A pesar de todo, tú (Sempiterno 2) Capítulo 16
42%

Capítulo 16

Decidimos poner fin a la noche y le hacemos señas a Amber, pues está algo alejada bailando con su cita.

—Dios, chicas, qué hombre tan guapo —cuchichea aproximándose a nosotras, superemocionada—. Dejad que me despida, quiero irme con vosotros.

Reunidos todos de nuevo, salimos a la calle y vuelvo a ver a Marc, que parece más un guardaespaldas que un chófer, maldita sea.

Saco el móvil del bolsillo para leer el último mensaje que me ha enviado Zeus y lo tranquilizo, diciéndole que no tardaré en llegar a casa.

Estamos acercándonos a Marc cuando Hugo dice:

—Oye, ¿por qué no entramos ahí?

Todos miramos hacia donde señala y sonreímos a la vez.

¡Sí! Le hago un gesto a Marc para que espere antes de que entremos todos juntos en el salón de tatuajes que hay a unos metros más allá del bar.

Al entrar, la música heavy me llena los oídos y un tipo tras el mostrador nos saluda, nos hace pasar a una sala de espera, y allí nos ponemos a charlar y reír.

—Tiene que ser algo que nos una —comenta Jess cuando no se está riendo.

Todos asentimos y nos acercamos a unas carpetas apiladas sobre una mesa de hierro y cristal.

Hay un sinfín de diseños y cada uno ojeamos los estilos para ver qué nos gusta o no.

A mi lado, Maddison también echa un vistazo, pero sus dibujos son de flores y tiene una enorme sonrisa en los labios.

Cuando creemos que hemos decidido algo, le explicamos al tatuador qué queremos.

Hay dos profesionales, así que nos van cogiendo por turnos.

Primero entran Jess y Amber, que no tardan demasiado.

Los siguientes son Hugo y Lucas, que salen poco después.

Las últimas somos Maddie y yo, que tardaremos un pelín más porque ambas queremos hacernos otro aparte del grupal.

Me tumbo sobre una camilla en la sala, que huele a humidificador y a esterilizador, y le doy el brazo al tipo alto con el pelo largo recogido en una trenza.

Le digo que tiene que hacerme el mismo diseño que a los demás, y se pone a ello.

Es un tatuaje sencillo y sin color, pero que nos une a todos. Cuando termina, me mira.

—¿Alguno más?

Asiento con una sonrisa.

—Sí, quiero una frase con letras cursivas en la zona de las costillas. —El tatuador asiente y empieza a limpiarlo todo para volver a empezar nada más decirle qué va a tatuar.

—Un tipo con suerte —comenta cuando comienza a pincharme la piel con las agujas.

Un poco después, cuando salgo, Maddie todavía está dentro, así que esperamos a que termine.

No dejo de sonreír, ansiosa por enseñarle mis tatuajes a Zeus, aunque el que de verdad quiero que vea es el segundo.

La peque tarda diez minutos más en salir y se acerca a nosotros.

Con una sonrisa en los labios, cada uno enseña dónde se ha hecho el tatuaje que tendremos en común, y miro emocionada el avión y las nubes que nos acompañarán para siempre a partir de ahora.

Cuando pagamos, volvemos a salir a la calle y nos despedimos. Jess no se va a casa, sino al Pure Fire, donde Dan la espera. Lucas y Hugo se marchan al apartamento y Amber insiste en llamar a un taxi. Cuando me percato de que me he quedado a solas con Marc y Maddie, siento que estorbo.

—Déjame a mi primero, Marc.

Este me mira de reojo y asiente, sin moverse de su asiento, cuando la puerta de atrás se cierra tras acomodarse Maddison. Aunque sé que intenta que no me dé cuenta, sonrío al ver que le es imposible no desviar la mirada por el espejo retrovisor.

***

Me despido de ellos cuando Marc detiene el coche frente al edificio en Midtown y, divertida por la situación, camino hacia el interior. Aquí, el de seguridad me saluda desde el mostrador donde ocupa su puesto y me dirijo a los ascensores.

Al entrar, todo está apagado y en silencio, pero sé que no está dormido, nunca se dormiría sin esperarme.

Me quito los zapatos y los dejo por ahí.

Al levantar la vista, veo que hay luz en su despacho y camino en esa dirección, pero algo se me pasa por la mente y la piel se me eriza.

Me desabrocho el vestido, dejando que caiga al suelo, y el aire fresco del salón en mis pechos desnudos me hace estremecer.

Abro la puerta despacio y sus ojos negros se clavan en los míos de inmediato.

Deja lo que sea que esté haciendo y mueve un poco la silla hacia atrás para separarse y mirarme mejor.

Con el pelo rozándome la espalda desnuda, rodeo el escritorio y me siento a horcajadas en su regazo.

