A pesar de todo, tú (Sempiterno 2) Capítulo 12
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Capítulo 12

A pesar del inoportuno momento en el que Hugo mencionó dónde nos conocimos, la tarde terminó siendo fantástica.

Zeus y yo no hemos vuelto a sacar el tema, aunque él llevaba razón al molestarse por enterarse de esa forma.

Sé que no le importa el tema del internado, pero sí que no se lo hubiese contado.

Me sentí horrible cuando me pidió que confiase en él, por Dios…

¡si ya lo hago! Lo último que quiero es que crea lo contrario.

Así que haré justo lo que le dije: le explicaré lo de mi madre y lo que pasa con William con más detalle, y lo solucionaremos juntos.

—Malcolm no deja de decirme que quiere quedar. —La voz de Jess me saca de mis pensamientos y miro a mi alrededor, nos hemos reunido en mi estudio para enseñárselo a Hugo y Lucas—. Ya no sé qué más decirle para darle largas. Al final, se va a cansar y perderemos la oportunidad.

Maddie y yo miramos en el móvil, donde nos aparece la conversación. Es verdad, el pobre hombre lleva semanas hablando con nosotras pensando que somos Amber y hace unos días pidió conocernos, bueno, conocerla. Pero no queríamos precipitarnos.

—¿Por qué no quedamos en un club cerca del de Dan? —propongo, apoyada en la encimera de la pequeña cocina que ahora hay en el apartamento. Quise reducirla, pero no eliminarla.

—¡En el Caipirinha! —exclama Jess y Maddison pega su cabeza a la de ella para mirar en su móvil—. Voy a quedar con él este fin de semana.

—¿Quién es ese? —Me giro y Lucas se acerca—. ¿A eso os dedicáis cuando estáis solas?

—¿A qué? ¿Qué hacen? —quiere saber Hugo .

—Están acosando a un hombre en Tinder —le responde Lucas y, después, se dirige a nosotras—. ¿No quedáis satisfechas con vuestros novios?

Lucas me hace un guiño y apoya un brazo sobre mis hombros, dejándose caer sobre mí. Sé que está de broma, así que pongo los ojos en blanco.

—No seas idiota, Zeus me tiene más que satisfecha —aseguro riéndome.

—Es un perfil que le hemos creado a otra de nuestras amigas. Se llama Amber y no sale con nadie desde hace bastante —explica Jessica, enseñándole la pantalla a Hugo donde aparece una foto de Amber. Él silba, llamando la atención de Lucas.

—Joder, ¡qué preciosidad! —exclama después, con el teléfono de Jessica en las manos.

—Es la hermana mayor de Zeus —digo al ver babear a mis amigos por ella.

—Está muy buena —apunta Hugo.

Lucas, Jess y yo le miramos, sorprendidos. Creo que nunca le había oído hacer un comentario así sobre una mujer.

—¿¡Qué!? —vacila, dejándose caer sobre la encimera.

—Nada, nada —concluimos nosotros tres al unísono y él se encoge de hombros.

Veo la incomodidad de Hugo al ser el centro de atención, así que les cuento cómo ha sido reformar el apartamento hasta convertirlo en el estudio.

Maddison también se une a la conversación; la verdad es que, desde que se conocieron, han congeniado genial.

Jessica nos habla de las prácticas y Lucas nos mira con cariño mientras Hugo se aleja para hablar por teléfono.

—Estoy muy orgulloso de vosotras. —Jess y yo lo abrazamos, hasta que vuelve a hablar—: ¿Qué hacemos hoy?

—Yo tengo que ir a la tienda, estamos cambiando de temporada y hay que prepararlo todo.

Sé que Jessica no se cogerá vacaciones hasta que lo necesite de verdad.

Por ahora, hemos podido programar las actividades en función de su horario.

Carl es un amor y está siendo bastante flexible, aunque mi amiga también se lo está ganando, ya que no lo deja solo en nada y, en este momento, menos.

Carl está en París expandiendo el negocio y la ha dejado casi al mando, así que, por supuesto, no quiere defraudarlo.

—¿Cómo le va? —pregunto—. No sé nada de él desde que se fue.

Jess me enseña fotos del evento y sonrío, contenta por él.

—Tampoco sé mucho, me llama cuando tiene algún hueco para ver cómo va todo y me cuenta cositas. Pero poco más de que todo va fantástico y espera traer buenas noticias.

—Bueno, pues te acompañamos, así nos enseñas dónde trabajas —dice Lucas, separándose de nosotras.

De pronto, Hugo me hace señas para que me acerque y descubro que está hablando con su madre. Jess, Lucas y yo la saludamos. Le pregunto cómo está y aparece mi madre en pantalla. Mis padres están cuidando de ella el tiempo que Hugo está con nosotros.

—¿Cómo van esas vacaciones? —pregunta mi madre y todos sonreímos.

