa que esté interesado en ti, porque jamás dejaré que otro hombre tenga alguna oportunidad de hacerte feliz como solo yo estoy dispuesto a hacerte.
Si dejas de amarme, haré que vuelvas a enamorarte de mí.
—Me besa en los labios y el corazón me late con fuerza—.
Si te enfadas, me arrodillaré hasta que me perdones, y si algún día decides marcharte, iré a buscarte al fin del mundo, pero nunca me quedaré a ver cómo otro intenta tenerte .
Mientras los demás charlan, yo solo puedo mirarlo a él. Nunca dejaré de amarlo, nunca me marcharé de su lado y nunca habrá espacio en mí para otro que no sea él. Estoy muy segura de eso, tan segura que está grabado a fuego en mi piel.
Me fundo entre sus brazos.
—Solo tuya, Zeus, no lo olvides jamás.