A pesar de todo, tú (Sempiterno 2) Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

Todos se levantan también, poniendo fin a la tarde de amigos.

Veo a Zeus apoyado en el coche, vestido con unos pantalones de traje negros, camisa azul y unas gafas de sol que le quedan de infarto.

Marc está detrás del volante, con el brazo por fuera de la ventana.

Mi chico, en cuanto me ve, se quita las gafas y me da un buen repaso con la mirada, sin importarle una mierda que se den cuenta.

Después, se acerca a nosotros, se detiene delante de mí y me roba un beso.

—Chicas —dice asintiendo hacia ellas, pero su voz cambia al dirigirse a él—. Jayden, no sabía que tú también estarías.

—Hola, ¿cómo estás?

Me encanta que Jayden no se deje intimidar nunca por Zeus. Entiendo que lo de llevármelo a la cena en aquel restaurante le molestó, pero sabe que nunca pasó nada entre nosotros. No sé por qué actúa de esa manera.

—Bien —dice Zeus, agarrándome por la cintura—. Con ganas de irme a casa con mi novia.

No son sus palabras las que me afectan, sino su tono de posesión. No sé a qué viene todo esto; a pesar de que no le gusta Jayden, nunca había actuado así. El pelirrojo nos observa.

—Te escribo esta semana y nos vemos —me dice de repente, haciendo que Zeus se ponga en tensión. Luego, sonríe con malicia—. Quiero enseñarte lo nuevo que nos va a llegar y la calidad que puedes disfrutar si eliges bien.

Se supone que habla de los muebles, pero estoy segura de que ha escogido bien sus palabras para enfurecer a Zeus.

Dios, no entiendo esta rivalidad entre hombres.

Se hace un silencio en el que escucho cómo Zeus respira agitado.

Sé que quiere decirle algo, o demostrarle físicamente lo poco que le ha gustado su insinuación, pero solo me mira antes de besarme la frente y nos marchamos al coche tras despedirnos de los demás.

—Hola, Marc. —Veo que este me sonríe y está a punto de devolverme el saludo mientras subimos al coche, pero Zeus se lo impide levantando el cristal que nos separa.

Lo miro enfadada. ¿De qué va?

—Ni siquiera has dejado que me responda —le acuso, molesta—.

¿Por qué te comportas así de repente? —No me responde, solo teclea en el puto móvil.

Me muevo en mi asiento para ponerme a su lado y le quito el teléfono para que me mire.

Cuando lo hace, su mirada oscura y ¿atormentada?

me causa estragos, pero no dejo que me afecte tan pronto—. ¿De qué vas?

Piensa qué decir, pero solo suelta aire por la nariz.

Tiene el cuello tenso. No me ha pasado desapercibido que últimamente está de muy mal humor.

Actúa demasiado protector conmigo, quiere que Marc sea mi sombra y me llama mucho más que antes.

No es que me queje, pero no tengo ni idea de por qué todo se está intensificando tanto. Suspiro, odio que discutamos.

—Zeus, ¿qué está pasando? —No me responde, solo se me queda mirando con los labios fruncidos y, después, sus manos están en mi cara, llevándome a su boca para besarme de manera brusca.

Es agónica la forma en la que quiere sentirme y tocarme, y me abrumo tanto que lo empujo un poco—. ¡Para! No quiero que me beses así.

—¿Así como?

—Como si no me tuvieras, como si fuese alguien a quien no tienes acceso. No voy a ir a ninguna parte.

Tras un silencio, se acerca de nuevo y me roza el pómulo con los nudillos. Sus labios vuelven a pegarse a los míos y esta vez el asalto es pasional, abrasador y sexy . Cuando se aparta, me apoyo en su frente y me mira .

—Eres mía, honey . No lo quiero cerca de ti.

Cierro los ojos, maldiciendo en silencio. ¿Desde cuándo Zeus siente inseguridad por la presencia de otro hombre? Al principio, pensé que era por el tema de Daniel, pero con Jayden es distinto. Da la sensación de que teme que pueda seducirme.

—Solo somos amigos —afirmo, pasando los dedos por su pelo.

—Quiere tenerte, joder. Se le ve a leguas. —Me muerde el labio antes de robarme un beso furioso que me calienta en décimas de segundo. Después, me suelta el cinturón y me sienta a horcajadas sobre él—. No voy a permitirlo jamás, ¿me oyes?

Enredo algunos dedos en sus mechones negros y tiro de ellos hasta que hace una mueca, castigándolo por esto que se está permitiendo.

Ya debería saber que no hay nadie en el mundo que me interese más que él.

No deseo a otro. Pensaba que un tipo como Zeus jamás temería que una mujer lo dejara, pero parece que incluso mi apuesto cirujano necesita que le recuerde lo importante que es para mí.

Me inclino sobre su cuerpo, absorbiendo su aliento.

Sus ojos se mueven nerviosos por mi rostro y siento que, cuanto más me acerco a él, más clava los dedos en mis costados.

—No quiero a nadie más. —Le doy en la sien con mi dedo índice y me pego a sus labios—. Métetelo en esa cabezota tuya. No seré ni quiero ser de nadie más que tuya. —Cuando nuestras narices se rozan, cuando siento el primer contacto de nuestros labios, lo miro a los ojos—. Zeus.

No tarda ni un segundo en captarlo y me devora durante todo el trayecto hasta casa.