CAPÍTULO 26
RYDER
Ryder se despertó porque algo no encajaba en su lado de la cama. Se incorporó y tardó un momento en comprender qué lo había irritado tanto mientras dormía.
Se había ido.
Su instinto despertó más deprisa de lo que habría creído posible, y aun así llegó demasiado tarde. La puerta se abrió y Cara entró, seguida de cerca por tres hombres.
El lobo que llevaba dentro despertó y le abrasó la piel al abrirse paso, tan deprisa que apenas notó el dolor habitual. Y, aun así, era demasiado tarde. Los dos fuertes cambiaformas osos lo agarraron, mientras el cambiaformas búfalo se colocaba detrás de él.
—Si te portas bien, podrás vestirte antes de marcharte.
Apenas reconoció su voz. El parecido con su madre, que él siempre había buscado en vano, ahora resultaba más que evidente. Estaba más hermosa que nunca, pero era una belleza fría que lo repelía en lugar de atraerlo.
Se sacudió de encima a los osos antes de que tuvieran tiempo siquiera de levantar una mano. El búfalo era fuerte, pero demasiado lento para representar un peligro real para él. De un salto, Ryder se plantó junto a Cara.
—¿Qué has hecho? —preguntó, y vio por el rabillo del ojo que ella levantaba una mano.
Los hombres que tenía a su espalda se quedaron inmóviles.
—Lo que era necesario —respondió ella con una calma provocadora.
Ryder no deseaba otra cosa que agarrarla y zarandearla hasta que reapareciera la verdadera Cara. Pero la mujer que había dormido entre sus brazos ya no estaba. «Esta es su verdadera naturaleza», le cruzó por la mente. Ella sonrió como si le hubiera leído el pensamiento.
—Si aprecias tu vida, te marcharás de la ciudad y no volverás a dejarte ver.
Los ojos de Cara se oscurecieron. Durante lo que dura un latido, Ryder estuvo convencido de haber visto dolor y tristeza en su mirada, pero el instante se desvaneció.
—Se lo has contado a tu madre.
No era una pregunta, sino más bien una afirmación. Ella asintió brevemente, como si incluso aquel pequeño movimiento le provocara un dolor intenso.
—¡Maldita sea, Cara! ¿Cómo has podido? —bramó, y hasta para sus propios oídos el aullido del lobo resultó claramente audible.
—Tenía que elegir —dijo ella con voz extrañamente inexpresiva—. Eso es lo que hice.
Demasiado tarde, cayó en lo que la llegada de Cara significaba para Melissa.
No tenía ninguna duda de que la vampira era culpable, pero incluso una asesina como ella merecía un juicio en regla y un abogado que la defendiera.
Miró hacia Cara mientras recogía sus cosas a toda prisa.
No le importaba la impresión que pudiera causar en los tres hombres, que miraban alternativamente a Cara y a él.
Al parecer, ninguno entendía de qué iba realmente todo aquello.
El rostro de Cara no revelaba si ya era demasiado tarde para la vampira. Tenía que intentar al menos sacarla de la ciudad antes de que cayera en manos de las mujeres De Luca.
Apenas era factible. Ni siquiera tenía coche propio.
¿Quién podía ayudarlo ahora? Cosburn, tal vez.
Ya no importaba que alguien lo oyera o rastreara sus conversaciones.
Sin volver la vista atrás, salió corriendo de la casa de Hollywood Hills mientras sacaba el móvil del bolsillo de la chaqueta.
Incluso entonces, sabiendo que llegaría demasiado tarde, Ryder se negó a perder la esperanza.
Mientras corría, notó que alguien se le acercaba por detrás y se volvió, pero ya era demasiado tarde.
Algo le golpeó la cabeza con la fuerza de un martillo y el mundo que lo rodeaba se hundió en la oscuridad.
Lo último que vio fue el rostro compungido del cambiaformas búfalo inclinado sobre él.