A pesar de todo, tú (Sempiterno 2) Capítulo 5
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Capítulo 5

Las chicas se ríen mient ras Sam y Seth corretean por el salón del piso de Jessica.

Nos hemos reunido porque van a traer los muebles del estudio y, como los chicos están trabajando, ellas han venido para acompañarme, aunque la empresa se encarga de subirlos y montarlos.

Mientras observo a los niños jugar y recuerdo cómo le di los buenos días a Zeus tras su turno de noche, escucho varios tintineos en los teléfonos, a la vez que el mío empieza a vibrar, lo que llama la atención de Amber, qu e nos mira desconcertada.

—Vaya, que solicitadas estáis —nos acusa sonriendo.

—Sí, bueno, ya sabes cómo es tu hermano —me excuso—. Ahora quiere saber si estoy bien a cada momento.

Aunque ninguna dice nada, me doy cuenta de cómo Jess sonríe al ver la notificación.

Al sacar mi móvil del bolso, veo que tiene varios likes en Tinder.

Desde que se lo creamos, hemos estado revisando perfiles y tomando decisiones conjuntas sobre qué hombres consideramos aptos y cuáles no.

Hace unas tardes, nos pasamos más de dos horas en busca del hombre perfecto.

—Ya veo, ya, es muy intensito el pobre. ¿Y vosotras qué? —Amber se gira hacia las demás y señala a Maddie—. ¿Desde cuándo te suena a ti tanto el móvil, peque?

—¿Dejareis de llamarme algún día así? —resopla Maddison poniendo los ojos en blanco.

—¡No! —decimos todas al unísono muertas de la risa .

Aprovecho que los niños se acercan a su madre para concentrarme en la aplicación y se me cae la mandíbula al ver que un tal Malcolm ha hecho match con ella .

En cuanto levanto la vista de la pantalla, me encuentro con las miradas de Maddison y Jess.

Por sus gestos, sé que han visto la misma foto del tío sin camiseta y en bañador.

Sin embargo, una cara bonita no elimina la probabilidad de que sea un asesino en serie o un secuestrador, así que entro en su perfil.

El pensamiento de que esa información también pueda ser falsa me cruza por la mente y, por un momento, me entran ganas de eliminar el perfil y dejar esto como una simple anécdota.

Luego pienso que hay que arriesgarse y se me pasa.

Según lo que pone, es profesor en un colegio, no tiene hijos ni mascotas y tiene cuarenta años.

Bueno, solo tres más que Amber, no está nada mal.

Miro de nuevo a las chicas justo cuando Amber lleva a Seth al servicio y me acerco a ellas.

—¿Abrimos chat con él? —pregunta Jess ansiosa.

—¡Sí! —exclama Maddie. Está tan eufórica que los mechones rubios, ahora con las puntas azules, que se ha soltado del moño bailan agitados alrededor de su rostro, cada día menos maquillado.

Tengo ganas de encontrarle un ligue, pero eso no hace que me dé menos miedo. Me acerco para hablar bajito, por si Amber nos descubre.

—Antes de quedar, hablaremos unas semanas con él —propongo, y ellas asienten, conformes. Jess no tarda en enviarle al tipo un «hola» y Maddison sonríe encantada—. Espero que no nos odie cuando se entere —murmuro, un pelín preocupada.

Nos pasamos toda la tarde en el apartamento de Jess, escuchando el ruido de los trabajadores mientras terminan el montaje. Me he acercado un par de veces para echar un vistazo y, cuando han acabado por hoy, he cerrado con llave. Mañana será otro día .

En la cocina, Jess y yo preparamos algo de picotear cuando ella se detiene y me clava la mirada.

—¿Cómo llevas el tema de William?

Pienso en él, es el padre de mi madre biológica.

Desde que supe que está vivo y que vive en Brooklyn, no he dejado de pensar en la posibilidad de conocerlo.

Quizás no sea como su hija y quiera formar parte de mi vida, pero…

si lo único que encuentro al verle es más rechazo, no sé cómo podría afrontarlo.

Por eso, todavía no estoy segura de si de verdad quiero buscarlo.

—No muy bien, aún no se lo he contado a Zeus —confieso tras un suspiro bastante largo.

—¿Lo dices en serio? —Jessica me mira como si fuese un monstruo y me siento horrible—.

