A pesar de todo, tú (Sempiterno 2) Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Me tengo que reír con Marga, que hace todo lo posible por encontrar la lógica a lo que tiene delante.

Menos mal que Maddie y Jess consiguen ver algo.

Los dedos de la más pequeña se pasean por el papel mientras da su opinión sobre qué le parece mejor y qué no.

Jess hace tres cuartos de lo mismo y yo, que no sé cómo dejarles claro que va a quedar genial, no veo otra cosa que llevarlas allí.

Nos dirigimos al piso y subo las persianas para que entre la luz. Lo miro todo a mi alrededor, parece que hace una eternidad que me fui de aquí. Con los planos en mano, voy mostrándoles la obra y entonces escucho un «ahhhhh», que me hace saber que, por fin, lo entienden.

—Ya podrías haberlo hecho así antes —refunfuña Maddie al mirar la estancia—. Ahora tiene sentido. Si te pones aquí una estantería bonita de hierro y madera, te la decoro con flores ideales para el trabajo. Así voy practicando.

Asiento, encantada.

—No espero menos para mi restaurante —advierte Jessica, celosa.

—Oye, ¿qué es de Amber? —pregunta Maddison tras aclararle a Jess que así será.

Es raro que no esté hoy; poco a poco, hemos ido creando un grupito de amigas formado por las cuatro en el que añadimos de vez en cuando a nuestra querida Marga.

Ya le enseñé a ella los planos, aunque por foto, porque tenía toda la semana liada con los niños y el curso de fotografía al que está asistiendo.

Zeus y yo nos hemos ofrecido mil veces a quedarnos con los niños, pero nada, no quiere que nos hagamos cargo si no es para algo estrictamente necesario .

—Me dijo que tenía que recoger a los niños del cole y después, cuando dejara a cada uno en sus clases extraescolares, iba al curso —explico enrollando el plano.

—Esa pobre chica se encarga de demasiadas cosas sola. Necesita un novio que la ayude —comenta Marga con total convencimiento y yo la miro un poco en desacuerdo.

Para nada necesita un hombre para poder llevarlo todo, pero sí que le vendría bien divertirse mientras encuentra al adecuado.

Sé que Amber es romántica y muy cariñosa, por lo que acostarse sola cada día no debe gustarle.

Y, de verdad, chicas del mundo, si como mujer esto os resulta ofensivo, lo siento, pero no creo que a nadie le entusiasme la idea de pasar todas las noches de su vida sin alguien al lado.

Por muy bien que succione, un Satisfyer no se puede comparar con un hombre de carne y hueso. Sí, soy de esas.

—Podemos crearle un perfil en Tinder o algo. —Se me ilumina la bombilla y Jessica, que me conoce, ríe. Está apoyada en la encimera cuando coge su móvil.

—Venga, vamos al lío.

Miro cómo la aplicación se descarga y se instala en el móvil de Jess.

Una vez hecho, ella crea un perfil con el nombre de Amber —ocultando el apellido—, poniendo la edad y una breve, pero atractiva descripción.

Menos mal que Facebook es maravilloso y lo utilizamos para elegir la foto perfecta. Amber es muy guapa.

Nunca he utilizado esta aplicación y que yo sepa, Jessica tampoco.

Pero, al parecer, la florecilla negra del grupo sí que está al tanto y nos explica que si le damos like a un perfil, y es recíproco, se produce el famoso match y se puede chatear en privado.

Por lo visto, se liga mucho. Me la descargo para poder seguir el progreso; solo espero que Zeus no la vea, porque entonces se armará una buena.

Por si acaso, la silencio. Podría contárselo, pero no quiero que se moleste por lo que él vería como una intromisión en la intimidad de su hermana.

Él jamás entendería que lo hago por una buena causa.

Nos pasamos un buen rato armando el perfil y, cuando todas nos hemos quedado satisfechas con nuestro trabajo, decidimos ir a comer. Solo espero que esto no se nos vaya de las manos.

***

En el restaurante aviso a Zeus para decirle que estoy con mis amigas y a Marc para que no pase a por nosotras, diga lo que diga su jefe. Recibo un mensaje de este comentándome lo poco que le gusta que Marc no me recoja, pero le aseguro que se lo compensaré más tarde en casa y parece que me lo gano.

Jessica, Maddie y yo nos sentamos en una terraza y nos pedimos algo de beber.

Mientras hablamos, llamo a Amber para que venga.