Me es inevitable mirar a mi madre con nostalgia, sé que nuestra relación no es muy estrecha. Han pasado muchas cosas en la familia, pero, aun así, siguen siendo mis padres, y estar tan lejos me impide estar enfadada con ellos por mucho tiempo.

—¡Sonia! ¡Qué alegría ver esa cara bonita! —exclama Lucas, zalamero.

—¡Quién diría que eres nuestro abogado! —comenta riéndose.

—Dime, ¿dónde vas a encontrar a otro tan guapo? —Lo empujo divertida para que se corte un poco, pero él me ignora y sigue sonriéndole a mi madre.

Cuando nos despedimos, salimos del edificio entre risas.

Aunque siempre le digo que no es necesario que monte guardia en cada lugar donde estoy, me resulta extraño no encontrar a Marc esperando en la puerta.

Imagino que está en el hospital esperando a Zeus, que ha tenido que acudir a una reunión de urgencia. Espero que no sea grave.

***

Nada más dejar a Jess en la tienda, Maddie y yo decidimos llevarnos a los chicos a dar una vuelta y enseñarles un poco el centro.

Me encanta que estén aquí, es como si con ellos trajesen un poquito de nuestro hogar y eso me llena el corazón de felicidad.

Decido enseñarles una de las cafeterías que tiene Zeus, así que nos desplazamos a Brooklyn.

Una vez en la terraza, intento no mirar a todas partes, algo asustada por si Ana vuelve a aparecer por algún lado o imaginándome que cada anciano que pasa por nuestro lado pueda ser su padre.

—Vaya, reunión de pastores —escucho que dice alguien y la sangre se me hiela al ver a Crystal—. No sé cómo lo haces, pero siempre que te veo estás rodeada de hombres guapos y no solo me refiero a mi prometido.

Me levanto de un salto haciendo que nuestras bebidas salpiquen desde los vasos, preparada para decirle un par de cosas, pues me tiene harta. Lucas está de pie, serio e impasible, escaneando a la rubia y, luego, se centra en mí.

—No sé por qué me sorprende lo vulgar que puedes llegar a ser — se burla Crystal—, aunque si vas por ahí follándote a los prometidos de otras… tampoco puedo esperar mucho de ti.

Estoy a punto de abalanzarme sobre ella cuando Lucas me detiene.

—¡Cállate de una puta vez, perra! —exclama Maddison.

Crystal da un brinco al escucharla y rodeo la mesa para acercarme a ella, pero, de nuevo, Lucas me detiene y se coloca de pie entre las dos.

—Será mejor que te vayas, rubia. No quieres problemas con ninguno de nosotros y mucho menos con un abogado.

Ella abre los ojos, estupefacta ante la amenaza, y los dirige a cada uno de nosotros. Antes de largarse, barre la zona, buscando alguna persona que haya podido escuchar nuestra conversación.

—Eres una insensata al enfrentarte a mí —me suelta entre dientes—. Escondes demasiado y voy a destruirte.

La observo alejarse y sus palabras se clavan en mi mente.

¿Qué sabe ella de mí? De inmediato, pienso en Zeus y recuerdo lo que me dijo en la cafetería: «¿Qué más me estás ocultando?

». Un presentimiento me hiela la sangre.

¿Crystal le habrá contado algo, y por eso él estaba tan preocupado por mí?

Cierro los ojos y respiro hondo. Al abrirlos, veo las caras enfadadas de Hugo y Lucas.

—¿Ha dicho prometido ? —Hugo me fulmina con la mirada.

Las miradas feroces de mis amigos se me clavan como dagas que quieren atravesarme. Parecen indignados. Hugo se cruza de brazos y Lucas cuadra la espalda.

—Sí —respondo despacio, sin dejar de mirarlos.

—¿Por qué? —inquiere Hugo en un tono severo.

—Porque lo es —contesto y siento una impotencia que me presiona el alma.

—¿Te estás quedando conmigo, Ava? —brama Lucas y Maddison lo observa sorprendida.

Niego con la cabeza y me muerdo el labio inferior. No me atrevo a mirar a mis dos amigos, que han venido desde Madrid solo para vernos y pasarlo bien, y no para mancharse con mis movidas antes de irse a otro país desde donde no podrán ayudarme como quisieran.

—Joder, qué puta mierda, coño. —Hugo se pasa una mano por la cara, visiblemente cabreado y frustrado.

Miro asustada a Lucas, que se ha levantado de la mesa y se ha alejado para intentar tranquilizarse.

Lo sé porque, aunque no lo conozca de toda la vida, sí lo suficiente para saber cómo es.

Antes de venirme a Nueva York compartimos muchas confidencias, así que tengo claro qué hace dando vueltas calle arriba y calle abajo.

Cierro los ojos con fuerza, martirizándome. Todo esto de las mentiras va a pasarme factura y me va a doler.

—Cuéntame todo lo que deba saber —exige con tono autoritario y me clava la mirada desde su altura—. Y hazlo de tal manera que no vaya ahora mismo a buscar a tu noviecito para darle una buena paliza.