¡A la mierda las comedias románticas! 37. Love actually
93%

37. Love actually

⁠—⁠Estás fatal de la cabeza ⁠—⁠dice Ana mientras mantiene los ojos clavados en la carretera⁠—⁠. ¿No podías esperar a volver después de Navidad?

⁠—⁠O lo hago ahora o no voy a encontrar el valor para hacerlo nunca.

⁠—⁠¿Yendo borracho?

⁠—⁠No he bebido tanto y lo sabes. Pero es que ya no puedo más. Cada vez que intento decirle lo que siento, se me quedan las palabras colgadas en la garganta.

⁠—⁠¿Y esta es la mejor manera de hacerlo? ¿En Nochebuena?

⁠—⁠Es una como tantas otras. Tengo que aprovechar el calentón antes de que se me pase.

⁠—⁠Claro, una de tantas ⁠—⁠bufa y me apunta con el dedo⁠—⁠. Me vas a deber un favor y de los gordos. Ya te puedes preparar para cuidar a tu sobrina unas cuantas veces. ¡Un fin de semana entero!

⁠—⁠Encantadísimo ⁠—⁠digo con un encogimiento de hombros. Si ese es el pago por hacerla venir, me ha salido muy barato⁠—⁠. ¿Cómo no voy a querer cuidar de la gamberra?

⁠—⁠Con lo bien que me lo estaba pasando… Solo espero que el show merezca la pena. Por cierto, ¿me puedes explicar qué narices llevas en esa carpeta gigante y por qué me has hecho pasar por casa para recogerla?

⁠—⁠Ahora lo verás. La obsesión de mamá por cierta película en Navidad me ha dado una idea.

Ana vuelve a resoplar. Yo saco un rotulador y me pongo a preparar mi pequeña sorpresa.

◆◆◆

Apenas hay tráfico al entrar a Valencia.

Tampoco esperaba otra cosa siendo la noche que es.

¿Qué idiotas estarían dando tumbos en lugar de estar celebrándola con la familia o pasándoselo bien con los amigos?

Yo, presente, ¡aquí! Callejeamos a nuestras anchas hasta nuestro objetivo y nos detenemos en la misma puerta del edificio de pisos donde vive Tom.

¡Qué gusto aparcar por el centro a la primera!

⁠—⁠¿Y si no está?

⁠—⁠Lo está. Ha subido varias historias en Instagram donde aparece con sus amigos de fiesta en su piso. Además, mira. ⁠—⁠Señalo una de las ventanas de la fachada, en la segunda planta⁠—⁠. Ese es su salón, hay luz.

⁠—⁠Pues nada, hermanito. Mucha suerte.

Antes de salir del coche, me abraza y me planta un beso en la mejilla.

⁠—⁠Seguro que le va a encantar.

⁠—⁠Eso espero.

Camino impostando cierta seguridad sin levantar la vista de la puerta, para no permitirme titubear.

Llevo bajo el brazo la carpeta y, nada más alcanzar el telefonillo, llamo un par de veces.

Quiero asegurarme de que lo escucha. Cuento los segundos en un intento por tranquilizarme y cada uno que pasa hace que se esfume una porción del valor que creía que tenía.

¿Estoy haciendo bien? ¿Me arrepentiré? ¿Y si mejor me… ?

⁠—⁠¿Sí?

Carraspeo alejando así algún que otro fantasma.

⁠—⁠¿Hola?

⁠—⁠Tom, soy Javi.

⁠—⁠¿Javi? ⁠—⁠No puede disimular la sorpresa. Sobre su voz se escucha el jaleo de la música y las conversaciones⁠—⁠. ¿Pero no estabas en el pueblo?

⁠—⁠Sí, perdona que haya venido sin avisar, pero, después de la charla que hemos tenido, no quería dejar las cosas así. Necesitamos hablar y aclarar todo de una vez por todas.

⁠—⁠Claro, claro. Sube.

Suena el zumbido del portero automático. Yo dejo la puerta cerrada tal como está.

⁠—⁠Será mejor si hablamos aquí. Estaremos más tranquilos. Además, no quiero molestar a tus amigos.

⁠—⁠Esto… Está bien. Espera un momento que coja la chaqueta.

Mientras espero, me muevo un poco para entrar en calor.

Aunque voy abrigado, la noche no es para estar plantado en la calle.

Observo a mi hermana, que no pierde detalle a través de la luna del coche.

¿Ha bajado la ventanilla? Qué cotilla es.

Menudo club podemos montar. Aunque, mirándolo bien, y a pesar de que no se enterará de mucho, ya que la he obligado a venir, al menos que disfrute del espectáculo.

⁠—⁠Hola ⁠—⁠dice y veo como se resigna a saludarme desde la distancia. Reconozco que a mí también me cuesta no acercarme para darle un beso o un abrazo.

