Capítulo 15
—¿Por qué Dan y yo no podemos ir, pero Lucas y Hugo sí?
Zeus me recorre con la mirada, de pies a cabeza, deteniéndose en el escote del vestido lila que llevo puesto y que he elegido porque me hace un pecho muy bonito. Hoy es la noche en la que vamos a llevar a Amber a conocer a Malcolm y, por consiguiente, los demás nos tomaremos unas copas.
—Porque son como chicas y hoy es una noche sin novios.
Zeus gruñe y, en realidad, lo entiendo, mi excusa no tiene un argumento lógico, pero ¿cómo voy a dejar que venga y vea la que hemos montado? No le va a gustar nada que le hayamos preparado una cita a ciegas a su hermana.
—¿Es necesario ese escote? —pregunta poco contento y me hace reír.
—Claro que sí —afirmo acercándome a él para besarlo.
—Voy a estar pensando en él hasta que regreses —confiesa entre frustrado y excitado.
—¿Solo vas a pensar en mis tetas hasta que vuelva?
Levanto una ceja, aunque por dentro estoy sonriendo. Zeus parecía tranquilo hasta que empiezo a colocarme el escote en sus narices.
—Y en ti, por supuesto. —Me señala con la mano—. Te lo van a mirar todos.
—Espero no haber perdido mi encanto solo por tener novio, cielo.
Pongo los ojos en blanco y escucho como vuelve a gruñir acortando la distancia que nos separa para pegarme a su cuerpo.
—Ava, está dejando de tener gracia.
—Pues no te rías. Yo solo voy a salir de fiesta.
—Van a creer que tienen el derecho de babear contigo.
—¿Acaso no lo haces tú? —pregunto con ganas de provocarlo.
—Es que solo yo puedo hacerlo. —Me echa la cabeza hacia atrás con un tironcito en el pelo y me besa la garganta bajando de manera peligrosa.
Un escalofrío me recorre entera cuando me pasa la lengua entre los pechos—.
Me perteneces, nena. Todo tu cuerpo, tus ojos, tus labios, tu corazón...
—Nos miramos unos segundos mientras jadeo de placer y él sonríe como un sexy villano—. Ahora, bésame y dime que eres mía.
Repaso su atractivo y serio rictus, marcado por esa larga cicatriz que oscurece su mirada, endurece sus facciones y lo hace jodidamente guapo. Es como si estuviese hecho por los mismísimos dioses. Lo beso tras un suspiro, rendida ante él por completo, y me agarra del culo.
—Soy tuya.
Al soltarme, me acompaña a la puerta y, cuando esta se abre, lo miro molesta al ver que Marc está esperando fuera.
—Quiero estar seguro de que llegas bien y vuelves mejor.
Y no voy a discutir por tu protección. —Aprieto los labios.
Odio que Marc tenga que ser nuestro chófer en vez de salir con nosotros.
Sostengo la mirada de Zeus y, al ver que no voy a conseguir nada, me giro para irme, pero él me lo impide agarrándome del codo y atrayéndome para besarme de nuevo—. Pásalo bien, honey .
Dejo atrás su sonrisa de victoria, el muy listo ha hecho que Marc suba por los ascensores exteriores y así no entre directo en el ático. Camino con Marc detrás y lo miro cuando nos quedamos a solas.
—Búscate otro trabajo.
Él alza las cejas.
—No eres mi jefa, no puedes echarme.
Achino los ojos ante su tono burlón y salgo del ascensor dejándolo atrás cuando las puertas vuelven a abrirse en el garaje, donde enseguida veo el todoterreno. Aunque el coche siempre está con Marc, aquí tiene una plaza.
—Ya conseguiré que tengas un poco de vida, Marc —digo subiendo al coche y lo único que escucho de él cuando se sienta al volante, a mi lado, es una risa.
Conforme vamos avanzando por la carretera intento hacerme la seria, pero me es imposible y termino charlando con él hasta que llegamos a Times Square, donde nos esperan los demás.
—Estaré estacionado donde os quedéis —me informa antes de detener el coche.
—No metas más el dedo en la llaga. —Suelta una risa sincera y, al final, tengo que sonreír—. Por favor, ten cuidado, no me gusta mucho la idea de que te quedes aquí esperando.
Marc echa un vistazo a los demás cuando se detiene delante del edificio y se cruza de brazos al mirarme, joder, es enorme.
—¿No debería ser yo quien te dijera que tuvieses cuidado? —pregunta levantando una ceja con complicidad.
—Hasta luego, Marc —me despido sonriéndole y bajo del coche.
Me acerco al grupo y, tras saludarnos, ponemos rumbo al bar. No llevamos ni dos minutos andando cuando me giro hacia atrás y veo a Marc a lo lejos.
—¿Nos va a seguir todo el tiempo? —me pregunta Maddie mirándolo.
—Espero que no. —Resoplo—. Aunque parece que sí....
No caminamos mucho más hasta que llegamos.
Los de seguridad nos dan un buen repaso visual, pero nos dejan pasar sin problemas.
Antes de entrar, busco a Marc; por suerte, no lo encuentro.
A quien sí diviso es a Malcolm al fondo del local; lleva una camisa de lino y unos pantalones claros.
En persona es mucho más guapo que en las fotos, las cosas como son.
Nos mira por acto reflejo al fijarse en que hay gente entrando en el local, imagino que también porque estará pendiente de ver a Amber, ya que ha quedado con ella aquí.
