Capítulo 4
Ha pasado una semana desde que decidí contratar al personal para la reforma del apartamento de Ava y ahora nos encontramos allí, en la cocina. Ella habla con sus padres por teléfono, justo en la parte donde antes se encontraba la barra del desayuno, pero que ahora está vacía.
—Que sí, mamá, intentaré ir lo antes posible, pero entiende que no puedo coger un vuelo cada dos por tres.
—Ava pone los ojos en blanco cuando me mira y sonrío antes de volver a revisar la obra—.
En unas semanas vienen Hugo y Lucas, podíais haber venido con ellos, pero siempre está el maldito trabajo que no os hace falta, igual que cuando me operé.
Así que ahora hay que esperar a Navidades.
¿Quiere ir en Navidad a España? No me había comentado nada.
Supongo que es porque todavía quedan casi seis meses.
Me acerco al jefe de la cuadrilla, observo como da órdenes y pide empezar a trabajar en la parte de la cocina.
Llevan pocos días en la obra, pero van bastante adelantados.
Paso bastante tiempo aquí, antes hacía muchas horas extras en el hospital porque me había costumbrado a ello para evitar estar con Crystal.
Sin embargo, hace unas semanas decidí llevarme algo de trabajo a casa para pasar más tiempo con Ava.
—El trabajo me va bien, poco a poco voy atrayendo a nuevos clientes. —Me giro al oírla—. Además, Zeus me está ayudando con la obra.
En cuanto escucho mi nombre, presto más atención.
Esta vez no la beso, prefiero esperar a que termine de hablar con su madre, con una de ellas, claro.
Odio este resentimiento, que nos hayamos ocultado tanto.
Espero que, ahora que sabe todo lo que pasa, ella dé el paso y me lo cuente.
No puedo creerme que hayamos intercambiado los papeles.
—En dos semanas habremos terminado —informa el encargado mostrándome lo que han adelantado hoy.
Aunque sigo al hombre con mono de trabajo y reviso todo, no dejo de oír a Ava. Le cuenta a su madre sobre sus amigas, sobre mí, sobre su trabajo y, aunque a veces se enfada con Sonia, termina colgando la llamada con una sonrisa preciosa en los labios.
—Pero bueno, esto está dando un cambio radical —dice alguien en la puerta y nos giramos hacia la voz.
Dan camina hacia Ava y le besa la coronilla para saludarla.
No me molesta en absoluto ese acercamiento, sé que se preocupan el uno por el otro y confiaría mi vida a ambos.
Mi amigo me pasa un brazo por los hombros.
Somos casi igual de altos, yo alcanzo el metro noventa y, aunque Dan es algunos centímetros más bajo que yo, me gana en masa muscular. De pronto, mira a los trabajadores.
—Los que iban a ponerse con el restaurante se han retrasado unos días. Y eso hace enfadar a mi gatita, joder.
—Gatita… —Nunca me acostumbraré a escuchar a mi mejor amigo referirse de esa forma a su novia.
—¡¿Qué?! Esa mujer es una felina en todos los aspectos.
No puedo evitar reírme de nuevo y este me propina un puñetazo en el hombro cuando se separa de mí.
—Por fin, pensaba que mi madre no me dejaría nunca.
Miro a la mujer que me roba el alma cuando se coloca a mi lado y sus palabras me dan una punzada.
«¿Qué madre? ¿Cuál de las dos, cielo?», quiero preguntarle, pero mejor lo dejo estar.
Intento olvidar el tema, imagino que necesitará su tiempo, quizá solo esté buscando la forma de contarme que Sonia no es su madre biológica, que esa la abandonó de niña.
Cuando nuestros brazos se rozan, recuerdo algo y, sin importarme quién está delante, la beso. Es uno rápido, pero tenía que hacerlo.
—Jessica y yo tenemos pensado dar una fiesta de inauguración cuando el restaurante esté terminado —comenta Dan—. Algo tranquilo, privado, amigos y familia, poco más.
—Ojalá los padres de Jessica pudieran venir, siempre están de viaje.
Dan y yo miramos a Ava.
—¿De viaje? —se interesa mi amigo.
—Tienen una empresa de asesoramiento financiero y antes tenían una oficina en Madrid, pero como tienen clientes en casi toda España y oficinas acá y allá, se pasan la mayor parte del tiempo viajando con la excusa de supervisar el negocio.
Él asiente y, aunque yo no intervengo, sí pienso que nuestras mujeres tienen muchos más problemas de los que jamás habíamos imaginado.
Por la cara de mi amigo ante lo que Ava ha confesado, descubro que sabía tan poco del tema como yo sé sobre las madres de Ava.
Si yo fuera padre, jamás me atrevería a perderme la vida de mi hijo por nada del mundo.
Clavo la mirada en Ava ante mi repentino pensamiento. Espera, ¿estoy pensando en hijos? Ella frunce el ceño al mirarme y temo haberme puesto pálido ante la idea. Parpadeo y miro a mi amigo, que saca su teléfono del bolsillo.
—Ya voy a por ti, gatita. —Nos mira y levanta la mano para despedirse—. Nos vemos.
Asiento y sonrío. Después, me giro hacia Ava y nos despedimos también de los trabajadores, que se quedarán un poco más.
—Si necesitáis algo, llámame —digo al encargado y cojo la mano de Ava para salir del edificio.
—¿Dan siempre ha trabajado en hostelería? —pregunta curiosa mientras cruzamos el callejón.
