A pesar de todo, tú (Sempiterno 2) Capítulo 10
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Capítulo 10

Hace tres días, Ava llegó a casa muy rara y, desde entonces, estoy más pendiente de ella que nunca.

Ha cambiado, pero no conmigo en particular ni en la forma en que me mira.

Tampoco en su trabajo o con las chicas, pues me he asegurado de ello hablando con Jess.

El cambio ha sido con ella misma. La noto más pensativa, a veces algo tensa, e incluso juraría que ha llorado en la ducha más de una vez, aunque se empeñe en negarlo y en intentar ocultarle a todo el mundo que le pasa algo.

Me apoyo en el marco de la puerta del pasillo y la observo preparar el desayuno en la cocina.

No estoy vestido, anoche le recordé cuánto la quiero de varias formas y de distintas posturas.

Y ahora mismo estoy pensando en hacerlo de nuevo.

Quiero quitarle ese vestido de tirantes veraniego, de color rojo y con pequeños cuadros blancos, y deslizar las manos por sus muslos.

Miro hacia abajo al sentir el cosquilleo.

—Parece que alguien se alegra de verme —comenta con picardía.

Levanto la cabeza y me encuentro a mi preciosa chica mirándome la erección.

Camino decidido hacia ella, la atrapo y la subo a la encimera.

Abre las piernas para dejarme espacio y me rozo contra su cuerpo.

Miro esos ojos que llevan días tristes y le beso primero uno y, luego, el otro.

Aunque me muero por estar dentro de ella, no se puede comparar con la necesidad que tengo de que se libere de lo que sea que la atormenta y lo comparta conmigo.

Necesito arrancarle todo lo que le haga daño.

—¿Qué pasa, vida mía? —pregunto en tono íntimo, acariciándole la clavícula .

Ava mueve la cabeza, reprimiendo lo que sea que la lastima, y odio el gesto triste que intenta disimular.

Por primera vez en tres días, obtengo una respuesta a esa pregunta que le he repetido ya un centenar de veces, aunque no es en absoluto lo que esperaba.

Aun así, respeto el tiempo que necesite.

Ahora que sé que no es por nosotros, quiero darle espacio para que encuentre el momento adecuado para contármelo.

Pasa sus dedos por mis mejillas, bajando despacio por el cuello, los hombros y los brazos.

Después, coge mis manos y las lleva por debajo de su vestido, hasta colocarlas a ambos lados de su ropa interior.

La miro a los ojos todo el tiempo mientras retiro la tela, mientras pego mi miembro a su calidez y mientras se acerca a mí de nuevo.

—Te necesito, Zeus. —Le robo el aliento antes de besarla e introducirme en ella despacio. Pongo una mano en su espalda cuando se arquea con delicadeza, como si se deshiciera en mis manos—. Te quiero tanto.

Desliza sus dedos por mi cara al mismo tiempo que entro del todo.

Nos quedamos un momento sin movernos, solo sintiéndonos, tocándonos y amándonos, hasta que no puedo contenerme más y empujo.

Ava jadea y yo maldigo por lo bien que me siento siempre así.

Sus piernas me aprietan contra ella y ya no puedo parar.

Cierra los ojos, dejando que el placer la atrape; no dejo de mirarla, reteniéndola en mi memoria.

—Te amo, honey —suelto a la vez que la hago mía sobre la encimera de la cocina.

Estoy muy consciente en el instante en el que ella abre los ojos al oírme y lo acepta, lo retiene y lo comparte.

Nos amamos, joder, y creo que sentir esto por ella es lo único bueno que he hecho en toda mi puta vida.

De repente, Ava llora entre mis brazos y mi primer impulso es detenerme, pero me lo impide apretándome con las piernas.

Me necesita. Le aparto el pelo de la cara con las manos y la beso con una necesidad abrasadora.

—Suéltalo todo, mi amor. Dame tu dolor a mí, no puedo verte llorar. Estás a salvo conmigo, nena —susurro sobre sus labios, entrando en ella con parsimonia.

Su mirada está fija en la mía mientras abre la boca para suspirar de placer, con las lágrimas corriéndole por las mejillas.

Las saboreo con la punta de la lengua antes de besarla de nuevo y noto cómo se deja llevar en mis manos, cómo su cuerpo me estrecha mientras grita en una mezcla de dolor y placer.

Y lo absorbo todo. Absorbo su pena, su sufrimiento, entrando una y otra vez en ella hasta que yo tampoco puedo más y me entrego al placer y al amor que siento por ella.

