Capítulo 2
Estos días han sido bastante tranquilos, como si haberme sincerado por completo me hubiera traído una paz incalculable a mi vida. Entre Ava y yo, las cosas fluyen con facilidad, y me tranquiliza que ella parezca segura de que nadie se entrometerá entre nosotros.
—Me gustaría hacer reformas en el apartamento de mi tía.
Ahora que parece que mi trabajo empieza a ver la luz y cuento con más clientes, quiero tener un estudio.
—Disfruto de nuestro desayuno, viendo cómo Ava toma su café y me cuenta sus planes—.
Sé que no tengo mucho dinero para buscar un local, pero, en realidad, el apartamento de mi tía es grande y tiene claridad. Creo que sería perfecto.
—Quiero que cumplas tus sueños y si necesitas para ello un local, te lo consigo. Sabes que mi dinero es también tuyo, honey .
Y lo digo muy en serio. Tengo dinero y puedo darle un estudio si lo desea. Ella sonríe vacilante y achina los ojos al mirarme como siempre que va a contradecirme.
Joder, le bajaría la puta luna si lo deseara.
—Estoy convencida de que, haciendo una buena reforma, podría quedar un buen estudio.
Ava termina su café y recoge el paquete de galletas de chocolate que se ha comido.
Después, empieza a lavar la taza —a pesar de que no le gusta hacerlo— al mismo tiempo que dejo la mía en el fregadero.
Me apoyo en la encimera y la observo hacerlo.
Es algo muy simple, pero a mí me hace sentir demasiadas cosas tenerla en pijama, sin sujetador, limpiando las dos tazas después de haber desayunado juntos antes de irme al trabajo.
He insistido en que se quedara en la cama, pero, pese a ser las siete de la mañana, ella ha querido levantarse para darme un beso antes de que me vaya.
—Al menos, déjame que te regale la reforma. Quiero formar parte del progreso de tu éxito —insisto, porque a cabezotas nadie nos gana.
Se coloca frente a mí, pestañea varias veces y sus pestañas se mueven sobre sus párpados con viveza. Después, pone los brazos en jarra y los ojos en blanco.
—Ya lo iremos viendo. No quiero que gastes más dinero, bastante tengo con que no me dejas pagar nada por vivir aquí.
—Es que no es necesario. Vivimos juntos, no te estoy haciendo un favor, estás aquí porque no tienes que estar en otro lugar que no sea conmigo.
—Como la voy conociendo cada día más, sé que mis palabras han hecho estragos en su zona de mujer independiente.
Pero también sé que le encanta cuando me pongo «mandón», como ella me llama a veces.
Aun así, me explico mejor—: Ya sabes a qué me refiero.
No necesito dinero y el que tengo, si no lo gasto, quiero invertirlo en nosotros.
Miro el reloj de mi muñeca y, después de darle un beso en la frente, empiezo a recoger mis cosas y sé que viene detrás de mí.
—Es solo que ya lo iremos viendo, quiero hacer muchas cosas ahí y eso implicará inversiones de las que no tienes por qué hacerte cargo.
No hago caso a sus palabras porque, diga lo que diga, lo pagaré.
Quiero hacerlo; sé que ella trabaja y se esfuerza, pero también sé que no tiene el dinero suficiente para afrontar algo así.
¿Por qué no aprovechar que yo puedo dárselo?
En dos o tres semanas lo tendría todo listo si yo me hiciera cargo; en cambio, si es ella quien lo hace, la llevará meses.
Me dirijo al despacho y Ava entra también.
Creo que es la primera vez que lo hace porque mira con atención los diplomas que cuelgan de la pared.
Hay un escritorio, un sillón de cuero, el ordenador en el que trabajo a veces, una estantería con libros de medicina y un sofá de dos plazas al lado de la puerta en el que he dormido alguna que otra vez cuando no quería hacerlo con Crystal.
—¿Qué quieres hacer en el apartamento? —pregunto para saber a quién tengo que llamar.
Me mira unos segundos y sé que quiere protestar, sus facciones lo gritan, pero no lo hace.
Solo suspira y se sienta en el borde del escritorio.
Observo cómo sus manos agarran el borde de la mesa —igual que haría si yo la inclinase sobre él— y sus piernas reposan sobre la madera —igual que estarían si yo la tumbase encima—.
Peligrosas imágenes. Para desviar mi atención, busco la carpeta por la que he venido.
—Quiero reducir la cocina a lo básico, quitar el armario de la entrada, el dormitorio de invitados y el aseo que está al lado de la cocina.
El baño grande lo haría más pequeño y crearía el acceso desde la habitación principal, la cual no quiero modificar.
Así, el salón sería más amplio y quedaría una buena zona de trabajo.
Parece una buena obra y podría quedar perfecto si lo hace un buen profesional. Sigo rebuscando en los cajones hasta que doy con la carpeta azul en la que guardo los documentos sobre el tema de Crystal y la meto en mi maletín.
—Tiene buena pinta, honey . Haré un par de llamadas y a finales de mes lo tendrás.
