A pesar de todo, tú (Sempiterno 2) Capítulo 7 #2
23%

Capítulo 7 #2

Lo que hemos hablado Dan y yo esta noche da vueltas en mi cabeza como si fuese un remolino que quiere llevárselo todo, sin dejar nada.

La puerta de la habitación está medio cerrada; la abro con cuidado y veo su figura en la cama.

Un hilo de luz que entra del pasillo le baña la cara, delicada y tranquila por el sueño.

Me desvisto de camino a la cama y, cuanto más cerca estoy de ella, más se acelera mi corazón.

Se vuelve loco por ella, joder. Deseo con todas mis fuerzas que todo acabe de una vez, que podamos respirar tranquilos sin el temor de lo que cada uno le esconde al otro.

Sé que ambos tenemos nuestras razones para protegernos, pero se tiene que terminar.

No puedo seguir ocultándole cosas, no puedo soportar que esté sufriendo en silencio porque no sabe cómo contármelo.

Aturdido por todo lo que estoy experimentando en este momento, avanzo con la intención de tumbarme a su lado y abrazarla mientras disfruto de su respiración apaciguada hasta quedarme dormido, pero Ava se mueve bajo las sábanas y me detengo.

Es esa conexión que compartimos: ha sentido que estoy aquí, justo al pie de la cama.

Es imposible que me haya oído, no he hecho ni un solo ruido.

Cuando sus ojos adormilados me miran, siento que lo tengo todo y no pienso permitir que nadie me la arrebate.

Me estudia desde la cama hasta que empieza a deslizarse las sábanas por su suave y bonito cuerpo…

desnudo. El pelo, como un manto de la seda más suave, le cae por los pechos, pero aun así puedo ver sus pezones oscuros a través de ellos.

Parpadeo. ¿Cuándo ha pasado esto? ¿Cuándo he pasado de ser un tipo con mil problemas encima a uno con semejante fortuna porque le esperan al llegar a casa?

Rodeo la cama sin apartar la mirada de ella.

Me acerco hasta que mis rodillas dan en el colchón y la observo desde ahí, tan bella y perfecta.

Le acaricio la mejilla con los nudillos cuando se incorpora para acercarse a mí.

Mi miembro palpita contra la ropa interior, necesitado de que lo libere.

Mira mi torso desnudo y me recorre desde el ombligo hasta la cinturilla del bóxer con el índice.

—He intentado esperarte despierta —se disculpa y se humedece los labios con la lengua.

Meto una mano por detrás de su cuello, la enredo en su pelo y me inclino despacio hacia ella. Me detengo cuando estoy tan cerca de su boca que aspiro su aliento para respirar.

—Esto es perfecto, honey . —Le rozo el labio inferior con los dientes y ella jadea, pero no aparto los ojos de su boca ni un segundo—. Tú eres perfecta. Una diosa.

Sonriendo, me pasa los brazos por el cuello y se levanta para besarme.

En cuanto la tengo pegada a mí, la abrazo por la cintura y la sujeto por la nuca, intensificando el beso.

La levanto para que me rodee con las piernas y la toco por todas partes.

Dios, es increíble lo que me hace sentir.

Dejo un momento su boca para prestarle atención a su cuello y sus clavículas. Me encanta esa zona de su anatomía.

Las persianas están levantadas y la luz de la calle embellece con las sombras sus rasgos. Es un pecado capital lo hermosa que es. Le aparto el pelo del cuello para volver a besarla ahí y, luego, más arriba hasta llegar a su oreja; noto cómo se estremece entre mis brazos.

Sin prisas, empiezo a inclinarme sobre la cama, todavía con ella agarrada a mí, y nos tumbo.

Abre las piernas para dejarme entre ellas y vuelvo a besarla.

Acaricio su lengua con la mía, la devoro hasta que necesitamos respirar.

Le beso las mejillas, la punta de la nariz, los párpados y las cejas; mi corazón se desboca cuando se ríe.

Con una sonrisa en los labios, le doy un suave mordisco en la mandíbula.

—Eres preciosa .

Ava gime conforme voy bajando por su cuerpo, acariciándolo con los labios y la lengua.

