A las Dos de la Mañana Capítulo 69 — Devoto
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Capítulo 69 — Devoto

Devoto no era la escena imaginada durante la persecución. No hubo cerco sobre una casa ni agentes acercándose en silencio. El Loro ya estaba encerrado cuando su identidad volvió a unirse con la alerta uruguaya.

Había llegado a Argentina, participado en una rapiña domiciliaria y matado a una persona, según las reconstrucciones publicadas. Fue detenido bajo otro nombre. La ficha dactilar terminó haciendo lo que los alias habían intentado impedir.

La palabra localizar parecía pequeña frente a los meses de búsqueda. Contenía, sin embargo, trabajo paciente: comparar identidades, remitir antecedentes, confirmar huellas y vincular una causa argentina con la evasión del Penal de Libertad.

Uruguay formalizó el pedido. Argentina tenía derecho a juzgar primero el homicidio cometido en su territorio. La cooperación policial había cumplido su parte visible; comenzaba el tiempo judicial.

Ferraro conocía esa diferencia. Una alerta permite encontrar. No decide automáticamente quién juzga primero, cuánto dura una condena ni si una solicitud de entrega satisface al tribunal extranjero.

Desde Sudán recibió la información, hizo preguntas y aceptó el límite. No volvió para interrogarlo ni participó en actuaciones argentinas. Su carrera había entrado en otra etapa y su autoridad terminaba donde empezaba la de quienes tenían al detenido.

Lo que llegó después fueron versiones. El Loro habría contado que Alazari lo dejó como soldado en Brasil; que vio ejecutar a un hombre dormido durante una guardia con un arma pesada; que regresó con un kilo de cocaína.

Ferraro conservó esas historias por su valor narrativo e investigativo, no como confesiones recibidas por él.

La extradición uruguaya no se concretó. Las fuentes posteriores hablaron de defectos formales. El hombre fue encontrado, cumplió la pena argentina y terminó recuperando la libertad sin volver a Uruguay.

La fecha exacta de esa liberación tampoco debía fijarse sin documento suficiente. El resultado era más inquietante que el calendario: un fugitivo conocido, identificado y reclamado había atravesado otro procedimiento sin ser entregado.

Devoto era una puerta cerrada. Pertenecía a otro edificio y a otra justicia. Cuando se abrió, Uruguay seguía esperando del otro lado.