Capítulo 2 #3
Entonces la entiendo. Quiere hacerlo, pero está esperando a que se lo pida y yo estoy encantado de hacerlo, para qué engañarnos.
Le cojo la barbilla y la obligo a mirarme.
Sus ojitos grises me enfocan, cargados de deseo, y me imagino sus labios con mi erección entre ellos.
Hago presión y Ava se levanta un poco, pero no deja de masturbarme ni de tocarme los testículos, algo que me da un tremendo placer.
—Acércate.
Lo hace sin quejarse y apoya su frente sobre la mía.
Mi polla roza su ombligo y levanto la mirada para centrarme en sus gestos.
La beso con intensidad y le muerdo la boca.
El corazón me bombea con fuerza cada vez que gime.
Tiene los labios hinchados, pero no es nada comparado con cómo voy a dejárselos en unos minutos.
Estoy ciego de lujuria.
—Ahora, mi amor... métetela en la boca y fóllame.
Veo cómo traga saliva y sus mejillas se ponen más rojas de lo que están, pero no es por vergüenza, sino por puro placer. Entonces, Ava acaricia mis piernas a la vez que se acomoda para poder abarcarlo todo y, con delicadeza, empieza a chuparme.
Cierro los ojos al sentir su lengua presionando en la punta, al notar sus labios rodearme con facilidad y cómo llega al final y tiene una puta arcada.
Mierda, soy capaz de correrme enseguida.
Antes de que pueda decirle nada, me calla acelerando sus movimientos.
Para intensificar el placer, vuelve a agarrar mis testículos y juega con ellos.
La escucho gemir al disfrutar de lo que me hace y eso me vuelve loco.
Está gozando con mi placer, jamás alguien había sentido tanto por mí.
Necesitado de más, muevo las caderas para entrar más hondo, aunque no lo hace nada mal.
Eso me hace preguntarme si lo ha hecho otras veces.
¿A cuántos tíos? ¿Con todos disfrutaba tanto? Joder, tengo que dejar de pensar.
—Voy a hacer que solo pienses en mí y que te olvides de cualquier otro hombre al que hayas conocido.
La ira por mis dudas y el acercamiento del clímax me están consumiendo.
Ava me mira con los ojos achinados y la boca llena de mí, solo de mí.
Para regalarme más espectáculo, se saca la polla y le pasa la lengua sin dejar ni un centímetro, lamiéndolo todo.
Después, continúa, pero esta vez succionando, como si quisiera arrancarme el orgasmo.
Aún tenemos tiempo, pero estoy tan caliente que no quiero seguir conteniéndome.
Es la primera vez que hacemos esto y es increíblemente bueno.
Su boca es tan cálida que he temido correrme en cuanto la he sentido.
Dios, sé que no aguantaré mucho más y por eso soy considerado y, aunque deseo sujetar su cabeza para poder correrme en su garganta, la aviso.
—Voy a... —murmuro, y ella acelera los movimientos y jadeo—.
Si no paras... —Estoy a punto, y que se aferre a mis piernas sin detener los movimientos solo me aclara que no desea otra cosa.
Y eso me pone a cien. Así que le cojo el pelo y la dirijo, notando cómo me viene el orgasmo—.
Me voy a correr en tu boca, honey . Sí...
sigue, cariño. Joder, cómo me pones. —Me recibe, poniéndome cardíaco—. Trágatelo, nena.
Doy alguna que otra embestida más y me detengo, salgo de ella y contemplo embelesado cómo se limpia la comisura de los labios.
—¿Te ha gustado? —me pregunta.
La observo sentarse a mi lado mientras se viste de cintura para arriba.
Me ha hecho una pregunta cuya respuesta resulta evidente, ya que sigo medio desnudo, inmóvil y todavía atrapado por la intensidad de lo que acabo de sentir.
Aun así, me esfuerzo por reaccionar, pues debemos estar a punto de llegar.
Me subo el pantalón, lo abrocho con rapidez y la atraigo hacia mí para sentarla sobre mis piernas.
—¿Acaso tienes dudas? ¿O es que deseas escucharlo? —La muevo un poco sobre mis vaqueros para que su clítoris se hinche, no hemos acabado. Ava me sonríe melosa y pega su pecho al mío, respondiendo mi pregunta—. Podría estar todo el día dentro de ti.
—Y yo estaría encantada —confiesa antes de pasarme la lengua por los labios.
Sus ojos brillan por la pasión del momento que hemos vivido. La beso en los labios, que aún están calientes, y acaricio la curva de su espalda que se conecta con su pomposo trasero.
—Espera a que lleguemos a casa y verás.
Ava suelta una risita juguetona mientras la beso y la provoco hasta que el vehículo se detiene.
Recogemos mis cosas deprisa y salimos enseguida.
En el ascensor no podemos quitarnos las manos de encima.
La arrincono contra la pared y noto cómo vuelvo a endurecerme, algo que ella aprovecha para rozarse con descaro.
Seguimos con los preliminares, pero el sonido de la campanita del ascensor nos avisa de que hemos llegado.
—Ahora sí, nena. Esta noche no vas a hacer otra cosa que gritar mi nombre.
La sigo al dormitorio, mientras vamos tirando nuestra ropa por el pasillo. Me detengo desnudo a observarla antes de avanzar hacia ella y besarla de manera brusca.
—Hazme tuya, Zeus. Como solo tú saber hacerlo.
Jamás he deseado tanto obedecer.