⁠—⁠No debí colgarte ⁠—⁠respondo obligándome a mirarlo a la cara.

⁠—⁠¿Y para eso has venido? ¿Para disculparte? ⁠—⁠Sonríe con la esperanza dibujada en su rostro⁠—⁠. A ver, sé que sigues enfadado. No lo puedes disimular y, en cierto modo, lo entiendo.

Que lo entiende, dice. «En cierto modo». Pues menos mal.

⁠—⁠Pero no hacía falta que te pegaras el viaje en…

⁠—⁠Coche, me ha traído mi hermana. ⁠—⁠Echo la vista atrás, hacia el vehículo desde donde Ana nos observa, y, al ver que la miramos, nos saluda con la mano. Tom le devuelve el gesto.

⁠—⁠Pues eso, no hacía falta que te pegaras el viaje. ¿De verdad que no quieres subir? Los dos, claro. ⁠—⁠Me agarra el brazo con delicadeza en un ruego silencioso. Yo me estremezco por el contacto. ¡Uf, qué difícil es esto! Respiro para centrar mi objetivo y, con suavidad, me retiro.

⁠—⁠No, gracias. Tengo que estar por la mañana en casa de mis padres. Quiero ver la cara de mi sobrina cuando abra los regalos.

⁠—⁠¿Sabes? También aquí Papá Noel ha dejado un regalo para ti.

⁠—⁠Tom…

⁠—⁠Ya sé que no hacía falta, pero quería que, cuando arreglásemos esto, pudiéramos tener un buen recuerdo de nuestra reconciliación navideña.

⁠—⁠Porque estabas seguro de que esto iba a pasar…

⁠—⁠Exacto ⁠—⁠sonríe tímido.

⁠—⁠Porque esto eran cosas de críos. Una pataleta.

⁠—⁠Bueno, más o menos. ⁠—⁠Tom me coge con ambas manos y ensancha la sonrisa.

⁠—⁠¡Tom! ¿Se puede saber qué haces ahí? ⁠—⁠grita la voz de una chica asomándose a la ventana del salón.

⁠—⁠ Tom, let's go. This place is dead without you ⁠—⁠agrega un chico de rasgos afroamericanos que acompaña a la primera.

⁠—⁠¿Es el chico del que nos has hablado? ⁠—⁠Aparece una tercera chica con un acento que no reconozco⁠—⁠. ¡Dile que suba, que os vais a congelar!

⁠—⁠¡Ya, ya voy! ⁠—⁠Con un ademán, Tom los invita a que metan dentro las cabezas y se dejen de cotilleos, aunque no los veo por la labor de aceptar la invitación.

No me extrañaría que aparecieran unos cuantos más.

Como una pequeña estantería llena de Funkos parlantes.

A Tom le brillan los ojos. Puede que por el alcohol, puede que por el frío o puede que por el arrepentimiento.

A mí me entran las dudas, no había contado con que acabaría con tanta gente observando.

⁠—⁠No hagas caso. Les he estado hablando de ti y se mueren por conocerte.

⁠—⁠Mira, Tom, yo necesito decirte lo que siento. Por eso he venido.

Percibo como Tom suelta el aire y todo su cuerpo se relaja.

⁠—⁠Ya te he dicho que está bien. Entiendo que te enfades, pero… ⁠—⁠Me intenta abrazar y yo me escaqueo dando un par de pasos hacia atrás. Ahora no puedo dudar.

⁠—⁠Necesito que me dejes hacerlo hasta terminar.

⁠—⁠Está bien, está bien.

Me alejo otro par de pasos y lo veo ahí plantado, expectante, sin perder un ápice de su estilo. Echo mano de la carpeta y extraigo un pequeño montón de cartulinas que he ido escribiendo durante el trayecto. ¿Os suena de algo? ¿No? Bueno, mejor.

⁠—⁠Oooh ⁠—⁠grita enternecido alguien desde arriba que sí parece haber pillado, más o menos, de qué va todo.

⁠—⁠¡Es como en la película esa de amor! ⁠—⁠dice otro.

Los colores me encienden las mejillas. Tomo aire y paso la primera cartulina.

«Todo lo que ha ocurrido entre nosotros ha sido maravilloso».

La mirada de Tom adquiere el mismo brillo que cuando está a punto de besarme. Aparto la vista porque siento que, si lo sigo mirando, voy a lanzar lejos todo este montón de papel, y necesito hacer esto. Paso a otra cartulina.

«Desde casi el primer momento, pensé que serías tú».

⁠—⁠Oooh. ⁠—⁠Ahora es toda la ventana quien lo hace al unísono y constato que, como sospechaba, hay alguna cabeza más.

«Y a pesar de lo que sucedió hace unas semanas…».

Cambio nervioso el peso del pie cuando paso a la siguiente cartulina.

