A medio salto Sets de tensiones
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Sets de tensiones

Nada más entrar al pabellón, me golpea el ruido seco de los balones y el olor a resina. El ambiente está cargado: grupitos cerrados, susurros tensos, miradas clavadas en la pista.

Distingo a mi madre en las gradas; me saluda con la mano, rodeada de los padres de Chloe y Adonai. Le devuelvo la sonrisa, aunque por dentro no sonrío tanto.

—Que bien que los papis hayan venido a verte —suelta Val, al pasar por mi lado.

No se detiene. Ese tono de retintín hace que se me revuelva el estómago. No respondo. Bastante hago con tragármelo.

Como hoy juegan primero los chicos, nosotras vamos hacia el banquillo. Veo a Axel estirando, concentrado… o eso parece. Sin pensarlo demasiado, me acerco.

—Hola —le saludo.

Él levanta la vista. No sonríe. Solo un ‘Hola’ plano.

—Solo quería desearte buena suerte.

—Gracias —contesta secamente.

Antes de poder decir nada más, unos brazos me rodean por detrás.

—¡Lía!

Chloe.

Me giro y la abrazo fuerte.

—¡Qué ilusión verte! —le digo.

—Ya me dijo Adonai que pasó a saludarte. —Me guiña un ojo, dándome un suave codazo.

—Ah… sí. Charlamos un rato.

—¿Nerviosa? Tener a Adonai aquí no debe ayudar.

Se me tensa la espalda. Instintivamente miro hacia Axel. Él aparta la mirada, se levanta y se aleja sin decir nada.

Mierda.

—Chloe, ya no siento nada por él —le digo en un susurro rápido.

—Ah. Bueno… mejor, supongo.

—Luego, si quieres, comemos juntas y hablamos.

—¡Perfecto! Suerte —dice, alejándose.

Busco a Axel con la mirada. Está en la otra punta con Bruno, pero su postura es rígida. ¿Qué habrá pensado?

—¡Lía! —me llama Clara—. Ven, empieza el partido.

Me siento a su lado justo cuando los chicos entran a pista: Axel, Bruno, Erik, Miguel… y enfrente, el equipo de Adonai. Axel apenas dice un par de palabras. Está en otro mundo.

Comienza el partido.

El marcador avanza igualado, pero Adonai destaca enseguida: potente, preciso, mandón. Su estilo es tan agresivo que hasta Miguel sale rebotado en un par de bloqueos. Axel, en cambio, se mueve lento, desconectado, como si la cabeza la tuviera en cualquier sitio menos ahí.

—¡Puto Axel! ¿Qué mierda le pasa? —gruñe Val, mordiéndose la uña.

Un nudo me cierra la garganta. No creo que sea por Adonai, ¿no?

¡Piiii!

El primer set cae para La Farga. Hugo los reúne y dice algo a Axel. Él me mira de reojo un segundo. Un segundo que me deja sin aire.

Comienza el segundo set. Axel va a sacar. Aprieto los puños.

—¡Vamos, Axel! —me sale del alma, demasiado alto.

Él me mira y esta vez sí aparece una breve sonrisa.

Lanza el balón.

¡Puuuum!

El saque cae como un misil en la pista contraria. Después otro. Y otro. Ahí está el Axel de siempre: potente, preciso, imparable.

Adonai se altera.

—¡Hostia, reaccionad! ¡Que van a ganar el puto set solo con saques! —ruge a su equipo.

En el cuarto saque logran levantar la pelota. Adonai coloca y su rematador consigue punto. A partir de ahí el set se equilibra, hasta que, casi al final, Adonai salta para rematar y Axel lo bloquea con una fuerza brutal. Adonai cae al suelo.

—Perdona, tío —dice Axel.

—Ya, seguro —espeta Adonai, mirándolo fríamente.

Ese punto les da el set a los nuestros.

Ya en los últimos minutos, Adonai baja un poco el ritmo.

—¡Adonai!¡Vamos! —La voz de Martina se alza entre el murmullo y los chirridos de las zapatillas.

Él le lanza una media sonrisa, y desde entonces, parece que vuelve al ritmo de antes. Aun así, no les da para remontar.

Nuestro instituto gana.

Llega nuestro turno. Calentamos. No puedo evitar fijarme en Martina: sus trenzas estilo boxeadora, las piernas largas, la presencia… Me recuerda un poco a Val.

—¡Chicas! —Sofía nos reúne—. Ya sabéis, con cabeza. Centradas. Y a darlo todo. Pero, sobre todo, ¡disfrutad!

Nos colocamos en nuestras posiciones. Martina hace señas simpáticas a Chloe, que le ríe las gracias. Siento un pequeño pellizco en el pecho.

