A las Dos de la Mañana Capítulo 64 — Otra vez esposado
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Capítulo 64 — Otra vez esposado

La captura fue realizada por policías federales brasileños después de una investigación sobre la organización que Alazari estaba construyendo. Tenía treinta y cinco años. Seguía requerido por Estados Unidos y debía responder también ante Uruguay por la fuga.

Ferraro pidió la fotografía. Cuando llegó, observó el rostro que había visto cambiar en una comisaría de Maldonado al escuchar la palabra Interpol.

Alazari parecía más pesado y cansado. Conservaba, sin embargo, la misma mirada: no la del hombre derrotado, sino la del hombre que ya calculaba el siguiente procedimiento.

La detención no resolvía el laberinto. Brasil debía decidir sobre extradiciones concurrentes, causas locales y garantías. Un arresto podía cerrar una persecución y abrir años de escritos judiciales. Alazari lo sabía mejor que nadie.

La prensa volvió a llamarlo rey o zar del éxtasis. Repitió que había pertenecido al Mossad, que poseía una fortuna de cientos de millones y que era uno de los fugitivos más buscados del mundo. Ferraro leyó las notas y separó, como siempre, lo probado de lo repetido.

Probado: las huellas remitidas por fax en 2004. La oferta dentro del blindado. La visitante detenida. La puerta abierta en Libertad. El dinero bajo la cama. La fuga. La ruta del Duna. La captura en Río.

Las esposas tenían un valor simbólico que Ferraro intentó rechazar. Ya lo habían esposado antes. Había estado en Cárcel Central, había sido trasladado bajo ocho custodios y había ingresado al Penal de Libertad. Ninguna de esas imágenes garantizó que permaneciera detenido.

—Que no vuelva a comprar otra puerta —dijo el Perro.

Nadie rió. El dinero recuperado en Libertad y Kiyú demostraba que la advertencia no era una superstición. Alazari conocía abogados, demoras y personas dispuestas a negociar su deber. La captura abría una etapa de custodia y decisiones internacionales tan vulnerable como importante.

Brasil investigaba los delitos cometidos durante su permanencia. Estados Unidos mantenía el pedido por narcotráfico, lavado y extorsión. Uruguay reclamaba respuesta por la fuga. Israel aparecía en informes y noticias con grados distintos de formalidad.

Ferraro pidió que se transmitiera toda la información sobre intentos anteriores, ofertas de dinero y capacidad de evasión. La advertencia no debía adornar el expediente. Debía modificar medidas concretas: vigilancia, comunicaciones, visitas y traslados.

Alazari había vuelto a ser un cuerpo bajo control estatal. La pregunta era cuál Estado y durante cuánto tiempo.

Ferraro imprimió la fotografía y la colocó junto a la primera ficha de huellas. Entre ambas hojas estaban el casino, el blindado, la mujer detenida, la puerta de Libertad, dos bolsas de dinero, la ruta del Duna y quince meses de persecución.

El recuerdo del doble juego de esposas regresó.

En Maldonado habían necesitado dos juegos por el tamaño de sus brazos.

Ferraro se preguntó si los brasileños encontraron la misma dificultad y descartó la curiosidad como irrelevante.

Lo importante era que estuvieran colocadas y que nadie aceptara una negociación.

Las fotografías circularon rápidamente. Los titulares recuperaron zar del éxtasis, Mossad y fugitivo internacional. Cada etiqueta construía una historia cerrada. El expediente seguía siendo más complejo: identidades, pedidos concurrentes y afirmaciones imposibles de probar.

Peñaloza pidió un informe completo desde la primera detención. Ferraro reunió actuaciones y comprendió cuánto tiempo cabía entre dos fotografías. La captura era un punto breve al final de miles de horas que nunca aparecerían en una noticia.

Cuando terminó el documento, escribió la fecha con cuidado. Veintitrés de diciembre de 2006. La comparó involuntariamente con el veintiocho de octubre.

La Policía Federal informó que investigaba actividades desarrolladas durante la clandestinidad. Ferraro comprendió que el año prófugo no había sido únicamente ocultamiento. Alazari había usado el tiempo para reconstruir negocios, exactamente como indicaban los reportes recibidos.

Eso explicaba también su captura. Un hombre escondido puede reducir contactos; un hombre que dirige una red necesita reunirse, mover dinero y confiar en subordinados. La ambición había producido las repeticiones que la vigilancia necesitaba.

Ferraro escribió que debía considerarse de alto riesgo de evasión.

Evitó expresiones como maestro de la fuga o imposible de custodiar.

La precisión era más útil: las actuaciones lo vinculaban con un intento mediante una visitante, Ferraro recordaba la oferta hecha en el blindado y la reconstrucción judicial describía su salida del penal mediante falsos agentes.

No sintió que la historia terminara. Sintió que, por fin, había dejado de correr.