CAPÍTULO 32
RYDER
Fue casi un déjà vu: Ryder y Cosburn subieron al coche y arrancaron, esta vez con las sirenas aullando.
Por las palabras entrecortadas de Cara había deducido que no corría peligro inmediato, pero aun así no había tiempo que perder.
Ella había murmurado algo de que Jack la había amenazado y que estaba detrás de los asesinatos.
Ryder apenas dudó: le gritó a Cosburn que había una emergencia en la casa de los de Luca y se pusieron en marcha.
Conducía Cosburn, y mejor así, porque Ryder ya no habría sido capaz.
El caso de los asesinatos de la Dalia estaba oficialmente cerrado.
Junto con el caso había enterrado también sus sentimientos por Cara.
Al menos eso creía. El miedo que lo atenazó durante el camino hasta ella decía otra cosa.
El pánico en su voz y sus balbuceos incoherentes le habían enseñado la verdad.
Lo que sentía por Cara seguía más vivo de lo que estaba dispuesto a admitir.
Insistió a Cosburn para que se saltara los semáforos en rojo y condujera tan rápido como se atreviera aquel oso excesivamente prudente.
Cuando por fin se detuvieron delante de la casa, bajó del coche de un salto, salvó la valla de un brinco y echó a correr sin hacer caso de las advertencias de su compañero, mayor que él.
Captó el olor de Cara antes de verla. Su aroma a vainilla y muguete lo golpeó de lleno.
Pero entonces, por debajo de aquellas dulces fragancias, percibió algo más.
León, pensó. Su estado de alerta, que ya se había apaciguado al no detectar olor a sangre, volvió a dispararse, y con él el pulso.
Dobló la esquina y casi tropezó al verla sentada en los escalones de la casa de su madre.
Mientras corría hacia ella, comprobó que estuviera ilesa. No tenía ninguna herida. Soltó el aire y se detuvo a un metro de ella.
—Hola —dijo ella con una voz que apenas reconoció.
Vibraba de energía y no pegaba en absoluto con su rostro pálido y el maquillaje corrido. Se puso en pie, alzó los brazos y volvió a bajarlos, como si de pronto recordara lo ocurrido en su último encuentro.
Ryder oyó los pasos de Cosburn a su espalda, pero toda su atención estaba puesta en la mujer que tenía delante.
—Ha sido Jack —dijo ella, sin apartar tampoco los ojos de él.
Cosburn se detuvo a su lado, jadeando.
—Jack es el responsable de los asesinatos. Y creo que acabo de matarlo.