CAPÍTULO 24
CARA
Diez minutos después, Cara salió de la ducha.
Ryder se había acomodado en el suelo, con la espalda apoyada contra la cama.
A ella le dio un vuelco el corazón al verlo allí sentado.
«Es como si este fuera su sitio», pensó, y notó que se le iba el color de la cara.
¿Cuándo se había convertido en una parte tan natural e importante de su vida?
Como si supiera que ella estaba pensando en él, alzó la cabeza. No dijo nada, pero su mirada se suavizó. —Ven aquí —dijo, y cogió una almohada de la cama para dejarla en el suelo, a su lado—. ¿Tienes algo con lo que escribir? Vamos a intentar abordar esto de forma sistemática.
—Es buena idea —convino ella, y cogió papel y bolígrafo del escritorio—. ¿Por qué no lo hicimos antes?
Era solo una pregunta retórica; no esperaba respuesta.
—Primero, veamos el teléfono de Bessie.
Lo había conectado al cargador y empezó a revisar los archivos de forma sistemática.
Las fotos no tenían nada de particular, pero Cara apenas podía soportar mirarlas.
Cuando él puso los mensajes de voz guardados, la cosa empeoró aún más, algo que ella no habría creído posible.
Su prima había conservado innumerables mensajes de sus seres queridos, y Cara podía imaginarla escuchándolos cada vez que la añoranza se volvía insoportable.
Pero tampoco allí había nada fuera de lo normal.
Pasaron a los vídeos. Primero aparecieron unos cuantos clips de animales. Al parecer, la novia de Bessie tenía la costumbre de enviarle con regularidad vídeos cortos de hienas. A Cara no le hizo ninguna gracia, pero Ryder parecía divertirse.
—¿Tiene gracia? Para una cambiaformas, quiero decir.
Él levantó la vista del teléfono de Bessie.
—Desde luego, demuestra lo unidas que estaban y que Bessie no se tomaba demasiado en serio. Me parece entrañable.
Cara se imaginó enviándole vídeos de YouTube sobre lobos. ¿Seguiría haciéndole gracia? Sí, se respondió a sí misma. Igual que Bessie, él había aceptado quién y qué era. Y eso le daba libertad para disfrutar incluso del lado más tonto de la vida de un cambiaformas.
—Creo que aquí tenemos algo —comentó él—. Este archivo solo tiene un número por nombre, probablemente por la fecha. ¿Estás preparada o prefieres que lo vea yo primero?
—No, quiero saber qué hay ahí.
Pulsó «Reproducir» con el dedo índice.
Cara contuvo la respiración.
Fueron los sonidos los que le hicieron entender lo que estaba viendo. Los gemidos y la respiración agitada de una pareja en la cama. La mujer estaba a horcajadas sobre el hombre y movía las caderas con un ritmo constante. A él no se le veía la cara.
—Esa es Bessie —susurró, entre incrédula y horrorizada.
Su prima nunca había disfrutado del sexo con hombres. ¿Por qué se estaba acostando con uno? ¿Y quién era él?
La pregunta se respondió sola un minuto después.
Cuando los gemidos se hicieron más fuertes y Cara tuvo la certeza de que el hombre estaba a punto de correrse, Bessie se bajó de él.
Sí, no había duda, era su prima. Se dio la vuelta hasta quedar de espaldas a él, se puso de rodillas y le ofreció el trasero.
El hombre no dudó. Cara le vio la cara y lo reconoció al instante.
Era el hombre al que conocía como el tío Miles.
El jefe de los Shifter Cops de Los Ángeles se estaba acostando con su prima, que simplemente...
era insoportable. Mientras las lágrimas le corrían por las mejillas y el hombre la penetraba desde atrás, Bessie se transformó en una hiena.
La pantalla se quedó en negro. Ryder había cortado el vídeo y había dejado el teléfono en el suelo con tanto cuidado como si contuviera explosivos.
En cierto modo así era, pensó Cara, intentando sacudirse el entumecimiento.
Sentía la cabeza como si la tuviera rellena de algodón.
Pasaba del calor al frío y le subían las náuseas.
—Lo siento muchísimo —susurró Ryder, y le pasó el brazo por los hombros.
Cara dejó que la atrajera hacia sí hasta apoyar la cabeza en su hombro. Se quedaron así un rato, en silencio.
—Ojalá pudiera deshacerlo.
—No hace falta —respondió Cara, todavía con la cabeza en su hombro.
El zumbido sordo de la cabeza había desaparecido, igual que el calor de la vergüenza. Solo quedaba un frío glacial. Se incorporó.
—Esto es obra de mi madre. Seguro.
—¿Cómo estás tan segura? —preguntó Ryder, y se enderezó también.
—Bessie jamás se habría acostado con un hombre por voluntad propia, y mucho menos mientras se transformaba en hiena. Es del todo imposible. La has visto llorar. Alguien la obligó, y yo sé quién.
¿Cómo había descrito Cara a su madre? Un monstruo. No había imaginado hasta qué punto tenía razón.
—Supongamos que es cierto. —Sonó pragmático, y Cara se lo agradeció tanto como su apoyo—.