Le doy un codazo a Maddie y le hago un gesto con la cabeza para que mire en dirección a donde está la cita.
Jess también se ha dado cuenta. Como es pronto, decido acercarnos a la barra para que Malcolm no se extrañe al ver que Amber no se le acerca.
Cuando nos apoyamos a esperar a que nos atiendan, un remix de Lambada empieza a sonar por los altavoces, y todo el mundo grita y empieza a moverse.
—¿ O que eu coloco neles ? —nos pregunta una mujerona rubia, con unas tetas enormes y un cortísimo pantalón verde.
Nos miramos, sin entender nada, menos mal que está Lucas, que habla varios idiomas. Le enseña la carta y, después, nos la muestra para explicarnos.
—Dice que nos recomienda pedir un bossanova que lleva ron dorado y brandy . Galli… no sé qué y la otra bebida es rabo de galo con vermú dulce y otras cosas.
—¡Pide una de rabo para todos, que hoy la noche promete! —grita Jess haciéndonos reír, y agarrándonos a Maddie y a mí para llevarnos a bailar.
Amber se queda con Lucas y Hugo pidiendo las bebidas, y nosotras observamos a su cita mientras bailamos.
Unos minutos después, los chicos aparecen y nos dan nuestras respectivas bebidas. Tras unos sorbos, Jess se acerca a mí.
—Oye, me da que el playero quiere hincar el diente.
—Pues haced algo para que coincidan —murmura Lucas, que ha estado escuchando.
Sí, tenemos que hacerlo ya. Miro a Jess y a Maddie y rápidamente me entienden cuando levanto el vaso. Bajo la mirada atenta y divertida de Lucas, las tres nos tomamos las bebidas de un tirón y luego me acerco a Amber, que está charlando con Hugo.
—Amber, ¿nos harías el favor de pedirnos unas copas?
Mi cuñadita, que es muy mona —y demasiado buena—, no pone objeción y se va a la barra.
Expectantes, nuestras cinco cabezas se mueven hacia Malcolm, que ya la ha cazado con la mirada, y vemos cómo se produce el encuentro.
No puedo dejar de mover las caderas, el alcohol ya va en mis venas y esta música es muy pegadiza.
—Joder, menudas celestinas estáis hechas —comenta Lucas, mirando a Amber y Malcolm charlar. Enseguida, levanta un brazo para rodear a una morena que pasa por su lado en ese momento, esta se ríe encantada por la maniobra inesperada, y los dos se pierden entre la gente.
Los demás nos quedamos en la pista bailando, riendo y disfrutando del momento.
Al rato, vuelve Lucas y se lleva a Hugo a dar una vuelta; estos dos también se lo están pasando en grande.
Durante las horas siguientes, intercambio mensajes con Zeus, mientras Lucas y Hugo van y vienen, y Amber sigue con Malcolm.
De Jess y Maddie no digo nada, porque no han parado de bailar desde que hemos llegado.
La verdad es que a mí ya me va apeteciendo volver a casa, pues, como me beba otro rabo , voy a sobrepasar el límite.
Pero me da pena tener que cortarles el rollo a todos, así que decido no beber más y me pongo a bailar hasta que necesito que me dé el aire.
Voy a avisar a las chicas de que salgo un rato y me doy cuenta de que Maddie no está.
—¡¿Has visto a Maddison?! —grito a Jess por encima de la música y me río por el efecto del último rabo que me he tomado.
—Estará revoloteando por ahí .
Jessica da una vuelta y levanta una mano al ritmo de la música, aceptando el brazo que Hugo le pasa por la cintura para bailar con ella.
Creo que él lleva un rabo más que nosotras.
Joder, estamos bebiendo rabo... no puedo dejar de reír cada vez que lo pienso.
Muerta de la risa, sigo bailando hasta que recuerdo que quería salir a tomar el aire.
Ah, y a encontrar a Maddison también.
Cruzo el mogollón de gente hasta la puerta y sonrío en cuanto el aire fresco me da en la cara.
Cierro los ojos, necesitando que el alcohol se me baje un poco.
Tras un momento de alivio, los abro y observo a mi alrededor.
Hay mucha gente por la calle y me fijo en que Marc no habrá podido ponerse en doble fila, por lo que se habrá marchado, o quizá ha aparcado en otro lado y estará esperándonos por ahí. Achino los ojos. ¿Dónde está Ma…?
¡Madre mía!
Abro los ojos como platos al ver a lo lejos su pelo y el corto y ajustado vestido blanco con estampado de cerezas que lleva hoy. Pero no es su atuendo lo que me roba el aliento, sino las manos del chófer de Zeus, agarrándole el culo como si no hubiese un mañana. Pero… ¿cuándo ha pasado esto?
Tengo que estar muy mareada y lo estoy imaginando; sí, debe ser eso.
Pero no. Marc le da un beso en la boca, ella se gira para entrar al bar de nuevo y se detiene al verme, poniéndose algo pálida; entonces, soy consciente de que no es una jugada de mi imaginación.
Al principio vacila, pero vuelve a reanudar el paso y se detiene delante de mí.
Por encima de su hombro veo que Marc se da la vuelta y nos espera un poco más lejos.
—¿Qué ha sido eso? —pregunto a mi amiga, atónita todavía.
—Ya lo hablaremos. —Maddie sonríe de oreja a oreja y engancha su brazo con el mío, llevándome de nuevo al interior del bar.