Acuno su cara entre mis manos sin salir ni un milímetro de su interior, elimino los restos de llanto con los pulgares y hago que me mire.

Estudio sus rasgos en busca de algo… hasta que no encuentro nada y apoyo la frente en la suya.

—Estoy aquí, siempre —le recuerdo cerrando los ojos.

Estoy nervioso como pocas veces en mi vida porque no sé cómo ayudarla. Le acaricio los brazos con tranquilidad hasta que me levanta la cara para que la mire.

—Marga es mi abuela. —Me lleva demasiado tiempo recapacitar ante lo que dice y ella se da cuenta, lo sé porque se le arruga el entrecejo y ha bajado un poco la cara para tenerme enfrente, como si así pudiese descubrir lo que pasa por mi cabeza.

Pero, joder, no tiene ni puta idea de cómo está funcionando ahora mi mente.

¿Marga es su abuela? ¿Pero no era un anciano lo que nombró Crystal?

¿Es que esa paranoica me ha mentido y me lo he creído? —. ¿Zeus?

La miro como si, por un instante, me hubiese olvidado de su existencia; y cuando me doy cuenta de que empieza a preocuparse, decido que no es momento de que cunda el pánico, sino de buscar soluciones. Y la única forma que tengo de encontrarlas es haciendo como que no sé nada.

—¿Cómo que Marga es tu abuela? ¿Tu familia no era española?

A Ava le cambia la cara con mi desinformación.

Sé que está asustada porque cree que voy a enfadarme por habérmelo ocultado, lo cual me ha molestado bastante, pero no voy a tomarlo con ella.

Solo quiero ayudarla y consolarla, hablar sobre dejar de mentirnos va a esperar.

Le cojo las manos y le beso los nudillos antes de salir de ella.

—Y lo es. Bueno, al menos eso creía yo también hasta que me mudé aquí.

Vuelvo a pegarme a ella sin importarme una mierda estar desnudo, no pienso detener este momento por nada del mundo.

—¿Cómo que hasta que te mudaste? —Había pensado hacer como que no sabía nada, pero eso se ha ido a la mierda en cuanto la he escuchado. Ya no actúo, estoy alucinando de verdad.

—Pues… —Aparta la mirada de mí con la intención de evitar mis ojos mientras me lo cuenta, ¿por qué? Le cojo la barbilla y la obligo a hacerlo—. Sonia no es mi madre biológica…

Ava me cuenta todo su pasado, lo que ha descubierto de Marga, su tía María, Ana y la hermana de esta, y yo la escucho con el corazón latiéndome con fuerza en los oídos, hasta que nombra a un tal William y los latidos se detienen de golpe: es el hombre del que me había hablado Crystal.

Siento lástima por lo que ha sufrido y también rabia por lo que esa miserable le ha hecho.

No me hace falta mucho para darme cuenta de que el abandono de su madre lleva años destrozándola, aunque se esfuerce en aparentar que no es así.

Quiero destruir a cualquiera que le haya hecho daño, a todo el que trate de hacérselo. La abrazo cuando empieza a llorar.

—No pasa nada, honey , todos tenemos un pasado y estamos tocados por él.

—Intento eliminar todas su lágrimas con caricias—.

Perder a mi madre ha sido lo más duro por lo que he pasado jamás, ella era mi apoyo, me entendía.

Era preciosa, cariñosa y muy familiar. Me encantaba llegar del colegio y que me estuviese esperando con una de sus bonitas sonrisas.

Me leía por las noches y me arropaba cuando me dormía.

Era sin duda lo mejor que teníamos en la familia, nuestro pilar fundamental.

—Lo siento, ojalá nunca tuvieras que haber pasado por algo así.

Ava pone una mano en mi cara y me apoyo en ella: mi nuevo pilar fundamental. Le beso la muñeca.

—Nuestro destino está escrito y quiero pensar que ella estuvo aquí hasta cuando tuvo que estarlo, aunque me ha costado muchos años aceptar ese pensamiento.

—Le acaricio el arco de cupido con el pulgar—.

Ahora quiero pensar que tu destino era venir aquí y empezar a encontrar todas las piezas que le faltan a tu vida, empezando por Marga.

—Y a ti.

Su confesión es un tierno susurro que me llega al alma, se instala en mi corazón y se expande por todo mi ser.

Tendríamos que estar vistiéndonos para ir a por sus amigos al aeropuerto, pues llegan en unas horas, pero no pienso en nada más que en rodearla entre mis brazos, bajarla de la encimera para cruzar el pasillo mientras la beso y dejarla sobre la cama para hacerle de nuevo el amor.