Capítulo 11
Más tarde, cuando hemos llegado a la conclusión de que dejaremos el tema de su familia para cuando sus amigos regresen a España, nos detenemos delante de mi Panamera, un Porsche plateado de alta gama que conduzco menos de lo que me gustaría.
Me he acostumbrado a que me lleven, pero eso va a cambiar, y la causante de ello es la cara de Ava al verlo en una de mis plazas privadas del garaje.
—¿Te gusta? —pregunto mirando como abre esa boca tan deliciosa que tiene. La cierra al oírme y asiente varias veces. Le doy al botón de la llave y este se abre—. En cuanto empieces a coger práctica conduciendo por aquí, puedes usarlo siempre que quieras.
Eso la hace parpadear y antes de que pueda decir nada subo al volante, pero es rápida, y cuando quiero darme cuenta, está gritando al verlo por dentro. No sé cómo he podido perderme esta reacción suya, deberíamos haber ido en mi coche mucho antes.
—¡Me encanta! —exclama y suelta un silbido—. Sí que tienes pasta —bromea.
Suelto una carcajada sincera mientras arranco el coche y el rugido se escucha por todo el garaje.
—Nena, mi familia es la dueña de uno de los hospitales más conocidos de la ciudad, mi padre era uno de los cirujanos más prestigiosos y yo estoy siguiendo sus pasos.
—Le cojo la barbilla para acercarme a su boca—.
Pero el dinero solo son papeles y números en el banco.
—Lo pienso de verdad. El dinero nos acomoda, nos abre puertas y nos facilita muchas cosas, pero no da la felicidad real y tengo la prueba justo delante de mí, mirándome.
A ella no la he conseguido con dinero. Le paso la punta de la lengua por sus labios—.
Solo he sido verdaderamente rico el día que te conocí, honey .
Se le forma una sonrisa maliciosa y seductora, cómo me encanta. Me da un beso rápido.
—Me fascina tu lado romántico, me vuelve loca.
Sonrío al oírla y al ver que se pone juguetona le muerdo el cuello haciéndola reír.
—Esta noche sí que haré que te vuelvas loca —comento saliendo del aparcamiento.
Ava suelta una risita y se coloca las gafas de sol cuando la luz nos da en la cara.
Al momento, le pido que coja las mías de la guantera.
Sonríe y canta What lovers do , de Maroon 5, que suena a todo volumen, mientras yo conduzco por Manhattan, siendo consciente de que ella es la única fortuna por la que estoy dispuesto a luchar para mantener.
***
Dos horas después, tras escuchar el sermón de nuestros amigos por llegar tarde, esperamos a que aparezcan Hugo y Lucas, que se quedarán en el antiguo apartamento de Jess porque está vacío desde que se mudó con su amorcito .
Mientras, aprovechan para explicarnos cómo planean inaugurar el restaurante.
Al principio, él estaba muerto de miedo, pues lo suyo son los clubes nocturnos y no los restaurantes refinados.
Pero, para su gatita , estudiar cocina y tener su propio restaurante siempre ha sido su sueño; y, bueno, según Dan, él está aquí para cumplir cada uno de sus deseos.
Miro a nuestras mujeres reír por algo y retengo el sonido de la risa de Ava. Sé de lo que habla mi amigo.
Unos minutos después, Ava se levanta de la silla y Jess la sigue justo cuando las puertas por las que deberían aparecer sus amigos se abren.
Dan y yo nos miramos, ninguno sabe qué esperar ni cómo serán esos tipos a los que nuestras novias tanto quieren.
No es hasta unos segundos más tarde, cuando ellas salen corriendo y se lanzan a los brazos de dos hombres, que nos ponemos de pie al ver la escena y sentimos una punzada de celos.
Daniel se pasa la mano —la del anillo en el meñique— por el pelo y yo me rasco la mandíbula antes de empezar a caminar hacia Ava.
Cuanto más cerca estoy, menos me gustan.
¿Cuántos años tienen? Joder, parecen tener la misma edad que ellas.