Lleváis desde que os conocéis ocultándoos cosas y le has dado dos malditos ultimátum por ello.

No me parece justo que ahora seas tú quien le esconda algo.

Estáis juntos, te apoya en todo y estoy segura de que, si se lo pides, removerá cielo y tierra para encontrar a William.

No me entiende. No se lo oculto porque piense que no me ayudaría —sé que lo haría—, sino porque no quiero añadir más problemas a los suyos.

Además, ¿cómo le cuento que no fui suficiente para mi madre y que me abandonó?

Dios… no. No es un tema que me haya afectado demasiado —al menos, no para decirlo ahora—, pero tampoco es algo que vaya gritando a los cuatro vientos.

Quiero decir que no seré capaz de soportar la cara de Zeus cuando se lo diga.

La pena, la rabia y la lástima que sentirá por mí… No estoy preparada.

—No lo sé. No quiero preocuparlo.

Por un momento, creo que va a decir algo al respecto, pero solo asiente y continúa con lo que estábamos haciendo. Mientras saco algo de la nevera, me acerco a ella de nuevo .

—No se lo cuentes a Daniel, por favor. No quiero que, preocupado, se lo comente a Zeus y se enfade por no habérselo dicho yo.

—Tranquila, ese grandullón no se va a enterar de nada.

Veo cómo sale de la cocina y me pregunto si sabrá lo que pasó entre su novio y Crystal, o si debería contárselo yo…

aunque quizá sea mejor que él lo haga, si es que no lo ha hecho ya.

Suelto el aire de mis pulmones, preocupada porque, desde que nos mudamos, siempre parece haber algo acechándonos.

Me dirijo al salón cuando oigo a Maddie preguntarle algo a Amber.

—Entonces… ¿no has vuelto a conocer a ningún hombre?

—No, estoy muy ocupada con el curso de fotografía y los niños. Además, no me apetece mucho.

Me es inevitable no fijarme en cómo Amber aparta un poco la mirada. Debió ser durísimo.

—¿Cuánto hace que no follas? —le pregunta Jess, consiguiendo que nuestra amiga dé un respingo. Las otras dos se ríen por ello—. ¿Qué? Es que si Dan no llega a casa y me da lo mío… lo siento, pero no soy yo.

Me río con ella y me siento en el sofá. Mientras escucho las obscenidades que suelta la bruta de Jess, echo un vistazo a los niños por si nos están prestando atención, pero están entretenidos en sus juegos.

Amo estas reuniones, no hay conversación que no termine con la vida sexual de alguna de nosotras.

—Pues... —Amber se da con el dedo en el labio inferior, pensando; luego, abre los ojos y ríe—. Pues exactamente hace dos...

—¿Dos meses? —la interrumpe Jess, dando un sorbo a su vino—. Bueno, es pasable, entendiendo que eres madre y tienes respon...

—Dos años, Jessica. Años.

En cuanto oímos eso, Jess, Maddie y yo nos giramos hacia ella.

¡Dos años es demasiado tiempo! Me asombra saberlo y a las demás, por sus caras, también.

Pero, al ver que Amber se empieza a arrepentir por haberlo confesado, le paso una mano por el pelo, tan parecido al de su hermano, y sus ojos verdosos se fijan en mí.

—No es para tanto —le digo, intentando animarla—, habrá gente que lleve más.

—Sí, claro, Amber. Yo una vez... —Jess intenta decir algo también y, al ver que le pido con la mirada que piense antes de hablar, se pasa los dedos por la nuca con una sonrisita en los labios—. Estuve bastante tiempo sin sexo... tanto, que ni me acuerdo ya.

En realidad, si no fuese por la situación, me habría reído ante el compromiso de mi amiga. Ni ella se cree que haya estado más de un mes sin meter nada ahí abajo.

—Si te sirve de algo, yo no lo hago demasiado —suelta Maddison, echándose el pelo de la coleta detrás del hombro.

—Madre mía —exclama Jess muy sorprendida—, pero ¿es que en esta ciudad os gusta pasar necesidades íntimas o qué?

—No es eso. —Maddie se señala—. Me cuesta ligar con mi forma de vestir y mi apariencia.

—Pero si eres preciosa —aseguro—. ¿Qué estás diciendo?

