Capítulo 7
—Mi gatita dice que sus amigos estarán aquí hasta finales de julio.
Juego con el brandy que Dan me ha servido en cuanto he llegado. Muevo la copa de cristal, le doy un largo trago y escucho desde nuestro reservado a la gente gritar sobre la estruendosa música del DJ.
Mientras observo a mi amigo, pienso en lo que me ha dicho y recuerdo cuando Ava me contó que quería hacerles un tour .
Desde ese día he estado planeando algunas excursiones para que puedan conocer lo mejor de Nueva York.
Aunque, para ser sinceros, mi principal objetivo es que ella —y solo ella— disfrute de esos días.
Me encantará verla reír, emocionarse y hacer fotos, como tanto le gusta.
Pero aún no sabe nada, quiero que sea una sorpresa.
Y para ello, también he mandado preparar la casa familiar que tenemos a las afueras.
Hace tiempo que no la utilizamos, pero mi padre la mantiene en perfectas condiciones. Así que podremos pasar unos días allí.
—Sí, eso me ha contado Ava —le digo, dejando la copa sobre la mesa—. Decía que quería enseñarles un par de sitios y se me ha ocurrido algo.
Dan se inclina sobre la mesa y me mira con esos ojos tan inquisidores. Como siempre que está trabajando, lleva el pelo negro engominado hacia atrás. Lo cierto es que mi amigo a simple vista da un miedo de cojones.
—¿Qué harás?
—He pensado que podríamos irnos todos a la casa del lago.
Él sabe cuál es; hemos pasado algunos veranos allí cuando éramos más jóvenes y a los dos nos gustaba bastante. Mi amigo se echa hacia atrás en el sofá, pasándose la mano por el pelo, y el sello que lleva en el meñique brilla cuando un led le da de lleno. Sonríe.
—Algo me dice que lo pasaremos de puta madre esos días —ironiza, echando un ojo a su alrededor y controlándolo todo. Después clava la mirada en mí de nuevo—. Oye, ¿puedes distanciarte tantos días del hospital?
—Lo tengo todo bajo control. Como Amber no quiere saber nada del Vitality, dejaré a Arizona al mando. De todas formas, tendré el teléfono operativo para alguna urgencia.
Mi amigo está a punto de decirme algo, pero uno de sus camareros entra en nuestro reservado y lo agarra del brazo con la cara desencajada.
—¡Se están dando de hostias en la entrada! —exclama, bastante frustrado, el chaval.
Dan se levanta de inmediato mientras me asomo por la barandilla que separa los reservados de la pista de abajo y veo el mogollón en la entrada.
A pesar del jaleo, no me preocupo; mi amigo lo arreglará en dos segundos, ya sea solo —parece un puto jugador de boxeo de lo fuerte que está— o con su equipo de seguridad.
Dan tiene poder, cualquiera hará lo que sea por él.
Despreocupado, me recuesto y el móvil me vibra justo cuando me acomodo.
Ava: ¿L o estás pasando bien?
Releo el mensaje, seguro que está tumbada en el sofá, disfrutando de alguna serie en la televisión; al menos así la dejé cuando me despedí de ella después de cenar.
No le mentí al decirle que iba al club de Dan para hablar sobre Crystal y su padre.
Cuanto más pienso en qué responderle, más ganas tengo de irme con ella y terminar la película que esté viendo de la forma que más nos gusta.
Sin embargo, no puedo. He venido aquí porque, según Dan, hay alguien que puede ayudarnos a buscar información sobre Donald.
Zeus: Lo pasaría mejor si estuvieses conmigo.
Ava: Pues ven a casa.
A casa... qué bien suena. De reojo, me percato de que Dan viene subiendo la escalera, así que escribo lo más rápido que puedo:
Zeus: Intentaré no tardar. Te compensaré cuando llegue. Te quiero.
Miro impaciente cómo aparece un «escribiendo» debajo de su nombre y, luego, llega su respuesta.
Ava: Más te vale.
Yo también te quiero.
Dejo el teléfono sobre la mesa cuando Daniel se sienta delante de mí, se remanga de nuevo la camisa y deja a la vista sus nudillos enrojecidos. Parece que ha decidido solucionar él mismo el problema.
—¿Ha sido necesario? Tienes gente que lo hace por ti.
—Lo sé, pero me ha cabreado tanto la pelea que necesitaba darle su merecido a ese mierda. —Se mira las manos y hace una mueca de desagrado—. A mi gatita no le va a gustar esto, me la va a liar.
—¿Qué ha pasado?
—La novia del tipo quería irse a casa, pero él ha bebido más de la cuenta y la estaba presionando para que se quedara. Como ella se ha negado, el gilipollas la ha golpeado. ¡Maldito hijo de puta! Estaba controlado, pero algunos se han metido a defender a la chica y se nos ha ido de las manos.
—¿Y el resto de tu personal? Me he fijado que no están todos.
—He mandado algunos al del centro, he tenido algunas bajas. Creía que hoy no haría falta, mi local no es un foco de peleas, nadie se atreve a provocarlas.
Niego con la cabeza y le hago un gesto al camarero de antes para que se acerque.
—Dan, aunque tengas otros clubes, este es el más concurrido y conocido. Joder, toda seguridad es poca.