Absorbo un pezón, duro y caliente, tiro de él y lo rozo con los dientes, robándole otro suspiro sexy .

Después, hago lo mismo con el otro, volviéndola loca de placer.

Su espalda se arquea y no puedo evitar rozar mi erección, aun con ropa interior, por su coño ya desnudo y húmedo.

—Estoy así solo por ti —afirmo mirándola desde su estómago.

—Castígame por ello —me reta mordiéndose el labio.

La miro un momento antes de besarle el ombligo y bajar hasta su monte de Venus.

Sin apartar los ojos de ella, paso la punta de la lengua por su clítoris, de manera suave y lenta, pero que enciende su mirada igual que el fuego se traga un bosque.

La siguiente caricia es distinta, acaparo toda su humedad, ardiente y palpitante, y me entrego a ello hasta arrancarle un gemido tras otro, un arqueo de espalda tras otro.

Me tira del pelo mientras me la como entera y noto que la entrepierna me va a reventar.

—Ven aquí —me suplica y le succiono su hinchado centro de nervios haciéndola gritar.

—Un momento, nena. —Sonrío al ver que me mira irritada, le doy un beso en su zona estimulada, me limpio los labios con la lengua y añado un dedo—. Estás a punto, maldita sea.

Apenas he vuelto a pegar la boca entre sus piernas, Ava me tira del pelo y me levanta la cabeza. Una tormenta cruza sus iris.

—Ven aquí ahora mismo. —Levanto las cejas, divertido por su arranque, y entrecierra los ojos—. Zeus, te necesito.

No hace falta ni una sola palabra más para que me tenga.

Trepo por su cuerpo, muerto de hambre por ella, y me coloco encima, abriéndole las piernas con las rodillas.

Pongo una mano en el colchón para sujetarme mientras ella me rodea el cuello antes de abrazarme la cintura con las piernas.

Meto una mano entre nosotros y, cuando me coloco en su entrada, empuja hacia mí para meterse entera mi erección.

—Oh, Zeus, madre mía…

La beso con ferocidad, moviendo las caderas contra ella con ganas, con anhelo, como si hiciera muchísimo tiempo que no estamos así y no tan solo un puñado de horas.

Le aparto el pelo de la cara cuando se le pega por el sudor.

Ava levanta las caderas, gimiendo y gritando sobre mi boca, hasta mordiéndome el hombro cuando giro las caderas.

Estoy muy excitado, siempre me lleva al límite cuando estamos en la cama.

A veces me contengo a duras penas por correrme en cuanto entro en ella. Y hoy no es la excepción.

El cúmulo de sensaciones, de sentimientos, de sus manos tocándome, adorándome... Sus labios tirando del lóbulo de la oreja a la vez que jadea en ella. La piel de la nuca se me eriza y noto la tensión en la espalda.

—Me cago en la puta —gruño entre dientes, empujando sin control—. Voy a correrme, nena.

Ella asiente, tiene la boca seca y las mejillas ardiendo.

Nos giro en la cama y pongo las manos en su cintura cuando se sienta sobre mí.

Ava se apoya en mi pecho y empieza a moverse con maestría.

Le agarro los pezones duros mientras leo una y otra vez el tatuaje entre sus pechos.

Recorro su escote perlado de sudor, su cuello está estirado porque ha echado la cabeza hacia atrás y decido que es el momento.

Aprieto su cuerpo contra el mío y la ayudo a moverse, intensificando cada uno de sus vaivenes hasta que, mordiéndose el labio con fuerza, se tensa de pies a cabeza.

Noto cómo se estrecha a mi alrededor y cómo el intenso y maravilloso placer me recorre cada rincón del cuerpo hasta que ambos explotamos.

Me incorporo en el colchón y la abrazo con fuerza, sin dejar de movernos, de tocarnos… de besarnos. Respiramos agitados. Ava grita y choca su boca con la mía. Me coge la cara entre sus manos mientras nos detenemos con tranquilidad.

Quiero pasarme el resto de mi vida así, con ella entre mis brazos, mirándome con ese amor que siempre brilla en sus ojos cuando lo hace.