A las Dos de la Mañana Capítulo 68 — El expediente que viajó
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Capítulo 68 — El expediente que viajó

El mensaje encontró a Ferraro de noche en Sudán.

Los generadores sostenían una vibración constante detrás de las paredes. La radio de la misión hablaba en otro idioma cuando leyó el nombre completo en la pantalla: el Loro Lunático había sido identificado en Argentina.

Ferraro llamó a Montevideo.

—¿Huellas?

Del otro lado hicieron una pausa. Después le recordaron, con afecto, que ya no estaba sentado en la oficina de Maldonado 1141.

La respuesta llegó de todos modos. El Loro estaba preso por un homicidio cometido durante una rapiña domiciliaria.

Utilizaba una identidad falsa y se encontraba en Devoto.

Las impresiones digitales habían hecho lo mismo que con Alazari en Punta del Este: reunieron al hombre con el nombre que intentaba dejar atrás.

Uruguay pidió la extradición. Argentina tenía prioridad para juzgar el homicidio cometido en su territorio y la entrega no se concretó.

Ferraro no viajó a interrogarlo. Nunca estuvo frente al Loro. Lo que supo sobre Brasil procedía de informes, antiguos compañeros, publicaciones e informantes que afirmaban haber tenido contacto directo con él. Cada dato debía conservar la distancia de su fuente.

Guardó el mensaje en una carpeta personal. No era un expediente oficial trasladado fuera del país, sino el comienzo de otra clase de archivo: fechas, publicaciones y preguntas que ya no podía formular como policía.

A partir de entonces el caso reapareció sin pedir permiso. Una captura, una decisión judicial o un nombre en una investigación brasileña atravesaban continentes hasta llegar a la pantalla de Ferraro.

Había dejado la placa lejos. La atención permanecía intacta.

El caso no viajó en su equipaje. Encontró la forma de alcanzarlo.