¿Por qué coño, de repente, tengo celos de un tío al que le saco, como poco, cinco años?
Trato de sacudirme la inseguridad que se me ha instalado en la cabeza, pues esto es nuevo para mí.
Y no me gusta nada cómo una necesidad repentina de aclarar que ella está conmigo empieza a recorrerme la sangre. Aunque sus amigos ya lo saben.
—Chicos, este es mi novio, Zeus. —La voz de Ava me saca de mi tormento interno y el cuerpo se me tranquiliza al escucharla.
Madre mía, me inflo de orgullo con sus palabras.
Alargo la mano hacia los dos hombres y estos me saludan.
Los dos me estudian sin cohibiciones y me miran de arriba abajo, comprobando y basculando, hasta que deciden que he pasado algún tipo de prueba; al menos Hugo, que se gira hacia Jess y esta le presenta a Dan.
Lucas, el abogado, sigue evaluándome. No aparto la mirada hasta que Ava me dice que va un momento al baño, y tengo que bajar la vista hacia ella; por instinto, le pongo la mano sobre el pelo y la beso antes de que se marche.
—No intentes hacerle daño, amigo —me dice el rubio cuando Ava se ha ido, su tono autoritario y protector no me pasa desapercibido.
Cojo aire, molesto, y tengo la intención de dejarle bien claro que él no tiene que velar por la seguridad de Ava cuando está conmigo ni que tampoco tiene que decirme cómo tratar a mi mujer, pero Jess lo coge de un brazo y lo arrastra para presentarle a Dan.
Ava vuelve y enseguida se sumerge en una conversación con sus amigos sobre el viaje.
Por un momento, mientras Dan y yo los observamos reír, entusiasmarse y celebrar el reencuentro, siento una punzada de miedo en el pecho.
Me asusta la idea de que Ava decida recuperar lo que ha dejado en su país y quiera regresar.
Es un temor tan profundo que noto cómo una ansiedad acelerada se abre paso por dentro.
De inmediato, aparto la mirada de ellos y me obligo a no pensar en nada de esto.
—Bueno chicas —exclama Lucas, atrayendo mi atención y la de mi amigo—. ¿Dónde vais a llevarnos primero?
—Os llevaremos a tomar algo y después vemos cómo nos organizamos —plantea Ava muy feliz. Su alegría nos contagia a todos.
Ava empieza a programar la tarde y los demás la escuchamos. Lucas y Hugo arrastran sus maletas mientras siguen planificando. Como Dan y yo encabezamos el grupo, los guiamos por la calle hasta los aparcamientos.
Hugo guarda el equipaje en el maletero del Serie 7 de Dan, alucinando con el coche que tiene el novio de su amiga.
Lucas le pasa un brazo por los hombros a Ava, acercándola a él.
No soy consciente de que este abogaducho de tres al cuarto va a pasarse todas las vacaciones tocándome los huevos hasta que fija sus ojos en los míos.
—Yo voy contigo, ¿no?
Ava le da un manotazo amistoso a la mano que le cuelga del hombro, apartándola, y asiente, como si la actitud de ese idiota fuera siempre así.
Cuando ella se da la vuelta para subir al coche y Lucas me guiña un ojo antes de ir detrás, maldigo entre dientes estas vacaciones, que todavía ni han empezado.
***
Me paso todo el tiempo que estamos en la cafetería observando a Lucas y su forma de actuar con las chicas.
Es cariñoso con ambas, protector y atento, pero con Ava es distinto.
Es como si la adorase, y eso me jode sobremanera.
Cuando volvemos al coche, tengo claro que, aunque no me apetezca hacerle de guía al amigo, he organizado estas dos semanas pensando en ella.
Así que lo único que importa ahora es hacerla feliz.
—¿Dónde vamos? —me pregunta Ava nada más arrancar.
—¿Qué te parece Central Park? Sé que fue uno de los primeros sitios que visitaste al venir y te encanta.