Jess, que está empeñada en demostrarme que Jayden sigue queriendo algo conmigo, me pide que le invite también; y yo, que quiero demostrarle a ella que solo hay amistad entre nosotros, lo hago.

Al cabo de un buen rato, los dos se unen a nosotros y nos saludan a todos por igual. Jayden no me trata de forma diferente que al resto y miro a Jess haciéndole un gesto de «lo que yo decía, solo amistad», y ella arruga los labios antes de beber de su vaso.

Jayden se sienta a mi lado, así que es inevitable echarle un vistazo de reojo cuando me pregunta cómo me va.

Lleva unas gafas de sol estilo aviador y la barba, como siempre, parece recién recortada; además, tiene el pelo hacia atrás y el brillo del sol le da un tono que recuerda al fuego.

No puedo negar que es un hombre guapo y atractivo —porque lo es—, pero sus gestos suaves nunca se podrían comparar con el encanto poderoso y varonil de Zeus .

—Genial, gracias. —Sonrío, y no me pasa desapercibido que tarda un rato más de lo normal en dejar de observarme; puedo ver sus ojos fijos en mí a través de los cristales de sus gafas—. Estoy reformando el apartamento, quiero convertirlo en un estudio y me gustaría pasarme pronto por la tienda.

—Claro, pero espera a últimos de mes que vamos a traer nuevo material y sé que te gustará.

—Vale, así haré —asiento, mientras noto cómo me estudia antes de centrarse en las chicas y la conversación.

Mi teléfono suena en mi bolso un rato después y, cuando lo saco y veo que se trata de Zeus, no puedo evitar sonreír.

—Hola, honey . —Me cosquillea la nuca con su voz.

—Hola, ¿qué tal? ¿Mucho trabajo?

Juego con mi pelo a la espera de su respuesta y no sé por qué, pero tener a Jayden tan cerca mientras hablo con Zeus me resulta incómodo. Lo miro de reojo, rezando para que no esté prestando atención, y suspiro aliviada al comprobar que sigue hablando con las demás.

—No, además, hoy llegaré antes. ¿Qué quieres que hagamos esta noche, cenamos en casa o prefieres salir?

Me lo pienso; llevamos semanas algo liados y no tenemos tiempo para nosotros, pero también sé que está cansado y que propone los planes por mí. No nos vendría mal salir, pero decido que nos quedemos en casa, sé que necesita descansar.

—¿Qué te parece pedir algo? —pregunto mirando a mi alrededor de reojo.

—Por supuesto, nada me apetece más que cenar y pasar directamente al postre.

La forma en la que lo dice me produce un cosquilleo por todo el cuerpo con solo imaginármelo.

—¿Te envío la ubicación y me recoges, Zeus?

Gruñe y se me activa algo entre las piernas.

—Te encanta provocarme... —afirma tras soltar un leve suspiro.

—No sabes cuánto, Zeus.

Sé que, por cada vez que digo su nombre, voy a llevarme un beso, así que lo hago a propósito.

—Sigue así, que te estás ganando un buen premio.

Suelto una risita, que parece ser oída por todos porque me miran unos segundos. Cohibida, dejo la conversación para más tarde.

—Tengo que colgar, Jess me está matando con la mirada porque todavía no ha hablado con su amorcito y le estoy poniendo los dientes largos. No te olvides de recogerme después, Zeus.

—Joder, nadie lo pronuncia como tú. Voy a tener que buscar un entretenimiento para esa boquita. —Se me pone la piel de gallina con sus palabras. Ya lo estoy deseando—. Luego nos vemos, nena.

Escuchar que me llama «nena» me enciende tanto como saber que lo hace porque me desea.

Solo utiliza ese apelativo cuando lo provoco, cuando necesita tocarme y saciarse.

Guardo el teléfono en el bolso de nuevo y le doy el último trago de cerveza que me queda en el vaso.

Cuando levanto la mirada, me doy cuenta de que Jessica me mira y Maddison sonríe.

—Ha quedado muy claro que se llama Zeus —se mofa Jess.

Las chicas sueltan unas risas y me fijo en que Jayden no participa.

Para hacerle cambiar el gesto, le doy un empujoncito llamando su atención.

Se levanta las gafas y me observa de una forma demasiado provocadora para ser un amigo; enseguida, sonríe y se une a la conversación.

Algo sorprendida, aparto la mirada de él y decido unirme también a la charla. No quiero pensar cosas que no son.

Una hora después, tras recibir un mensaje en el que Zeus me avisa que está en la puerta de la cafetería, me levanto.

—Tengo que irme, he quedado para cenar.