A la sombra de la Dalia Negra (Policías cambiaformas: investigaciones paranormales nº 3) CAPÍTULO 23
68%

CAPÍTULO 23

RYDER

Ryder observó cómo Cara sacaba el móvil negro de su escondite y se ponía a pulsar teclas de inmediato.

—¿Te sabes el PIN?

Y, en efecto, el teléfono se desbloqueó. Vio un selfie de Bessie y su novia, que sonreían con cariño a la cámara. Dejó a un lado la ternura que le provocaba la imagen y volvió a centrarse en lo que tenían entre manos.

—Qué suerte la nuestra —comentó—. Deberíamos llevárnoslo a casa y mirarlo allí. La batería está casi agotada. Y allí estará más seguro.

Notó las ganas que tenía Cara de echar un vistazo a los archivos ahora mismo, pero cedió.

—Además, puedes pasar primero por casa de tus tías y contarles, sin mentirles, que tú —le sonrió— no has encontrado nada que dé ninguna pista sobre su asesino.

—No es mentira, pero tampoco es la verdad —dijo ella, pensativa—. Si no te conociera, diría que mientes de maravilla.

Ryder esperó en el coche mientras Cara llamaba a la puerta de la tienda. No entró, señal de que quería ser breve. Sintió un alivio cuando se dejó caer en el asiento, a su lado, y por fin pudieron arrancar.

El viaje se le hizo interminable.

—¿Has conseguido identificar el olor? —quiso saber ella al enfilar el camino de entrada de la casa de su madre.

No había abierto la boca durante todo el trayecto. ¿Acaso temía la respuesta?

—Sí. No ha sido fácil, pero estoy seguro de que buscamos a un cambiaformas león.

Pisó el freno con tal brusquedad que a él se le fue el torso hacia delante.

—¿Me estás diciendo que Jack mató a esas mujeres? Ni hablar.

—No he dicho eso. No puedo descartarlo porque el olor es increíblemente tenue. —Frunció el ceño—. Y hay algo que no encaja, pero no sé decir qué. Un león suele desprender un olor especialmente fuerte.

Cara dejó caer la cabeza sobre el volante.

—Eso significa que estamos exactamente donde empezamos.

—Puede que no hayamos avanzado tanto como esperabas, pero es normal. El trabajo de investigación es largo y duro. Solo en la televisión se resuelve un asesinato en una hora. Y no olvides que todavía tenemos el teléfono.

—Si es que hay algo útil en él —dijo ella, desanimada.

Cara se frotó la frente.

—Estoy perdiendo el hilo poco a poco —dijo.

—Eso también es de lo más normal.

—Y no es motivo para sonreír con tanta suficiencia.