Sabe que llevo razón, pero solo maldice.
—Ya lo sé, pero el tema del restaurante, el viaje de Jessica para las prácticas y ahora la llegada de sus amigos…
No sé cómo me he podido quedar corto en seguridad —dice Dan, mirando al camarero—.
Lo de siempre y bien cargado. —Cuando el tipo se va, mi amigo me observa abriendo y cerrando el puño sobre la mesa—.
¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar con lo de Donald?
Frunzo el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Daniel se inclina sobre la mesa y se calla hasta que el camarero vuelve a marcharse después de dejarnos su copa sobre la mesa.
—El tío al que conozco sabe dar con lo que nadie ha encontrado nunca.
Va a coger lo mínimo que haya hecho Donald y, aunque su mierda tenga treinta años, la utilizará para destruirlo.
Las cosas pueden ponerse muy feas. Después de los problemas que te están dando los antiguos abogados de tu padre, te recomendaría cambiarlos por otros que estén dispuestos a hacer lo mismo que tú para recuperar el Vitality.
Me paso el nudillo del dedo índice por los labios mientras lo pienso un momento.
Si Dan me está diciendo esto, es porque espera que los problemas estallen de un momento a otro y me salpiquen.
¿Y es justo eso lo que quiero? ¿Quiero que la situación nos ahogue cuando termine explotando, si encontramos cosas que no deberían descubrirse jamás?
¿Dónde dejará eso a Ava? ¿Hará esto que ella se quite del foco de atención de Crystal?
No tengo ni puta idea y odio no saber qué va a pasar, porque si no sé cuál es el próximo movimiento, no puedo protegerla.
Así que, ya que no sé qué va a pasar, al menos voy a intentar evitar que ocurra a toda costa, y la única solución es deshacernos de Donald Lewis.
Sobre los abogados… puede que tenga razón. Asiento, mirando a mi amigo a los ojos, y cuando él me devuelve la misma mirada, sé que lo ha entendido. Aun así, ya con su teléfono en la mano, se detiene un momento.
—Estás seguro, ¿no? Está esperando una llamada. La haré y el tipo se pondrá en marcha.
—Ya te dije que Ava tiene familia en Brooklyn —le recuerdo y él asiente, con el gesto cada vez más tenso con lo que sea que le pasa por la cabeza—, pues Crystal lo sabe y ahora me chantajea con eso. No puedo permitir que la toquen.
Mi confesión es suficiente para él, se levanta de inmediato y se coloca el móvil en la oreja. Jamás pensé que alguna vez diría esto, pero me gusta que Dan se preocupe por Ava. Sé que la protegerá pase lo que pase. Lo observo hablar por teléfono y cómo se dirige de nuevo hacia mí.
—Ahora cuéntame con detalles lo que pasa y no me vale que me sueltes lo mismo que aquella noche en mi apartamento. Quiero saberlo todo, Zeus.
Hago un gesto de asentimiento con la cabeza, no se merece menos.
Le cuento todo lo que sé: que Sonia no es la madre biológica de Ava, sino una drogadicta que la abandonó hace no sé cuánto tiempo, y que tiene un abuelo viviendo en la miseria en Brooklyn, al que Crystal ha pagado para que no tenga relación con su nieta.
También que, hace unos días, escuché cómo Ava les contaba a sus amigos que no quería decírmelo por lo que pudiera pensar.
—¿Y qué vas a hacer? —pregunta atónito, tras un largo momento pensando qué decirme.
—He estado a punto de contratar a un detective privado para que los encuentre, pero no quiero que Ava se entere y crea que actúo a sus espaldas.
—Que es justo lo que estarías haciendo.
Lo fulmino con la mirada, no necesito ese tipo de comentarios porque ya lo sé.
—Así que no voy a hacer nada.
—Está claro que no haces nada por elección propia. —Le da un trago a su copa y me mira por encima del borde del vaso.
—Claro que no, pero voy a esperar a que ella me diga algo. Al menos hasta que se vayan sus amigos; si después de eso no sé nada aún, le sacaré el tema.
Dan asiente mientras echa un vistazo al local, barriendo de nuevo la zona y clavando sus ojos azules en cada esquina para buscar algo fuera de lo normal donde poner orden.
Cuando no encuentra nada, dirige su fría mirada hacia mí.
Dan es otra persona cuando está aquí: calculador, serio, profesional, como un puto lobo hambriento a punto de comerse a cualquiera que se atreva a descontrolar un poco el buen ambiente de su club.
Tras un segundo, coge el vaso y me hace un gesto para que coja el mío. Al hacerlo, hace un brindis.
—Por los viejos tiempos, colega.
Le doy un trago a mi copa. Nevermind , de Dennis Lloyd, suena a todo volumen, y pienso en lo que acabamos de hablar. Vamos a terminar con los Lewis.
***
Aunque le dije que intentaría no tardar, es de madrugada cuando regreso a casa.
Al entrar, todo está apagado, pero, a pesar de la oscuridad, veo los zapatos de Ava a un lado y el bolso sobre la encimera de la cocina, y no puedo evitar sonreír.
Es como un torbellino andante. Guardo mis cosas en el armario que tengo para eso —el que ella casi nunca usa— y voy directo a nuestro dormitorio.