A medio salto Tarde de chicas y secreto a la vista
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Tarde de chicas y secreto a la vista

Axel está sentado en su pupitre. Al verme, me sonríe, y mis labios reaccionan solos, devolviéndole la sonrisa. Dudo si acercarme o no, cuando alguien me golpea en el hombro por detrás.

Val.

—Siempre estorbando —murmura.

—Y tú siempre incordiando —le suelto sin pensarlo.

Mi buen humor se esfuma. Resignada, me siento y saco las cosas de la mochila.

—¡Hola! —Clara pasa por mi lado y se deja caer en la silla—. ¿Te apetece una tarde de chicas? Solas tú y yo. Podemos ir al centro comercial Vaipa , está lejos, pero hay de todo.

—Sí, claro.

—Pues a las cinco te paso a buscar.

Durante la clase no dejo de mirar a Axel y Val —disimuladamente, o eso quiero creer—. Hablan a ratos, como si nada. Como si ella no fuese un tormento andante. Odio que se lleven tan bien.

Cuando suena el timbre y casi todos han salido, Axel se acerca a mi mesa.

—Apenas hemos hablado hoy —dice, poniéndose justo delante de mí.

—Ya, hemos estado atareados —respondo. Mi mirada se va sola hacia Val, que guarda sus cosas sin prisa. Con ella sí ha tenido tiempo.

—Mañana… —empieza a decir. ¿Va a pedirme una cita? Mi corazón se acelera —. ¿Quieres entrenar?

Ah. Pues no. No es una cita. Noto cómo algo se me encoge en el pecho.

—Vale —digo simplemente.

Parece que quiere decir algo más, pero se lo guarda.

—Bueno, pues mañana nos vemos. —Me sonríe y se marcha hacia el pasillo.

Val se levanta también. Me dedica una mirada fugaz, imposible de descifrar, y se va detrás de él. Me quedo sentada un segundo más de la cuenta, sin ganas de cruzarme con ellos. Verlos juntos me revuelve algo por dentro que no sé ni cómo explicar.

Cuando por fin me levanto y me asomo a la ventana, ya no están. Me cuelgo la mochila y salgo.

El camino en bicicleta me da un respiro. El aire frío, el pedaleo, el tener que fijarme en la carretera… todo me despeja un poco. Por un momento, dejo de pensar.

Al llegar a casa, me caliento la comida, me desplomo en el sofá y pongo Friends de fondo. Me digo que solo cerraré los ojos un minuto.

Y ese minuto se convierte en un sueño profundo, como si mi cuerpo por fin bajara las defensas.

El sonido del timbre me despierta. Por unos segundos no sé qué día es. Miro el reloj. Mierda. Son las cinco. Corro al interfono.

—Soy Clara. ¿Bajas?

—Sube un momento —respondo, aún medio dormida.

Mientras sube, recojo el plato y el vaso que había dejado en la mesa. Mis piernas siguen pesadas por la siesta.

—¡Vaya jeto me llevas! —exclama, riéndose.

—Perdona, me he quedado frita.

Se asoma a mi habitación.

—Con permiso… —dice entrando un poco más—. ¡Qué bonita!

Empieza a curiosear despacio, con las manos en los bolsillos, hasta que se detiene frente a la foto colgada en la pared. La mira con atención, ladeando la cabeza.

—Es de cuando jugaba en mi anterior instituto —explico, apoyándome en el marco de la puerta.

—Se te veía muy feliz —comenta, con una voz suave.

Aprieto la mandíbula.

—Sí, lo era —carraspeo—. Bueno, ya estoy lista. ¿Vamos?

El edificio del centro comercial es enorme. Ha de tener como cuatro plantas. La fachada es toda blanca con relieves antiguos y le da un aire elegante, casi señorial, como si en otra vida hubiese sido un teatro o un palacio donde pasaban cosas importantes. Ahora, en cambio, es un templo del consumo.

Entramos y el murmullo de la gente nos envuelve de inmediato.

Vamos directas a la zona de libros. El olor a papel nuevo me golpea en cuanto doblamos el pasillo.

Me acerco a la sección de fantasía y, en cuanto veo una edición preciosa de El Hobbit , con tapas rígidas y detalles en dorado. No me lo pienso. Me lo compro.

Después nos perdemos entre percheros y luces blancas. Mis ojos se detienen en un vestido corto azul marino, de manga larga y con un escote en la espalda que es pura elegancia. Lo toco y la tela se desliza suave entre mis dedos.

—Es precioso —dice Clara, mirándome de arriba abajo—. Con tu tono de pelo te quedaría espectacular.

Me imagino con él puesto: la espalda al aire, el azul resaltando mi cabello, yo entrando a algún sitio con seguridad. Pero en cuanto veo la etiqueta, la fantasía se rompe. Casi me atraganto. Cuesta más que mi bicicleta. Lo suelto.