Se le ilumina la cara al oírme y da pequeños saltos en el asiento.
—¡Te va a encantar, ya lo verás! —le dice a Lucas mirando hacia atrás.
Veo por el espejo retrovisor cómo la cara del abogado cambia al ver la felicidad de su amiga y sonríe. No aparto la mirada cuando descubre que estoy pendiente de él.
—Confío en vosotros —responde, aunque algo en mi interior me dice que eso era más para mí que para ella.
—¿Cómo te va en el trabajo? Espero que no haya sido difícil coger estas dos semanas de vacaciones —comenta Ava al rato.
—No hay nada que pueda evitar venir a veros, cariño. —Aprieto los dientes con ese apelativo y me repito una y otra vez que no pasa nada. Está conmigo, no lo quiere como a mí. Somos distintos, maldita sea—. Pues el trabajo va fenomenal. Y tú, ¿ya tienes listo el estudio?
Ava le pone al día y yo los escucho mientras conduzco. Son amigos, imagino que ella se habrá apoyado en él cuando lo ha necesitado. Sé que no lo conoce desde hace tanto como a Hugo, pero aun así se quieren. Igual que Dan y yo, y tengo que metérmelo en la cabeza.
—Ava me contó que eres cirujano ortopédico —dice Lucas.
Desvío la mirada un momento hacia él antes de centrarme de nuevo en la carretera por donde se va viendo el parque a lo lejos.
—Así es.
—Y que eres dueño de un hospital.
—Te dije que lo sería —lo corrige ella.
Sujeto el volante con fuerza.
—Por ahora sigue siendo mi padre, pero sí, será mío algún día.
—Guau, un hombre importante.
El tono de voz que emplea conmigo no me gusta en absoluto, es como si intentara sonsacarme algo y me está jodiendo demasiado. Ava lo fulmina con la mirada, y eso llama mi atención.
—Para algo debe servir mi trabajo y esfuerzo —contesto, intentando moderar mi tono.
Lucas me mira por el espejo, serio, y se coloca los brazos por detrás de la cabeza.
—Me alegra que Ava haya encontrado un buen hombre.
No respondo a eso porque noto a la perfección cómo me desafía al decírmelo.
¿A qué ha venido eso? ¿Por qué este imbécil intenta sacarme de mis casillas todo el tiempo?
Creo que Ava se da cuenta de que su amigo y yo no somos muy del agrado del otro, porque se vuelve un segundo hacia él y zanja el tema con una aclaración contundente que a mí me hace sonreír, triunfador.
—Eso no lo dudes nunca, Lucas.
***
Cuando ya hemos caminado un buen rato, decidimos parar a descansar y entonces Hugo y Lucas hablan un poco de sí mismos.
Dan y yo descubrimos que Lucas es abogado —algo que yo ya sabía—, primero conoció a Ava y, en consecuencia, a los demás.
Hugo es maestro de primaria y tiene relación con Ava y Jess desde que eran niños.
—Sí, éramos unos mocosos. El tiempo en el internado mejoró cuando nos hicimos inseparables. —Hugo sonríe y no se me escapa cómo mi chica mira a su amiga.
Maldigo en silencio.
Apoyo los codos sobre la mesa y la barbilla en mis puños.
Tengo la vista clavada en Ava, que no hace más que morderse el labio y jugar con su colgante.
Está nerviosa; he descubierto algo que ella no esperaba en absoluto y estoy haciendo un gran esfuerzo por no echárselo en cara.
Tengo que calmarme, no pienso dejar que los demás vean que mi novia me oculta cosas.
—¿Dónde dices que os conocisteis? —pregunto, a pesar de haberlo escuchado bien, sin quitarle ojo a la morena que está poniéndome de muy mal humor.
Todos nos miran y en la expresión de Dan me doy cuenta de que él ya lo sabía. Me joroba mucho que mi amigo sí conozca esa parte de su novia y yo de la mía no.
—En la zona en la que vivimos es muy común que los padres manden allí a sus hijos para estudiar.
