A medio salto Insurrección
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Insurrección

Justo antes de que suene el silbato, Val y yo cruzamos la mirada.

No es cariño.

Es un pacto silencioso: vuela o muérete ahí abajo.

El pitido corta el aire.

Sacamos.

El equipo rival salva el balón, lo coloca y su rematadora golpea con fuerza.

Sara lo recibe sin problema y Clara se lo lanza a Val, que hace un buen remate, pero no consigue el punto.

La pelota vuelve a nuestro lado. Esta vez, Eva evita que toque el suelo, y Clara lo envía hacia Val.

En ese instante, ella me hace una seña con la mano cuando el balón está en lo más alto.

Corro a su lado, ella se echa hacia atrás y, sin pensármelo, salto con todas mis fuerzas.

El tiempo se detiene. Dejo a un lado las dudas, el miedo… solo pienso en volar. Lo consigo. Estoy en lo más alto. El aire me golpea en la cara, el brazo se arquea. El balón brilla frente a mí.

¡Pum!

Lo envío directo al suelo rival.

Punto.

—Tía… —Clara me mira asombrada.

Al otro lado de la red, el equipo contrario parpadea, sorprendido.

No esperaban eso de mí.

Val se acerca lo justo para que solo yo la escuche.

—Eso es —susurra—. Pero no te acostumbres a que te deje brillar.

Vuelvo a mi sitio con el pulso disparado.

Esto es bueno. Pensarán que ha sido de potra, pero no será la única vez que vuele hoy. Desvió la mirada hacia Sofía, la cual está asintiendo con la cabeza.

En la siguiente jugada, Clara me la coloca a mí directamente. Vuelvo a saltar con todas mis fuerzas, y logro otro punto.

Llevamos ventaja. La grada ruge, pero solo escucho mi respiración.

El saque del rival hace que el balón cruce la red con fuerza. Helena logra salvarlo lanzándose al suelo. Clara lo golpea y lo coloca alto para mí.

Me impulso, pero esta vez el bloqueo rival me lo devuelve directo a la cara.

Mierda.

—¡No pasa nada! —grita Clara.

El marcador se ajusta.

El corazón me late tan fuerte que me duele.

La siguiente pelota que coloca Clara es para Val. Corre y salta velozmente y la golpea con una rabia que casi atraviesa el parqué.

Punto.

Ella se gira, jadeante, y me lanza una media sonrisa.

—No te voy a dejar brillar a ti sola.

Se apaña bien la larga coleta, y se coloca en su posición.

Ahora me toca sacar a mí. Echo una rápida mirada a toda la cancha. Podría intentar hacer un saque corto…

Lanzo el balón, arqueo el brazo y golpeo.

Demasiado corto. No llega a pasar al equipo rival.

Joder.

El siguiente saque del contrincante, acaba siendo punto. Helena no ha podido llegar.

—¡Vamos chicas! No os vengáis abajo. ¡Lo podéis conseguir! —grita Sofía.

Sí. Podemos conseguirlo. Solo un punto más.

La pelota viene con poca fuerza, pero lo justo para pasar la red. Val consigue salvarla. Clara la eleva para mi lado. Corro. Me impulso con las piernas y la golpeo consiguiendo que vaya directa a un hueco entre dos contrincantes.

Punto.

Gritos, aplausos. Hemos ganado.

Lo he conseguido. He volado. He resurgido.

Clara se lanza a mis brazos y las demás nos rodean entre saltos y risas.

Cuando por fin se separan, Val se acerca.

No sonríe, pero algo en sus ojos sí lo hace.

—No te flipes. No dejaré que seas la única que brille —dice, ladeando la cabeza.

Se me escapa una risa.

—Mientras no me arranques las alas…

Val aprieta los labios. Casi se ríe, pero se da la vuelta antes de permitirlo.

De repente, unos brazos me levantan del suelo.

—Por fin lo has hecho —dice Axel.

—Quizás tu amiga Val me ha dado un pequeño empujón —comento.

—Me alegro —responde él.

Axel me toma la cara entre las manos y me besa.

Un beso profundo, hambriento, de esos que te encienden por dentro y te dejan temblando.

Siento que mis alas vuelven a fortalecerse.

Que el miedo y la inseguridad por fin empiezan a disiparse, dejando sitio a algo que creía perdido: la confianza.