A las Dos de la Mañana Capítulo 63 — La playa
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Capítulo 63 — La playa

Las noticias posteriores no coincidieron sobre el punto exacto del arresto. Algunas lo situaron en una playa de Ipanema; otras describieron el abordaje cuando salía del apartamento donde vivía. Ferraro mantuvo las dos versiones. La captura era comprobable; la imagen perfecta, no.

La confirmación llegó primero como una frase de Peñaloza.

—Lo tienen.

Ferraro levantó la cabeza. En la oficina nadie celebró todavía. Los casos largos enseñaban a desconfiar incluso de las noticias deseadas.

—¿Quién lo confirmó?

Peñaloza nombró el enlace brasileño.

—¿Huellas?

—Están trabajando.

El Mosquito avisó al resto del equipo. Pepe apoyó una mano sobre la carpeta y esperó.

Fabri abrió la cronología para registrar la hora.

Ferchu preguntó qué autoridad brasileña entendería en la causa y cuál de los pedidos internacionales tendría prioridad.

El Perro quiso saber dónde había sido localizado y quién estaba con él.

Cada reacción pertenecía a una especialidad. Ferraro solo pensó en llamar a su padre.

La mano llegó al teléfono y se detuvo. Su padre había muerto el 28 de octubre. La costumbre había sobrevivido casi dos meses a la realidad.

Durante la espera, llegaron versiones fragmentarias.

En una, Alazari avanzaba entre bañistas y vendedores, protegido por la multitud.

En otra, atravesaba la puerta de un edificio que todavía consideraba seguro.

Ambas sugerían lo mismo: la Policía Federal había unido identidad y rutina antes de que pudiera cambiar otra vez.

—No lo demos por cerrado hasta tener la ficha —dijo Ferraro.

Pepe asintió.

—Las fotografías convencen. Los dedos confirman.

La frase devolvió a Ferraro a la madrugada de 2004 y al fax de la Seccional Décima. La tecnología había cambiado alrededor del expediente, pero la pregunta seguía siendo idéntica.

Cuando llegó la comparación positiva, Fabri marcó la hora. Peñaloza leyó el mensaje completo antes de hablar.

—Es Alazari.

La oficina respiró. El Mosquito se permitió una sonrisa breve. El Perro pidió los datos del operativo. Ferchu comenzó a ordenar las comunicaciones formales. Pepe cerró la carpeta sin golpearla.

Ferraro no sintió el triunfo que había imaginado durante los meses de búsqueda. Sintió alivio y una ausencia. Había querido escuchar a su padre decir que el trabajo estaba terminado, aunque ambos supieran que una captura abre inmediatamente otra etapa judicial.

Washington pidió confirmación. Uruguay quiso conocer las condiciones de detención y la posibilidad de reclamarlo. Los periodistas buscaban una declaración. Ferraro respondió primero por los canales oficiales; el arresto debía existir como comunicación policial antes de convertirse en titular.

En Río no hubo, según los datos disponibles, una batalla acorde con la leyenda. Una vigilancia paciente encontró una ventana y la utilizó antes de que Alazari alcanzara otro vehículo o refugio.

Ferraro miró la ficha positiva. Las mismas manos que habían necesitado dos juegos de esposas en Maldonado volvían a identificarlo.

Por una vez, Alazari no había anticipado la puerta que se cerraba.