A medio salto Un viaje y demasiadas emociones
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Un viaje y demasiadas emociones

—¿Llevas todo? —pregunta mi madre justo cuando me ve salir de mi habitación.

—Creo que sí —contesto, pero aun así abro la mochila por tercera vez.

—¿Nerviosa?

—Un poco.

Ella me sonríe y me recoge un mechón tras la oreja.

—Mañana estaré allí para animarte. Recuerda: hasta donde puedas. Y, sobre todo, disfrútalo.

—Lo haré —murmuro.

La abrazo fuerte antes de marcharme.

Cuando bajo del bus, el autocar ya está aparcado en la puerta del instituto.

—¡Lía! Estamos aquí. —Clara me hace señas con la mano. Bruno y Erik se encuentran a su lado.

—Hola —les saludo nada más llegar a su lado.

—¿Qué tal? —pregunta Bruno.

Erik me hace una seña con la cabeza a modo de saludo. Me da que no está muy contento con mi presencia. ¿Seguirá molesto por lo de la biblioteca?

—Esta noche pasaros por nuestra habitación. Podemos ver una película y tomar algo —propone Bruno.

Clara se gira hacia mí, esperando aprobación.

—Ve tú si quieres. Yo prefiero descansar —contesto.

Erik me mira de reojo.

En ese momento, Axel se detiene a mi lado. Un cosquilleo me recorre el cuerpo.

—Buenas —saluda.

—Ey, tío, ¿qué tal? —Bruno le da la mano.

Erik, también le saluda, pero sigue estando algo serio.

—¿Todo bien? —me pregunta.

—Sí. —Le sonrío.

Asiente con la cabeza y se dirige al autocar. Al poco, Val pasa por delante de nosotros, sin dignarse a mirarnos siquiera.

Sofía pasa lista, y tras comprobar que estamos todos, nos indica que podemos ir subiendo al autocar.

Clara y yo nos sentamos juntas, detrás de Bruno y Erik, claro.

—¡Qué emoción! Nos vamos a divertir. Es en un pueblo montañoso de los Pirineos. El hotel está en medio del bosque. Ya estuvimos el año pasado y es muy chulo.

Solo la idea de salir de la ciudad ya me anima. Y si encima es un sitio con árboles, aire limpio, silencio… mejor que mejor.

Busco con la mirada a Axel. Lo localizo tres asientos más adelante.

—¿Quieres un chicle? —me ofrece Clara.

—Sí, gracias.

El sabor a hierbabuena me invade el paladar.

—Si no quieres ir a la habitación de los chicos, no vamos —dice.

—Ve tú. De verdad, yo daré un paseo y me iré a dormir.

—¿Es por Erik? —pregunta, y justo hace una pompa con el chicle.

—No, no. Es que me apetece estar tranquila y relajada.

—Me sabe mal dejarte sola.

—¡Qué va! Vamos a estar casi dos días juntas. Tú ve con ellos.

—Bueno. Pero no estaré mucho rato. Quiero descansar también.

Echa el asiento un poco para atrás y cierra los ojos. Sin querer, vuelvo a buscar a Axel. Justo entonces él se gira hacia atrás y nuestras miradas se cruzan durante un segundo. El estómago se me encoge.

Apoyo la cabeza en la ventanilla y observo cómo los edificios quedan atrás mientras el autocar se incorpora a la autopista.

Cuando nos adentramos en la zona boscosa, mi ánimo mejora más.

Estar rodeada de tanto verde es un chute de energía para mí.

Subimos por un camino de tierra y, al poco, podemos ver el gran hotel.

Es un edificio de cuatro plantas, con tejados negros.

Es de estilo moderno, pero se nota que quiere encajar entre la naturaleza.

Hay algún autocar ya aparcado en el parking, por lo que ya deben de haber llegado otros equipos.

—Chicos —anuncia Sofía—, ya estamos. La comida es a la una, el entreno a las cinco y la cena a las ocho. Entre tanto, podéis hacer lo que queráis.

Se oyen murmullos de alivio y emoción.

—Con control y cabeza —añade Hugo, el entrenador del equipo masculino—. Nada de fiestas. Dormid a una hora razonable. El partido es mañana a las diez, así que ya sabéis.

Empezamos a bajar del autocar y el aire fresco del bosque me golpea la cara. Huele a pino húmedo, y solo eso ya me relaja.

Sofía entra en recepción y vuelve enseguida con un manojo de tarjetas.

—Vamos, uno a uno —dice mientras reparte.

Tal y como habíamos pedido, Clara y yo compartimos habitación. Subimos por las escaleras —solo es un piso— hasta la 103.

Erik y Bruno tienen la 104 y vienen detrás de nosotras.

—Qué bien, estamos al lado —comenta Bruno.

Se acerca a Clara y le planta un beso rápido en la boca. Ella ríe, y yo me quedo un segundo sorprendida. Parece que va en serio la cosa.

Entramos a la habitación para dejar las cosas. Huele a madera y a limpiador de pino. Me dejo caer en la cama que está más cerca del balcón.

—¿Desde cuándo salís en serio? —pregunto, sin poder evitar que se me dibuje una sonrisa.

Clara suelta una carcajada y se sienta a mi lado, rebotando un poco en el colchón.

—Hace tres días. Fuimos a pasear por el parque… y surgió.

—Me alegro —digo.

—¡Gracias! —contesta, contenta—. Por cierto, ¿qué cama quieres?

—Me es igual.

—Quédate esta —dice levantándose.

Al poco, decidimos salir a dar una vuelta antes de comer. Justo en la puerta, nos encontramos a Axel y Pol.

—Oh. Hola… —los saludo.

—Hola —responde Axel—. Estamos en la habitación de enfrente.

Se me acelera el pulso al pensar que lo tengo tan cerca. Parece que va a decir algo más, pero la puerta contigua se abre de golpe y salen Erik y Bruno.

—Ey, ¿vamos a dar la vuelta? —pregunta Bruno.

—Sí, vamos —contesta Clara—. ¿Vienes, Lía?

Los miro. Preferiría quedarme aquí hablando con Axel, pero ya les dije de ir.

—Sí —le digo—. Hasta luego. —Me despido de Axel y Pol.

Salimos del hotel. Inspiro hondo para llenar mis pulmones de este aire limpio y fresco.

—Perdona haber estado algo seco… —Erik rompe mi momento de calma. Me giro hacia él.

—Tranquilo. Yo estuve algo seca también —murmuro, sin saber muy bien qué decir.

Él se pasa una mano por el pelo.

—Es que… bueno… Supongo que ya lo habrás notado. Me gustas, Lía.

—Ah… —Se me queda la garganta seca.

—Solo intentaba acercarme más a ti, pero creo que no elegí la mejor forma. Pero no te preocupes. Ya sé que no sientes lo mismo. —Y echa a andar detrás de Clara y Bruno.

Me entra un nudo en el estómago. ¿Una declaración? ¿Ahora? No quiero darle falsas esperanzas, pero tampoco quiero ser fría. ¿Cómo se supone que debo actuar a partir de ahora?

En ese instante escucho las voces de Axel y Val detrás de mí. Oírla me crispa de inmediato. Me vuelvo. Ahí está, en plan simpática con Axel. Se me revuelve algo por dentro.

Val me lanza una sonrisa falsa. Pol y Patri se unen a ellos y todos se alejan en dirección contraria.

Resoplo, me vuelvo hacia Clara y los demás y los sigo por el sendero abajo.

Solo espero despejarme, porque entre Axel, Erik y Val siento que ya estoy jugando un partido.

Y todavía no ha empezado el torneo.