¡A la mierda las comedias románticas! 39. Abono, pienso y motocultores
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39. Abono, pienso y motocultores

Después de mi periplo navideño, decidí tomarme las cosas con algo más de calma lo que quedaba de fiestas y poner mi vida en una especie de pausa.

Pasé la Nochevieja también en el pueblo, a pesar de la insistencia de Aída en que volviese a Valencia a celebrar la «Tardevieja» con ella y con Cata, para después comernos las uvas en el Ayuntamiento.

Por lo visto, había una fiesta multitudinaria en la plaza con algún DJ famoso hijo de alguna folclórica y demás.

Pero no, no tenía muchas ganas de estar rodeado de tanta gente.

Así que aquí estuvimos mis padres, mi abuela, mi hermana, mi sobrina y yo.

Y no, esta vez no nos fuimos Ana y yo después de cenar.

No queríamos salir de casa y provocar nada que acabase por llevarnos en busca de Pablo, mi futuro excuñado, también a decirle cuatro cosas.

Pero fue divertido despedir el año con mi sobrina «comiéndose» las uvas en forma de zumo, mientras los demás hacíamos lo posible por no atragantarnos.

Además, después vinieron algunos de mis tíos y primos a desearnos el año nuevo y nos reímos un poco con la nueva novia de Nacho.

Ya no es aquella chica estilosa y exuberante que conocisteis en el cumpleaños de mi abuela.

Esta, la nueva, parece llevarlo bien atado en corto.

Si hasta consiguió que se pusiera un jersey navideño de lo más hortera ⁠—⁠yo iba con el mío de Stranger Things ⁠—⁠.

Esa noche Nacho hizo pocas bromas. Igual con esta chica sí merece la pena aprenderse el nombre, aunque ahora mismo no lo recuerdo. Disculpad.

También les he contado lo del trabajo y lo de Tom, sin entrar en pormenores porque no quería hacer más drama.

¿Que cómo se lo han tomado? Ni bien ni mal.

¿Qué van a hacer? Son mis padres. Me apoyan a pesar de que se trasluce cierta inquietud, aunque ellos no me lo quieran admitir.

Lo peor es cuando se ponen condescendientes, cosa que me molesta bastante.

Pero no los culpo. Me quieren, se preocupan, no saben cómo actuar, a la vez que quieren animarme sin hacerme sentir mal…

¡Psicología humana, qué bonito misterio!

Por cierto, al final he accedido a seguir el consejo de mi hermana y echar una mano a mi padre en la tienda durante los días que esté por aquí, solo por probar una vida un poco más pausada y rural.

Después de todo, puede que me acabe gustando eso de no estar tan pendiente de entregas, deadlines , revisiones interminables y demás.

Por si fuera poco, he aprovechado estos días para hacerme un reel decente que enviar a productoras y aplicar a algunas ofertas más o menos interesantes.

Vale, perdonad, este es el último término que os lanzo en mi jerga y que os tengo que explicar.

Lo prometo. Un reel , o bobina, si eres de la antigua escuela, al igual que en Instagram, es un vídeo en el que muestro todo mi trabajo.

Lo mejor que sé hacer. Sería algo así como mi carta de presentación con todas las explosiones, ríos de fluidos, cataratas, demoliciones, transformaciones de objetos y demás cosas chachis que se os ocurran y aparezcan en una película o videojuego.

Lo que importa de todo esto es que ya estoy manos a la obra para cambiar mi suerte laboral.

Y mientras espero a que alguien me responda, aguardo entre estanterías llenas de abono, fertilizantes, semillas y plantones.

El olor de los químicos me va a dejar muerto el olfato.

Lo mismo es por eso por lo que no entra ni Perry.

Ya me advirtió mi padre que estos días no estamos en temporada alta para el oficio, pero no esperaba que la tienda fuera un yermo.

Lo bueno es que la falta de clientes me deja tiempo para otra de mis aficiones que he empezado a cultivar.

Saco el móvil y escribo a Aída, que aparece como conectada, para contarle mis no avances.

Javi:

No encuentro nada. Es como si fuera un fantasma.

Aída:

¿No? ¿Estás seguro de que se llamaba así?

Javi:

Sí. Guillem. Al menos eso es lo que ponía en la

tarjetita esa que llevan colgada.

Aída:

¿No te fijaste en los apellidos?

Javi:

No… ¡Pero no puede haber tantos pelirrojos en Valencia!

Aída:

A lo mejor el destino no quiere que os volváis

a encontrar.

Javi:

¡Pues me cago en el destino!

⁠—⁠¡Javi! ⁠—⁠grita mi padre desde el almacén⁠—⁠. ¡Ven y échame una mano!

Javi:

Luego hablamos, que me están llamando.

Acaba de llegar mi padre del vivero con la furgo y tengo que ayudarlo a descargar.

Aída:

Vale, no te canses mucho. ¡Y vuelve pronto!

Javi:

Síííí. ☺

Por cierto. Casi se me olvida.

Necesito que me hagas un favor.

Aída:

¡Claro! ¿De qué se trata?

⁠—⁠¡Javi! ⁠—⁠vuelve a gritar mi padre⁠—⁠. ¡Que no puedo solo!

⁠—⁠¡Ya voy!

Javi:

Luego te cuento, pero es una sorpresa para un tipejo. Algo que se me había quedado pendiente.

Aída:

¡Ay, no me puedes dejar así!

⁠—⁠¡Javi! ¿Pero se puede saber qué estás haciendo?

⁠—⁠¡Nada, papá! ¡Voy ya! ⁠—⁠Y murmuro para mí⁠—⁠: Espero que me respondan pronto.

Javi:

Hablamos, guapa. Te quiero.

Aída:

Yo también. Aunque me dejes así, desgrasiado.