No me malinterpretes, Cara. No dudo de que conocieras a tu prima lo suficiente y de que puedas juzgarla mejor que yo.
Pero ahora tengo que hacer de abogado del diablo.
Tenemos que examinar el asunto desde todos los ángulos para no cometer errores.
—Lo entiendo.
Eso no lo hacía más agradable.
—Empecemos otra vez desde el principio. Toma. —Le acercó la hoja en blanco—. Te ayudará a verlo todo negro sobre blanco. Créeme, hablo por experiencia.
Cara cogió el bolígrafo y dibujó un uno en la esquina superior izquierda.
—Nuestra primera víctima, Sally Smith, murió el tres de marzo. Era una mujer lobo. La segunda, Clemency White, era vampira y la encontraron el cinco de abril. A Carmen Sánchez, una ghoul, la descubrieron el cuatro de mayo.
Él la observó mientras anotaba nombres y fechas.
—¿Qué nos dice esto sobre el autor de los crímenes?
—Es lo bastante fuerte para dominar a una vampira —dijo Cara, lo primero que le vino a la cabeza—. Así que no es humano.
Cogió otra hoja y lo anotó también. No era mucho, pero era un comienzo.
—Eso es otro indicio de que no se trata de un asesino en serie —dijo Ryder en voz baja—.
Los asesinos en serie matan casi siempre dentro de su propia etnia.
Los hombres blancos matan a mujeres blancas, los negros matan sobre todo a mujeres de color, y así sucesivamente.
Nuestro tipo no se ajusta a ningún patrón.
—Luego está el ataque a Melissa, que supuestamente no recuerda nada —añadió Cara—. Dice que la atacó una sombra, pero habló claramente de un agresor varón. ¿Podemos dar por sentado, entonces, que buscamos a un hombre?
—Pero ¿qué mujer paranormal tendría fuerza suficiente para matar a una vampira?
Se miraron.
—¿Estás pensando lo mismo que yo? —preguntó Cara casi sin aliento.
—Otra vampira —dijo entonces Ryder. Le brillaban los ojos.
—Una que no estuviera herida de gravedad —añadió Cara.
—Podría haberse infligido las heridas ella misma —maldijo entre dientes—. Es muy frustrante no contar con un médico forense en condiciones. ¿Crees que Snyder podría decirnos si pudo empuñar el cuchillo ella misma?
—No lo sé. Podríamos preguntárselo, pero no es tonto. Se dará cuenta de por dónde vamos.
—Entonces dejémoslo por ahora —decidió Ryder—. Si damos por hecho que Melissa es la culpable y que intenta desviar las sospechas de sí misma, surgen otras dos preguntas. La primera: ¿qué ha pasado con el arma del crimen?
—Y el móvil —añadió Cara—. Quiero decir que, si suponemos que el objetivo final es hacer daño a mi madre, nada de esto tiene sentido. Tú mismo la has conocido. Desde luego, no es de las que intentan erigirse en reina de los paranormales de L.A.
—¿Así es como ves a tu madre? ¿Como una reina?
Cara lo miró.
—Ah, no. Así es como se ve ella. —Echó un vistazo a las dos hojas, que poco a poco se iban llenando—.
Pero no hablemos ahora de Beatrice o perderemos el hilo.
—Hizo una breve pausa—. Ya tenemos una explicación para la fuerza que necesita el culpable y para que Melissa sobreviviera al ataque.
¿Y el olor a león que percibiste en la escena del crimen?
—Eso también encaja —dijo Ryder, y frunció el ceño—. El olor era muy tenue y, de algún modo... distinto. Lo siento, cuesta explicarlo con palabras.
—Espera un momento. —Cara ya no podía seguir sentada en el suelo.
Se levantó y empezó a dar vueltas por la habitación—.
Para eso también hay una explicación posible.
Pero tienes que decirme si es siquiera posible.
—Se puso de puntillas—. Podría ser el olor de Jack mezclado con el de su cuerpo —dijo, y esperó impaciente la respuesta de Ryder.
—Por eso el olor a león no era tan intenso. Y sí, sería posible, aunque no quiero asegurar que fuera así.
Cara se sentó con las piernas cruzadas frente a él y acercó las hojas. Apuntó todo lo que habían averiguado hasta el momento. Le sentó bien y, por fin, pudo imaginar el final de su búsqueda.
—Pero ¿cómo encaja Bessie en todo esto? —La pregunta de Ryder puso fin a la euforia—. Melissa estaba con Snyder en ese momento. Y sigue allí, por lo que sé.
—Ella misma dijo que quería volver a trabajar. Puede que se sintiera con fuerzas para salir de casa a escondidas.
—Es verdad, pero hay demasiadas incógnitas para mi gusto —afirmó Ryder, y se frotó los ojos—. Y no olvides el vídeo del jefe Summers que encontramos. Dios, ojalá no lo hubiera visto nunca. Ese tipo me da asco.
Le salía de lo más profundo del alma. Cara lo quería por esa compasión, por su capacidad de seguir sintiendo algo pese a haber visto, sin duda, cosas mil veces peores. Lo miró a los ojos, rodeados de patas de gallo, y después le miró la boca.
Y entonces lo besó.