¡Piiii!

El balón viene directo a mí. Tardo en reaccionar y cae justo delante de mí.

—Pues empezamos bien —murmura Val.

—Perdón —digo.

Otra vez sacan. Esta vez lo recibo. Clara coloca y Patri remata. Pero lo salvan. Chloe pasa a Martina, que remata con una potencia increíble. Punto para ellas.

—¡Joder! —exclama Val, mirando de reojo a Martina.

Las jugadas avanzan. Nos sacan tres puntos. Val consigue dos seguidos, pero ellas se llevan el set.

Mientras cambiamos de campo, noto la mirada de Martina sobre mí. ¿Qué querrá? ¿Criticarme? ¿Compadecerme?

Se detiene a mi lado.

—Siento lo que te pasó —dice, suave.

Me tenso.

—¿Qué?

—Lo del accidente —señala mi rodilla con la mirada.

—Gracias —musito.

—Oí que eras increíble. Me habría gustado verte al cien por cien hoy. Pero bueno, todo lleva su tiempo.

La observo. No hay maldad en sus ojos. No es como Val. Y eso me descoloca.

Vuelve a su posición. Val me observa, intrigada.

«Respira hondo, Lía», me digo.

Es momento de volar un poco.

Seguimos. El balón va y viene. Martina remata, yo me tiro y salvo. Clara pasa a Patri, y golpea.

Punto.

Otra jugada. Martina hace una finta y Val llega tarde. Punto para ellas.

Val bufa. Algo le pasa.

—Tranquila —dice Clara.

En la siguiente jugada, veo claro que Val se está hundiendo. Le hago una seña a Clara.

El balón viene hacia mí. Corro, salto y remato con fuerza.

Punto.

—¡Buena, Lía! —grita Sofía.

La mirada que me lanza Val podría perforar acero. Parece que le he tocado el orgullo.

Me toca sacar y consigo dos puntos seguidos. Empiezo a sentirme un poco más yo. Estoy disfrutando.

Cruzo una mirada con Martina. Ella asiente y le devuelvo una sonrisa tímida. Sus palabras me dieron alas. Pequeñas aún. Pero alas al fin y al cabo.

Val parece recomponerse. Era evidente que no me iba a dejar brillar más que a ella. Clara empieza a pasarme más balones. Mi cuerpo responde mejor de lo esperado. Salvo mucho, remato algo… hasta que escucho:

—¡Vamos, chicas!

La voz de Axel.

Me giro instintivamente. Val también. Ella está sudando y mi mirada cae al suelo. Busco brillo. Una gota. Algo.

¡Puuum!

El golpe del balón me saca de golpe de mi cabeza. He perdido un punto. Joder.

Me obligo a centrarme y vuelvo a jugar fuerte, pero Val también.

En el descanso, Sofía nos anima:

—Podéis ganar. ¡Juntas sois mejores! Seguid así.

Entramos otra vez. Todo parece bajo control, hasta el saque de Martina. Viene hacia mí como un misil. Lo recibo, pero sale disparado hacia atrás.

Val gruñe. La veo rabiar.

En el siguiente saque, Val se adelanta.

—¡Mía! —grita.

Se lanza ella y lo salva. En las siguientes jugadas, empieza a recibir balones que iban para mí. Me molesta, pero me trago la rabia.

Se luce. Y lo sabe.

Martina, por su parte, parece un poco más cansada y estamos a punto de ganar.

Saca Clara y, la líbero contraria, salva el balón. Chloe pasa a Martina para que remate.

Sin pensarlo, corro hacia la red. Ella salta. Yo también. No tan alto como quisiera, pero lo suficiente.

¡Puum!

Le bloqueo el remate. Martina cae al suelo junto al balón. En su campo.

Punto para nosotras.

—¡Sí! —grita Clara, chocando las manos conmigo.

—Vaya potra —suelta Val.

—Gracias por el elogio —respondo, con ironía.

Ella chasquea la lengua y se va a celebrar con las demás. El ambiente de este equipo deja mucho que desear. La toxicidad de Val apaga cualquier alegría.

Martina se acerca mientras me seco el sudor.

—Enhorabuena. Habéis jugado genial.

—Gracias. Vosotras también —sonrío.

—¡Lía! —Chloe me abraza—. Vamos los tres a tomar algo, ¿te vienes?

—Vale.

Cuando voy a por mis cosas, miro al banquillo. Axel me observa. Me hace un leve gesto con la cabeza. Un bien.

Le sonrío.

Pero él se levanta, se cuelga la mochila y se va hacia la salida.

Pues vaya.

Lo que yo digo: no todo me puede ir bien a la vez.