Sus dedos no tardan en hacerme cosquillas por las caderas.

—Hola, honey . —Suspira mirando mi desnudez.

—Hola —murmuro sobre sus labios antes de besarlo. Llevo toda la noche pensando en él.

Mientras el beso se vuelve feroz, su lengua explora mi boca con necesidad y nuestras respiraciones se alteran.

Las manos de Zeus bajan hasta los laterales de mis braguitas de encaje y las rompe.

Arqueo la espalda cuando retira la tela por delante y esta me roza el clítoris.

Excitada, me muevo sobre su erección, ya dura por mí, y me empieza a dar mordisquitos por todas partes.

Un calambre embriagador me recorre el cuerpo, llenándome de necesidad.

Le quito la camiseta blanca de manga corta y me recreo en acariciar su piel.

Volvemos a besarnos y tocarnos hasta que Zeus se levanta para dejarme sentada al borde del escritorio.

Miro cómo se quita los pantalones y los bóxer, moviendo sus ojos por todo mi cuerpo desnudo.

Provocándolo, me giro y subo a la mesa, donde apoyo las rodillas y las manos en la superficie.

Me acerco a él y lo pillo por sorpresa cuando toco su erección con la lengua.

El clítoris me palpita al ver el deseo en sus ojos.

Parpadea despacio y empiezo a tomarlo. Al principio solo me observa, deja que me haga con el control, hasta que gruñe y me coge de la nuca para guiarme.

—Joder, qué boca tienes, nena.

Succiono y ahueco las mejillas para poder recibir sus severas embestidas con facilidad.

Noto algunas lágrimas correrme por la cara y la humedad de mi entrepierna se acumula.

Lo necesito dentro. Apoyo las manos en su cuerpo y siento cómo se le tensa el vientre, endureciéndose, así que decide salir de mi boca y bajarme de la mesa.

Se apodera de mis labios de nuevo, mordiéndome, ahogándome de deseo, y me da la vuelta para apoyarme en el escritorio.

Sus manos, grandes y varoniles, se pasean por todo mi cuerpo, pero se detienen en cuanto tocan el plástico que me tapa parte de las costillas.

Sonrío. No sé cómo no se ha fijado antes.

Me muevo por instinto, aunque no me duele.

Zeus se aparta un poco, colándose a mi lado y cogiéndome la cara para que lo mire.

—¿Qué es eso? ¿Qué ha pasado? —Sigue sudado, con la respiración agitada y una palpitante erección, pero su cara es de preocupación total .

Me levanto despacio de la mesa, mirando sus ojos turbios por la inquietud que, de repente, se ha hecho con él, y retiro el plástico con cuidado. Aunque la única luz que alumbra la estancia es una lámpara de escritorio, se ve perfectamente.

—Me he hecho un par de tatuajes. —Levanto la mano y le enseño el de la muñeca.

Se pega a mí al comprobar que estoy ilesa, presionándome en el vientre con su erección. Dios… Me pasa la lengua por los labios y me mira a los ojos.

—Enséñame el otro —pide, y me giro estirando el tronco para enseñarle las costillas. Lo observa sin inmutarse, pasa los dedos alrededor y murmura en español al leerlo—: Solo tuya, Zeus.

Despacio, levanta los ojos hasta los míos, pero no dice nada.

Solo me mira en silencio y, por un momento, creo que no le ha hecho mucha gracia; sin embargo, sus manos me cogen por los muslos y me suben hasta sentarme en la mesa de nuevo.

Me echa la melena detrás de la espalda, y se clava en mí de una única y certera estocada que me roba el alma.

Sisea entre dientes y cierra los ojos. Me empuja, me toca y tengo que sujetarme con fuerza para no resbalarme demasiado.

Cuando levanta los párpados, sus pupilas están enormes y no se le diferencian los iris, las sombras le endurecen el rostro y su cicatriz se estira y contrae con las expresiones de su cara.

Me coge el cuello y me pega a él, metiéndose más al fondo.

—Solo mía, nena —dice entre dientes, sujetándome y besándome con hambre—. Lo eres todo para mí, honey .

Me muerde el labio inferior y el orgasmo empieza a tensarme todos los músculos.

Enredo los dedos en su pelo, tiro de él y se contrae también.

Vuelve a besarme cuando el placer me hace sucumbir y, encantada, dejo que me arrastre.

Me acaricio los pechos, excitada, y noto el momento exacto en el que el orgasmo lo alcanza.

Intensifica sus embestidas, cierra los ojos y maldice mientras me llena. La sensación siempre es increíble.

Abre los ojos al terminar y clava su mirada en la mía. Estamos sudados, agitados, pero me abraza con fuerza, pasa la nariz por la sien y aspira mi pelo. Lo envuelvo entre mis brazos, estrechando mis piernas a su alrededor, mientras me siento en el cielo.