«En un puto internado, joder, Ava», pienso bastante cabreado. Me echo hacia atrás en la silla, tan tranquilo que incluso a mí me sorprende. Ava se mueve en su asiento y cuando no sé qué hacer, me levanto.
—Voy a pagar —digo, intentando controlar el tono.
Entro en la cafetería y me contengo una vez más. Solo pasan unos segundos hasta que sé que no estoy solo.
—Zeus…
Sin volverme, cierro los ojos al oírla. Estoy muy enfadado, pero me resulta imposible mantenerme distante con ella. No soy capaz. Me giro y la observo sin acercarme, pero advierto el arrepentimiento en sus ojos y entonces suelto el aire que estaba conteniendo.
—Venga ya, Ava, ¿cuántas cosas más no sé de ti? —Al ver que no dice nada, levanto las cejas—. ¿Esto es una especie de castigo por cómo empezamos?
Eso la molesta, lo noto en su expresión; en realidad no debería haber dicho algo así. Sé que ella nunca me haría eso. Se cruza de brazos y me mira enfadada.
—No es ningún castigo, pero tampoco es que tengas derecho a exigirme nada si me tomo un tiempo en contártelo, teniendo en cuenta que me ocultaste que ibas a casarte con otra.
Se hace un silencio entre nosotros y nos miramos con detenimiento, conscientes de lo ridículos que estamos siendo.
El camarero se acerca y le hago un gesto para que se largue por donde ha venido; después, me acerco a Ava dando un paso.
Ella aparta la mirada, mostrándome que está enfadada, y casi sonrío por lo preciosa que es.
Le cojo la barbilla y hago que dirija sus ojos hacia mí.
—Lo siento, honey , he sido un idiota. Pero me mata no saber de ti todo lo que ellos sí, temo que no confíes en mí lo suficiente.
—Noto cómo se le relajan los músculos poco a poco y le rodeo la cintura con un brazo, atrayéndola hacia mí—.
Quiero que sepas que estaré a tu lado siempre.
Quiero ser el primero al que llames cuando necesites algo.
—Pego mi frente a la suya—. Quiero que confíes en mí como en nadie más.
Parpadea un momento y hace un mohín con la boca antes de acariciarme la cicatriz con la punta de sus dedos. Se me sigue haciendo raro, pero sus caricias sobre mi piel rota es la mejor sensación del mundo.
—Yo también lo siento, cielo. Te pedí sinceridad y no dejo de ocultarte cosas.
Lamento no haberte contado lo del internado y también que aún no sepas otras cosas.
—Eso llama mi atención y ella se da cuenta.
Me rodea el cuello con los brazos—. Confío en ti, es solo que tienes muchos problemas y no quiero que cargues con los míos también.
Al escuchar eso, la estrecho más contra mi cuerpo.
— Honey , tu felicidad es la mía y tus problemas también. Te quiero, nena, con todo lo que el significado de esas palabras conlleva.
—Lo sé. —Me coge la cara entre sus manos y me besa en los labios—.
No vuelvas a pensar que no confío en ti, mi amor.
Pondría mi vida en tus manos sin pensármelo.
—Asiento, hipnotizado por lo que me dice, y la creo—.
Esperaremos a que los chicos se marchen, ¿de acuerdo?
Disfrutaremos de las vacaciones y, luego, volveremos a centrarnos en toda la mierda que nos espera a la vuelta y la solucionaremos juntos.
—Juntos, ¿de acuerdo?
—Sí, siempre.
La beso y le pellizco el culo cuando me separo, haciendo que cambie su rostro serio por una sonrisa espléndida. Miro detrás de ella, desde donde veo a los demás empezar a levantarse.
—Venga, vayamos a terminar de ver Central Park.
Ava empieza a caminar hacia la calle y todavía la estoy observando cuando se detiene y se gira hacia mí para lanzarme un beso que recojo enseguida. «Te quiero», me dice moviendo los labios y se me escapa una sonrisa.