—Lleva en un bar de copas desde que cumplió veinte años. No vivió la mejor infancia y, desde luego, tampoco la mejor adolescencia. Tuvo que buscarse la vida y, bueno, ahora es quien es: el rey de Times Square. Es dueño de demasiados locales y tiene contactos por todas partes.
Ava asiente y sé que va a decirme algo más, pero una llamada entrante en mi móvil nos interrumpe. Mientras caminamos hacia el coche compruebo que se trata de Crystal y suelto una maldición. Me pongo el teléfono en la oreja al mismo tiempo que beso a Ava en los labios.
—Cariño, sube al coche, ahora mismo estoy contigo —digo sabiendo que Crystal lo escucha.
Meto la mano que tengo libre en el bolsillo del pantalón mientras observo como Ava mueve las caderas al andar.
Sensacional, como toda ella—. ¿Qué coño quieres?
—bramo al teléfono cuando mi preciosa chica se mete en el coche.
—Que vuelvas a vivir conmigo.
Me río en voz alta.
—Estás loca, joder.
—No me toques las narices, estoy a una puta llamada de mandar la vida de tu zorra a la mierda.
Cierro los ojos, envenenado, y agarro el móvil con fuerza.
—Crystal, ¿de verdad quieres jugar? ¿No sabes cómo soy por las malas?
—Claro que lo sé, te conozco muy bien. Pero me trae sin cuidado, con dinero todo se puede y de eso no me falta. Te lo voy a decir una vez más: Ava está en la cuerda floja, en el momento que me sienta más aburrida de la cuenta, lo voy a soltar todo.
—Déjala al margen, ella no tiene nada que ver en esto.
Debo admitir que me tiene cogido por los huevos con este tema, mucho más de lo que nunca me tuvo con lo del matrimonio. No quiero que mire a Ava, no quiero que respire su mismo puto aire. Necesito alejarla de ella.
—¡¿Nada?! —exclama fuera de sí al otro lado de la línea—. Me ha robado mi pareja, mi vida, mi futuro... ¿De verdad dices eso?
—Todo lo conseguiste tú sola abriéndote de piernas. La próxima vez que quieras volver a amenazar a Ava piénsatelo dos veces porque, aunque tenga que curar sus heridas, merecerán la pena cuando te haya hundido en la miseria, Crystal.
Sin media ni una palabra más, cuelgo la maldita llamada y me subo al coche. Allí miro a Ava, que me sonríe en cuanto me pongo a su lado y la atraigo hacia mí, rodeándola con los brazos mientras siento el temor de perderla recorrerme.
***
Tras la llamada de Crystal hace dos días no he vuelto a tener noticias de ella.
Espero que su silencio se alargue para siempre.
Miro a Ava, que ha quedado con el maldito Jayden para ver los muebles que quiere comprar para su nuevo estudio, y repaso su increíble cuerpo mientras se viste.
Sin embargo, intento controlarme; aunque le prometí que no pasaba nada, sí que pasa.
En mi interior pasa de todo cuando la veo enfundarse en unos vaqueros y recogerse el pelo en una coleta.
Está preciosa y Jayden lo va a disfrutar a solas.
Pero que se joda, soy yo el hombre que está desnudo en su cama y el que se la folla todos los malditos días.
Se pone una camiseta, se acerca a la cama y me da un beso de despedida. Pero no tengo ganas de que se vaya, así que la agarro de la cintura y la hago arrodillarse en el colchón para profundizar el beso. Adoro cuando gime en mi boca.
—Déjame, que al final no llego —se queja sobre mis labios.
—Tampoco pasaría nada —susurro en su oído, que sé que se vuelve loca cuando lo hago, y empiezo a besarle el cuello.
—Sssí, sí que pasa... No queda nada para que terminen la reforma y quiero tenerlo todo cuando empiecen a pintar.
Suelto un gruñido de frustración, tengo que controlarme y aceptar que es un amigo, así que dejo que se escape de mis manos.
Me levanto de la cama sin preocuparme por taparme al pasar por delante de ella y me doy cuenta de que no puede apartar sus ojos de mi erección.
Le doy una palmada juguetona en el culo y ahoga un gritito.
—Deja de mirarme tan descarada o te meto en la cama de nuevo —advierto, sintiendo cómo me palpita el miembro con sus ojos grises puestos en él.
—Jamás apartaría la mirada de ti, guapo —dice, poniéndose de puntillas para besarme antes de alejarse—. Pasa buena noche, te quiero.
—Yo también te quiero, honey .
Se ríe y me lanza un beso desde lejos antes de salir de nuestra habitación.
Bufo mientras me meto en la ducha, no lo quiero cerca de ella, pero Ava no lo ve un peligro como yo.
Jayden es un tío sano, divertido, no tiene mierdas sobre sus hombros y está dispuesto a hacerla feliz.
Crystal puede hacer que nuestra relación vuelva a resquebrajarse si saca a la luz información de Ava y no quiero que Jayden esté ahí para consolarla.
Cuando salgo de la ducha me preparo para esta noche.
Tengo dos operaciones y estaré fuera hasta por la mañana.
No me hace ni puta gracia que se quede sola en el apartamento, la seguridad que tengo instalada no es suficiente para mí.
Cojo el móvil de la encimera, pensando en que ya no la veré hasta mañana y tecleo.
Zeus: No quiero dejarte sola toda la noche. Por favor, llámame por cualquier cosa. Te quiero.
Su respuesta no tarda en llegar y me roba una sonrisa. Es la mujer perfecta.
Ava: Yo también te echaré de menos.Pero pasará rápido y cuando llegues, puede que tengas una sorpresa.