—Peque, eres guapísima. Estoy segura de que es más por lo hermética que eres a veces que por tu apariencia.

Maddison asiente, sonriente por las palabras de Amber.

Lleva toda la razón, Maddie es muy guapa y bastante responsable para su edad.

Nada tiene que ver con la chica que vestía de negro cuando la conocimos.

Ahora ha metido algo de color en sus mechas, a veces usa ropa algo más ajustada y no se maquilla tanto.

¡He descubierto que tiene pequitas por encima de la nariz!

—Sois las mejores amigas que se podría tener —afirma y nos abraza.

Es increíble cómo hemos formado este grupo, siempre unidas, siempre las unas para las otras.

***

Por la noche nos despedimos en la salida del callejón, y entre Amber y yo metemos a los niños en su coche. Seth va en sus brazos, dormidito ya, y Sam camina como un zombi, muerta de sueño también. En la calle, mientras esperamos a que llegue Marc, veo que Maddison saca su móvil y empieza a caminar.

—¡Ven, que te llevamos! —le digo, mirando el cielo negro y la gente de aquí para allá. Me acerco a ella cuando me doy cuenta de que no me escucha, pero es que ni loca dejo que se vaya andando tan tarde. Cuando me ve, guarda el móvil en el bolso—. Marc está al llegar, te llevaremos.

—No hace falta, no vivo tan lejos.

—No voy a dejar que camines hasta donde sea que vives a esta hora de la noche.

Se muerde el piercing del labio y juega con él, pero no me vuelve a contradecir y sus ojos se mueven rápido cuando oímos el rugido de un coche.

—Buenas noches.

En cuanto escucho esa voz el corazón se me dispara y me vuelvo enseguida.

—Zeus. —Me lanzo a su cuello y lo abrazo. Dios, qué bien huele.

Me besa con delicadeza y se separa para saludar a Maddie.

—Hola —murmura ella, mirando de reojo a Marc que está observándonos por la ventanilla del conductor.

—Me alegro de volver a verte —le dice Zeus, invitándola a entrar en el coche—. Vamos, dinos dónde vives.

—De verdad, no es necesario, yo voy dando un paseo. No hace falta que os molestéis.

Maddison tiene intención de empezar a caminar, cuando Marc la detiene con su voz.

—Sube, no será un problema llevarte. ¿Dónde vives?

Ella lo mira y me fijo en cómo se ruboriza. ¿Así que el problema es que Marc la intimida? Me río con disimulo.

—En Long Island City —contesta Maddie, apartando la mirada.

No sé dónde está eso, la verdad, pero por cómo Zeus niega con la cabeza debe estar lejos.

—Sube —le repite Marc, sin quitarle los ojos de encima—, estás a más de media hora andado.

—¿Te has vuelto loca? —la reprendo, ¿cómo que media hora andando? Señalo el coche, un tanto molesta porque prefiera ir andando y ella me mira—. Sube o nos quedamos aquí hasta mañana.

Los hombres resoplan porque saben que soy capaz.

Unos segundos después, sube sin rechistar.

Durante el trayecto, disfruto viendo cómo Marc desvía sus ojos de vez en cuando hacia el espejo retrovisor, aunque no se une a nuestras conversaciones.

Al llegar, compruebo que la zona en la que vive no está nada mal, parece tranquila y bien cuidada.

Tras despedirse de nosotros y agradecernos que la hayamos traído, se baja del coche y entra en un bloque de pisos de ladrillos rojizos y ventanas con rejas, que iluminan la fachada de noche.

Cuando ya no podemos verla, Marc se dispone a llevarnos a casa y el cristal oscuro nos separa de la parte de delante del coche.

—Tenías ganas de verte —me susurra Zeus al oído, erizándome la piel.

Apoyo la cabeza en su pecho, lo abrazo y escucho el ritmo de su corazón.

De repente, la conversación con Jess en su apartamento me invade la mente y me siento mal por ocultarle lo de William.

Quiero que me ayude, que me acompañe en el proceso.

Y sé que, si dejo que esto se alargue mucho más, acabaremos discutiendo, y no quiero eso.

Tengo que encontrar el momento adecuado para decírselo de una vez.

Pero antes, voy a seguir fundiéndome entre sus brazos mientras me acaricia el pelo.