Abre los ojos y sonríe emocionada. Me encanta verla así, disfrutando de su felicidad. Me acerco a ella y me coloco entre sus piernas. Madre mía... cómo desearía estar en la cama con ella encima.
—Te he dicho... —La beso y, después, le hago un gesto para que no vuelva a protestar. Al final, se le escapa otra sonrisa—. No sabes cómo te lo agradezco.
—Lo haces todos los días, honey . —Me acerco un poco más a su cuerpo, pegando mi leve erección al lugar que deseo usurpar. Me fascina cómo mueve las caderas para provocarme—. Pero, si no te parece suficiente, espérame esta noche desnuda sobre nuestra cama.
Ava jadea, y eso me obliga a respirar hondo porque tengo que irme al trabajo. La beso con urgencia, sujetándola por la nuca para poder sentirla mejor. No puedo contener el impulso de embestirla con suavidad, aunque estemos vestidos. El deseo de tocarla y provocarla es más poderoso que mi cordura.
Cuando me separo, ella me acorrala con sus piernas.
—Mejor te espero desnuda sobre este escritorio.
Maldita sea, me he puesto durísimo. Imaginarla sobre la mesa en la que trabajo, abierta de piernas para mí, me vuelve loco. No quiero esperar a la noche para poder poseerla hasta que quedemos agotados. Le muerdo el labio y empiezo a caminar con ella en mi cintura.
—No sabes lo lento que se me va a pasar el día, mi amor.
Ava sonríe, encantada con mis palabras. Nunca había estado tan feliz y me considero un hombre afortunado al tener que irme al trabajo sabiendo que echaré de menos a mi preciosa novia.
—Espero que tu espera merezca la pena —ronronea contra mi cuello, moviendo sus carnosos labios sobre él.
Cierro los ojos para mantener el control. Luego los abro y me detengo en su cuerpo sobre el mío. La acaricio con la sensación de que nunca tendré tiempo suficiente porque jamás me saciaré de ella. Siempre necesito más, siempre la deseo más.
—Mientras sea mi novia a quién vea al volver a casa, merecerá la pena.
Lo he dicho. Y lo he hecho porque necesito que sepa lo que significa para mí. Por mucho que haga meses que nos conocemos, nunca hemos dicho qué somos y necesito que Ava sepa que voy en serio.
—Novia... —lo repite como si lo hubiera imaginado y mete sus dedos entre mi pelo con una sonrisa que alivia parte de mi tensión—. Me encanta cómo suena, solo espero que te estés refiriendo exclusivamente a mí.
Suelto una carcajada sincera, sé que está bromeando.
La abrazo con fuerza y la dejo en el suelo porque no puedo seguir demorándome o llegaré tarde, pero atrapo su cara entre mis manos y la miro a los ojos, seguro de que no hacen falta más palabras para saber que hemos empezado una nueva etapa.
Antes de abrir la puerta e irme, la beso en los labios.
En la calle, Marc me espera junto al coche.
Necesito hacer unas llamadas y prefiero no conducir porque, además, no me gusta mucho hacerlo.
Está apoyado en la carrocería, vestido con unos vaqueros y un abrigo oscuro, y desde lejos me sonríe.
Mientras me aproximo, pienso en Ava, seguro que vuelve a quedarse dormida.
Ojalá pudiera seguir con ella en la cama.
—Buenos días.
—Buenos días, Marc. —Le doy una palmada en el hombro y ambos subimos al coche.
Sin necesidad de decirle nada, pues tiene una actualización diaria con mis horarios y la planificación del día de trabajo, pone rumbo al hospital.
Durante el trayecto, llamo a un viejo amigo que es arquitecto.
Tras aclarar algunos detalles y asegurarme de que me avisará cuanto antes, contacto con la empresa para la que él trabaja y que se encargará de la obra.
Me gustaría seguir ultimando más aspectos, pero cuando me doy cuenta, ya hemos llegado a la entrada del hospital.
Me despido de Marc y entro en el edificio.
De camino a mi consulta, miro a mi alrededor, orgulloso del lugar en el que estoy.
El Vitality Memorial es un hospital privado fundado por mis padres que, poco a poco, ha ido consolidando su prestigio.
Cuenta con cuatro plantas, una atención médica de excelente calidad y un seguro bastante accesible.
No quiero que mi padre también falte y tener que luchar por algo que solo pertenece a mi familia.
No sería justo, y por eso debo buscar una solución que no sea casarme con Crystal.
Mi abogado tiene que encontrar mierda sobre Donald.
El teléfono me vibra en el bolsillo y lo cojo de inmediato por si es algo importante. Y, de hecho, para mí lo es.
Ava: Tengo trabajo esta tarde, he quedado con una familia para hacerle un reportaje.
Espero llegar pronto. Que te vaya el díagenial, besitos.
Zeus: Le pediré a Marc que te lleve. Me siento más seguro si no vas sola. Y el día me iría mejor si estuvieras conmigo.
Y Ava me responde con emoticonos de besos.
Con una sonrisa, entro la consulta y subo las persianas antes de encender el ordenador. Saco el papeleo que me queda por rellenar y compruebo que faltan cuarenta y cinco minutos para que llegue mi primer paciente.