A las Dos de la Mañana Capítulo 55 — La noche del Vulcan
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Capítulo 55 — La noche del Vulcan

Una palabra apareció en las notas transmitidas desde Brasil: Vulcan.

La historia no provenía de una declaración tomada por Ferraro. Circuló entre policías e informantes que decían haberla recibido del Loro. Con el tiempo, las versiones modificaron el arma y el lugar, pero conservaron la misma noche.

En una posición de vigilancia dentro de la favela había un arma pesada. La llamaban Vulcan y afirmaban que podía enfrentar helicópteros. Ferraro no pudo determinar si se trataba del sistema real, de otra arma bautizada con un nombre temible o de una exageración nacida al cruzar varios relatos.

Lo decisivo no era el modelo.

Uno de los hombres asignados a la custodia se quedó dormido. Lo mataron frente a los demás. Algunas fuentes hablaron de un degüello. Dentro del relato, la ejecución no surgió de una pelea: fue la aplicación de una regla. Quien ponía en riesgo a la organización dejaba de ser confiable.

El Loro conocía la violencia. Sin embargo, aquella muerte le mostró un orden distinto, donde matar podía formar parte de un procedimiento. Según quienes transmitieron la historia, esa noche comenzó a buscar una salida.

También era una explicación conveniente. Justificaba por qué abandonaba a Alazari, por qué regresaba sin el dinero prometido y por qué aceptaba que otros organizaran su huida. Un relato puede revelar miedo y proteger el orgullo al mismo tiempo.

Ferraro hizo la pregunta que utilizaba ante cualquier información difícil: ¿qué consecuencia podía comprobarse?

Los dos fugitivos se separaron. El Loro llegó a Argentina. Alazari permaneció en Brasil.

El regreso del Loro avanzó, según las fuentes, por tramos, ómnibus y contactos.

Como pago por los servicios prestados habría recibido un kilo de cocaína.

Ferraro nunca vio el paquete ni participó en una incautación que confirmara cantidad o procedencia.

Conservó el dato como relato atribuido, no como evidencia.

La droga podía pagar transportes, alimentar contactos y mantenerlo dentro del delito aun después de abandonar la favela. Era recompensa y cadena.

En algún momento llegó a Argentina. Allí cometió un homicidio durante una rapiña domiciliaria, fue detenido bajo una identidad falsa y terminó en Devoto. Las huellas unieron al preso argentino con el fugado del Penal de Libertad.

El Vulcan quedó sin comprobar. El kilo también. La separación y las huellas, no.