«Necesito que sepas lo que ahora mismo siento».

Tom traga saliva. Está completamente conmovido.

«Es por eso que necesito decirte que te quiero».

⁠—⁠¡Vamos, Tom! ⁠—⁠vitorean y silban desde su ventana.

⁠—⁠ Love wins! ⁠—⁠dice otra persona.

Se han asomado algunos vecinos del edificio atraídos por el jaleo. ¡Madre mía, en qué momento se me pasó por la cabeza hacer esto! Pero ya no hay vuelta atrás.

⁠—⁠Javi… ⁠—⁠murmura Tom dando un paso hacia mí con los brazos extendidos.

Le hago un gesto para que se detenga y miro hacia el coche donde está Ana. No la puedo ver bien por los reflejos sobre el cristal, pero me la imagino con su media sonrisa de «ahora viene lo bueno». Tomo una nueva y profunda bocanada de aire. Paso otra cartulina.

«Te quiero bien lejos de mi vida».

Tom se queda petrificado. Alguien, en alguna parte, ha recogido todo el aire en una única respiración. O puede que hayan sido todos a la vez. Ahora no es momento de detenerme. Paso de cartulina.

⁠—⁠¿Qué pone? ¡Aquí no se lee! ⁠—⁠escucho decir a alguien de los pisos más altos.

«Me has mentido, me has engañado y te has aprovechado de mí».

Y mi mano coge carrerilla para las siguientes.

«Solo por quedarte mi trabajo, a pesar de que decías que me querías».

«Me tratas con condescendencia por pedirte explicaciones».

«Y, aun así, crees que lo que has hecho está bien».

«Eres un soberbio, un traidor y un manipulador».

«Me merezco algo mejor que tú».

«Y por mucho que te cambies el nombre…».

«Seguirás siendo igual de capullo, Tomás».

«Adiós».

El pecho me sube y baja acelerado, tanto como el pulso. Arriba la gente guarda silencio. Segundo a segundo, la cara de Tom se contrae en una mueca de ira.

⁠—⁠¿Es eso lo que piensas de verdad? ⁠—⁠murmura escupiendo las sílabas.

Yo asiento sin abrir la boca. Él tiene ese efecto sobre mí.

⁠—⁠Pues, por mí, te puedes…

Y no consigo escuchar nada porque todos los cotillas congregados en la fachada, a excepción de sus amigos, empiezan a aplaudir y ovacionar.

⁠—⁠¿Qué ocurre? ⁠—⁠dice una mujer de uno de los últimos pisos.

⁠—⁠¡Que pasa de él! ¡Ya decía yo que era un poco sobrado! ⁠—⁠contesta un hombre asomado al primero.

Tom se acerca hecho un basilisco. Ya me da igual. He conseguido decirle lo que necesitaba para poder olvidarlo. Así que, sin más, me vuelvo al coche con mi hermana, que está aplaudiendo con el resto de vecinos.

⁠—⁠¿Se puede saber qué es todo este alboroto? ⁠—⁠grita un rezagado⁠—⁠. ¡Voy a llamar a la policía!

Tom me agarra del brazo con fuerza antes de entrar en el coche. Me doy la vuelta y veo su cara comida por la rabia y la vergüenza.

⁠—⁠Que sepas que ya no voy a interceder más por ti ante Héctor. Quería convencerlo para que te readmitiera. Pero ahora…

⁠—⁠¿Y tú te crees que a mí me apetece volver con vosotros? Por mí os podéis meter Heart Animation por donde os quepa ⁠—⁠suelto y me sorprendo de haber sido capaz de verbalizarlo esta vez. De verdad que decir las cosas tiene un efecto liberador.

⁠—⁠Pienso hacer lo posible para hundirte, Javi. Mi tío hará lo que sea por…

⁠—⁠¡Puf! ¡A buenas horas!

Doy un tirón y me meto en el coche dando un portazo.

⁠—⁠Vale, te reconozco que ha merecido la pena ⁠—⁠dice Ana encendiendo el motor.

⁠—⁠Ya está bien de callarse uno cuando se le cruza un gilipollas por la vida.

⁠—⁠¿Volvemos? ⁠—⁠propone ella mientras saca el coche del aparcamiento sin quitar la sonrisa y haciendo un último ademán burlón de despedida a Tom, que sigue mirándonos hecho una furia.

⁠—⁠No. Necesito hacer otra cosa antes.

Ya que estoy con el impulso, voy a seguir las señales y zanjar, o abrir en el mejor de los casos, otro tema pendiente. La cara de mi hermana es un poema. La mía, la misma que tendría alguien que, aliviado, se quita una piedra de trescientos kilos de la espalda.

⁠—⁠Yo te guío ⁠—⁠le digo ilusionado y también nervioso, muy nervioso.