CAPÍTULO 26
CARA
Cara se despertó demasiado temprano, pero dormir estaba descartado. Le daba demasiado miedo volver a robarle energía a Ryder. ¿Y si lo besaba en sueños y su cuerpo tomaba sin más lo que tanto ansiaba?
Antes de levantarse, lo miró una última vez.
Ryder dormía profundamente. Los ojos le temblaban bajo los párpados cerrados.
¿Estaría soñando que cazaba en su forma de lobo?
Memorizó cada detalle de su rostro: la mandíbula ancha, la barba rubia de varios días, el pelo largo.
Tenía la nariz recta y bastante larga, lo que evitaba que pareciera un guaperas más de portada de revista masculina.
Cara intentó imaginárselo sin barba y tuvo que sonreír.
Sí, sin duda sería una mejora. Quizá algún día, cuando hubieran detenido a Melissa...
Su sonrisa se ensanchó. Se le estaba pegando algo de él.
Ahora empezaba a pensar como una policía.
Si alguien iba a detener a la vampira, sería él.
Una pena que nunca llegara a pasar.
Tragó saliva y le miró la cara una última vez. Lo que estaba a punto de hacer destruiría sin remedio todo lo que había surgido entre ellos. Pero ¿acaso no había sabido desde el principio que no era más que una fantasía de color de rosa?
Ella era una súcubo. Él era un lobo.
Ella era la hija de una mujer que dirigía la mafia.
Él era un policía cambiaformas.
La esencia de su ser consistía en matar a otros.
Ryder era un cazador.
Pertenecían a mundos distintos. No tenían nada en común, ninguna base sobre la que construir algo. Un romántico habría afirmado que el amor era un cimiento sólido y que todo lo demás acabaría encajando, pero Cara no se engañaba.
Se puso el albornoz y salió al pasillo.
Él nunca la perdonaría, pero tampoco hacía falta. Cuanto antes la olvidara, mejor. Que la odiara. Cualquier cosa era preferible a que la amara sabiendo que ella jamás podría pertenecerle por completo.
Su madre ya estaba despierta, sentada tras el escritorio.
Tenía varios papeles delante. En el de arriba, Cara reconoció el sello oficial de los Policías Cambiaformas.
Se habría reído de no ser por la piedra que tenía en el pecho y que le impedía cualquier expresión de alegría.
Incluso una organización que ocultaba sus actividades a los ojos humanos en la medida de lo posible echaba mano de toda la parafernalia burocrática.
—Espero que traigas buenas noticias.
—Depende de cómo se mire —respondió Cara—. Pero, antes de contártelo todo, espero algo a cambio.
—Dame el nombre y tendrás lo que quieras. —Beatrice miró a su hija a los ojos—. Ah, ya veo que ni siquiera necesito preguntarte qué quieres. El lobito se te ha metido en el corazón.
—Eso no es asunto tuyo, madre.
—De acuerdo. Lo dejaré marchar en paz.
—Si le tocas un solo pelo de la cabeza, me aseguraré de que te arrepientas —dijo Cara con toda la naturalidad de la que fue capaz. Aun así, a su madre no pareció impresionarle; más bien parecía impaciente.
—No es más que un don nadie. Pero, si me haces esperar mucho más, podría cambiar de opinión. Así que ¿quién es?
Cara se lo dijo.
—¿Estás segura? —Su madre arqueó las cejas.
Cara le contó lo que ella y Ryder habían descubierto la noche anterior.
—Todas las pruebas apuntan a Melissa —concluyó—. No tenemos ninguna duda de que es la responsable de los asesinatos.
—Pero ¿por qué iba a hacerlo?
—Te sugiero que se lo preguntes tú misma. —Se puso en pie—. Yo he cumplido mi parte del trato. Ahora le diré a Ryder que sus servicios ya no son necesarios. Si me disculpas...
El vacío que llevaba dentro no debería haberle dolido. ¿Cómo podía causar dolor algo que ni siquiera estaba ahí? Salió del despacho de su madre y, al alejarse, oyó que Beatrice empezaba a hablar con Jack sobre Melissa. ¿Acaso su madre no sabía que Jack y Melissa habían compartido cama?
Probablemente sí, pero sin duda daba por hecho que toda la lealtad de Jack era para ella y no para una mujer con la que se había acostado.
¿Iría a buscarla, la llevaría ante Beatrice y se quedaría mirando cómo moría Melissa?
Todo el mundo sabía lo que significaba que Beatrice de Luca te convocara a su casa de Hollywood Hills.
En el mejor de los casos, estabas metido en un lío.
Jack no protegería a Melissa. La mujer podía darse por muerta. Y ella misma era la responsable.
Mientras volvía despacio a su habitación, pensó en lo que había esperado de aquel momento.
Triunfo, quizá incluso alegría, porque la muerte de su prima quedaba vengada.
No encontró ninguno de esos sentimientos dentro de sí.
Lo único que sentía era desesperación, porque otra vida estaba a punto de llegar a su fin.
Pero ¿cuál habría sido la alternativa? Conocía lo bastante bien a su madre para saber que habría cumplido su amenaza contra Ryder sin pestañear.
No. La vida de él nunca había sido una opción.
Jamás había tenido la opción de elegir a Melissa en lugar de a él.
Al final, todo había salido tal como su madre lo había planeado.
Quizá nunca hubiera tenido intención de deshacerse de Ryder.
A sus ojos, un policía cambiaformas que albergaba sentimientos por su hija incluso podía resultar útil.
Nunca lo sabría.
Y lo peor aún estaba por llegar.