Seguimos caminando sin decir mucho y acabamos en una cafetería de la planta baja. Pedimos dos zumos de naranja naturales y salimos a la zona exterior. El aire fresco me despeja un poco mientras nos sentamos en una mesa pequeña. El zumo está frío y ácido, pero agradable.

—Bueno, ¿me vas a contar que lío te traes con Axel? —pregunta Clara sin tapujos.

Casi me atraganto.

—¿Qué?

—¡Vamos, Lía! En casa de Bruno entrasteis los dos empapados. Y últimamente habláis un montón.

Me sonrojo.

—No sé qué somos. —Suspiro y me echo hacia atrás.

—O sea, que algo sí.

—Nos hemos besado un par de veces.

—¡¿Quéee?! —Clara se tapa la boca entre risas.

—Shhhh —le digo—. No digas nada, por favor. ¡Ni a Bruno!

—Tranquila, seré una tumba. Pero tía… qué fuerte. —Ríe—. Eres la envidia de media clase.

—No somos nada —insisto, bajando la voz.

Clara entorna los ojos.

—¿Te besó él?

—La primera vez sí. La segunda fui yo.

Da golpecitos en la mesa.

—¿Y habéis quedado en plan cita?

—No. Por eso pienso que igual no le interesa nada más.

—Ay, qué dramática. Os gustáis. Proponle de quedar. A lo mejor está esperando que se lo digas tú.

—O a lo mejor no quiere nada serio —murmuro.

—Qué negativa eres.

—Soy realista.

Ella pone los ojos en blanco.

—Tú misma. Solo te digo que, si te apetece algo, lo hagas.

Me muerdo el labio. Claro que quiero. Pero no quiero ser yo la que vaya detrás… ni la que acabe haciendo el ridículo.

—Ya veré —digo.

—Y lo del ataque de ansiedad del otro día... ¿cómo lo llevas? ¿Tan grave fue lo que te pasó?

Me echo hacia atrás, dejando salir el aire lentamente.

—Sí —contesto, jugueteando con la pajita—. Me rompí el menisco. Me tuvieron que operar y pasé meses con muletas. Había días en los que ni siquiera podía apoyar el pie sin que me ardiera toda la pierna.

—Hostia puta… —dice, llevándose una mano a la boca—. Tuvo que ser horrible.

—Lo fue.

Clara me pone una mano en el brazo.

—Siento que pasaras por eso. Pero mírate ahora. Estás volviendo a ser tú. Solo fue un bache, no un final.

Levanto la mirada. Sonrío. Contarlo me había dado miedo, pero mientras lo voy diciendo, siento como si soltara un peso.

Al terminar el zumo, seguimos caminando sin rumbo fijo. Subimos por las escaleras mecánicas cuando, de repente, algo capta mi atención unos peldaños más abajo.

Una pareja, muy pegada, bajando del brazo. Esa melena…

¿Es Val?

¿Y el chico a su lado es Hugo?

El estómago se me encoge.

Me giro hacia Clara. Por suerte, sigue absorta en la pantalla del móvil.

Siento un impulso extraño: una mezcla de ganas de señalarla y decir “míralos, míralos”, y a la vez una necesidad urgente de esconder todo lo que está pasando.

Pero no puedo evitar pensar que, aunque Hugo no sea profesor nuestro, ella es menor.

Si esto sale a la luz, podrían tener problemas.

—Clara —le digo.

—¿Qué? —pregunta, levantando la vista del móvil.

—Creo que me he olvidado de mirar una cosa en la planta de arriba.

—Ah, pues volvamos entonces.

—¿Sabes si hay una tienda de bicicletas? —le pregunto.

Frunce el ceño, pensándolo.

—No me suena. Espera, que miro por internet.

Perfecto. Que mire todo lo que quiera. Solo necesito que no levante la cabeza.

Desde mi ángulo, veo cómo Val y Hugo llegan al final de la escalera y se alejan en dirección a los cines. Solo entonces suelto el aire que llevaba reteniendo.

—No veo ninguna —dice Clara, guardando el móvil—. ¿Subimos igualmente?

—Da igual, déjalo —respondo rápido.

Caminamos hacia la sección de maquillaje. Las luces blancas se reflejan en los estantes y, mientras paso entre barras de labios, mi cabeza sigue atrapada en lo que acabamos de ver.

Qué fácil sería contarlo. Bastaría una frase, un comentario en el momento adecuado, y todo se desmoronaría para ella.

Como seguramente haría ella conmigo.

Pero no lo hago.

No puedo.

Por mucho que me duela admitirlo, no quiero ser yo quien hunda a nadie. Ni siquiera a ella.

Al fin y al cabo, no soy tan mala persona como ella cree.